La televisión estatal iraní ha confirmado la muerte del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, muerto en la ofensiva de ataques aéreos lanzada por EEUU e Israel contra Irán, que ha desatado la inestabilidad en toda la región. «Este gran crimen nunca quedará sin respuesta y marcará una nueva página en la historia del mundo islámico», declaró en un comunicado el presidente del país, el reformista Masoud Pezeshkian. «Haremos que los perpetradores y comandantes de este gran crimen se arrepientan», señala la nota.
El ayatolá Ali Rerza Arafi será el líder supremo iraní de forma interina. La operación para matar al ayatolá contó con la colaboración de la CIA, que siguió durante meses los movimientos del líder supremo y pudo averiguar a qué lugar y hora se reuniría el mandatario con otros altos cargos para evaluar los ataques de Estados Unidos e Israel, según informó The New York Times.
Jamenei murió supuestamente en su oficina en Teherán mientras dirigía la respuesta del régimen a los ataques coordinados contra el país, según informó la agencia semioficial Fars, que declaró el inicio de un luto público de 40 días para velar al líder de la nación. Irán se adentra ahora en una fase muy delicada de recalibración de los poderes del Estado para preservar la estabilidad del régimen, en medio de la mayor ofensiva militar que ha enfrentado la historia de la República Islámica.
Mientras, la Guardia Revolucionaria anunció que la ofensiva «más intensa» contra Israel y bases estadounidenses en la región está a punto de empezar. A primera hora de la mañana se registraron nuevos ataques en países del Golfo, con bombardeos en Qatar -con ocho heridos por caída de fragmentos de misiles-, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos.
El país solo ha vivido una sucesión del cargo de líder supremo -máximo responsable en la toma de decisiones del país- en su historia, en 1989, tras la muerte del líder de la revolución Ali Jomeini. La Guardia Revolucionaria declaró en un comunicado que Irán ha «perdido a un gran líder» y anunció «la mano de venganza de la nación iraní» contra Estados Unidos e Israel.
Los bombardeos también causaron la muerte del jefe de la Guardia Revolucionaria, Mohammad Pakpour, así como del confidente de Jamenei y alto cargo de seguridad, Ali Shamkhani. El jefe del Estado Mayor, Abdolrahim Mousavi; y el ministro de Defensa, Aziz Nasir Zadeh; también fueron abatidos el sábado. La serie de ataques, que pretendían quebrar la estructura de seguridad del país, golpearon también infraestructuras civiles causando más de 200 muertos, la mayoría niñas de una escuela primaria en Minab, al sur de Irán.
El futuro del país
La televisión estatal informó de que el presidente Pezeshkian asumirá las riendas del país, en un gobierno conjunto con el líder de la judicatura y la Asamblea de Expertos, un órgano de 88 miembros encargado, entre otros deberes, de elegir al próximo líder supremo, el puesto que toma en funciones Ali Rerza Arafi. El presidente Pezeshkian es reformista, pero el jefe de la judicatura, Gholamhossein Mohseni Ejei, de línea dura, es uno de los responsables de la represión de las protestas antirrégimen del pasado mes de enero, en las que prometió que no habría «clemencia» para los manifestantes.
«A Netanyahu y a Trump, les daremos golpes tan dolorosos que ustedes mismos rogarán, ya lo verán», declaró el presidente del Parlamento iraní y confidente del ayatolá, Mohammad Bagher Qalibaf. El jefe de seguridad y confidente del líder supremo, Ali Larijani, declaró que Jamenei murió trabajando porque «insistió en seguir con su vida normal sin medidas excepcionales». «Haremos que los criminales sionistas y los desvergonzados estadounidenses se arrepientan de sus actos», advirtió.
Tras el anuncio oficial de la muerte de Jamenei, grandes multitudes llenaron las calles de Teherán y otras grandes ciudades como Isfahán o Mashad, ondeando banderas iraníes y coreando consignas contra Estados Unidos para llorar la muerte de Jamenei. Sin embargo, vídeos verificados en la capital y otras ciudades del país también muestran celebraciones por la muerte del líder supremo, con ciudadanos derribando mobiliario público con el rostro del líder fallecido.
«Si Jamenei efectivamente ha sido asesinado, un hecho sorprendente es que las operaciones con misiles iraníes continúan en oleadas sostenidas y cada vez más intensas. Esto sugiere que los mecanismos descentralizados de mando y control están funcionando, al menos por ahora», escribía el analista Hamidreza Aziziz, del centro de estudios SWPBerlin, sobre la escalada actual.
Decenas de personas, supuestamente afiliadas a milicias proiraníes en Irak intentaron irrumpir en la embajada de Estados Unidos en Bagdad esta mañana, en respuesta a la muerte de Jamenei. La acción fue repelida por las fuerzas de seguridad en la zona. En Karachi, Pakistán, una multitud partidaria del líder iraní fallecido, trataron de asaltar el consulado estadounidense. Un grupo de marines respondió disparando a la multitud, causando al menos nueve muertos y decenas de heridos.
«Irán acaba de declarar que hoy atacará con mucha fuerza», escribió en sus redes sociales el presidente estadounidense, Donald Trump. «Más les vale que no lo hagan… por si lo hacen, los atacaremos con una fuerza nunca vista», advirtió Trump. Una investigación del Washington Post y CNN, reveló que la ofensiva de Estados Unidos e Israel fue planeada durante meses y contaba con el apoyo de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, a pesar de que en público se mostraron a favor de buscar una solución diplomática con Teherán.
Los ataques de Estados Unidos e Israel irrumpieron los esfuerzos diplomáticos para alcanzar un acuerdo con Teherán que limite su programa nuclear. El ministro de Exteriores de Omán, Badr Al Busaidi, que ejerció en las últimas semanas de mediador entre Washington y Teherán, aseguró que antes de estallar los ataques el régimen iraní se había comprometido a reducir a cero el enriquecimiento de uranio. «Un acuerdo de paz está a nuestro alcance… si tan solo permitimos que la diplomacia tenga el espacio necesario para lograrlo», declaró Al Busaidi en una entrevista con la CBS, tras viajar a Washington para intentar lograr un acuerdo in extremis.
«Si el objetivo final es garantizar para siempre que Irán no pueda tener una bomba nuclear, creo que hemos resuelto ese problema mediante estas negociaciones», aseguró antes de que Washington y Tel Aviv lanzaran sus ataques, dejando en el limbo las negociaciones. El mediador omaní lamentó que el lunes estaba prevista una reunión en Viena entre Teherán y la agencia atómica de Naciones Unidas (OIEA) para discutir los detalles técnicos de las inspecciones.
