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El santuario de la derecha retrata el porvenir de Feijóo y Abascal

Tras casi 39 años de gobierno de la derecha, Castilla y León vuelve este 15 de marzo a votar sin previsión de cambio. Los sondeos pronostican que la suma PPVox será la única ecuación posible para un Gobierno. Sin embargo, detrás del titular de que la derecha mantendrá el poder, la configuración interna que las urnas definan en este espacio puede tener alcance incluso histórico.

El pulmón de la derecha, donde su estancia en el gobierno se extiende por más tiempo, se asoma a una estructuración intrabloque más equilibrada que marcará su fuerza en esta campaña permanente desde diciembre (Extremadura) hasta junio (Andalucía), pasando por Aragón (febrero) y hoy, Castilla y León, donde el reparto de fuerzas, según reconocen en el PP, marcará «toda una década». Esta transcendencia tiene este 15-M, tan crucial para una derecha que aquí mismo, hace cuatro décadas, se dividió como nunca y así inició un camino a la unificación que hoy se descarta.

La derecha llegó al poder en Castilla y León en 1987, con José María Aznar como candidato por Alianza Popular. Quien luego sería presidente del Gobierno de España logró ser investido gracias a la abstención del Centro Democrático y Social (CDS) de Adolfo Suárez. Los populares alcanzaron así la Presidencia de la Junta pese a que su resultado no fue demasiado contundente: el 34,4% del voto, pero empatados a escaños con el PSOE, y el CDS se disparó al 19,4% -18 procuradores-. El centro-derecha castellanoleonés quedó así dividido en dos siglas cuyo peso relativo era más equilibrado que nunca.

En las últimas décadas, ningún rival del PP en su ámbito ideológico acarició el 20%. Este domingo, sin embargo, se podría volver a dibujar una división en dos del bloque así de ponderada. Y, esta vez, con una fuerza a la derecha del PP: Vox. El sondeo de Sigma Dos para EL MUNDO de hace una semana estima que los de Santiago Abascal reunirán hoy en las urnas el 19,8% del voto y, los populares, el 35,8%. Casi calcado al de 1987. Lo que bailen esas cifras determinará cuán histórico es el escenario que se abre.

Por lo pronto, lo será en lo referente a la desaparición del centro –Ciudadanos aún mantenía un procurador- en una de las tierras donde más fuerte fue este espacio. En las elecciones generales tras la muerte de Franco (1977 y 1979), Castilla y León fue una de las comunidades donde la Unión de Centro Democrático (UCD) obtuvo mejores resultados -junto a Galicia, Baleares y Canarias-. Cuando Suárez dejó la UCD y lanzó el CDS, la tendencia se mantuvo en la que era su tierra natal: en las primeras elecciones autonómicas, en 1983, la nueva marca del centro aglutinó el 6% del voto en Castilla y León y, en 1987, se disparó hasta el 19,4%, convirtiendo esta comunidad en uno de sus principales feudos -solo en Asturias y Canarias osciló en cifras similares-.

El primer mandato de la derecha en esta comunidad, con Alianza Popular, daría pie, sin embargo, a una reunificación del espacio que absorbería a ese centro, y a otras formaciones conservadoras que lograron representación en los 80. Era el caso del Partido Demócrata Liberal (PDL) de Antonio Garrigues Walker -entonces presidente del despacho de abogados al que da nombre- o el Partido Demócrata Popular (PDP) donde militaban Jaime Mayor Oreja y Javier Arenas. Ambas formaciones obtendrían diputado en Castilla y León en los 80 -lo lograron también en Baleares el PDL y en Navarra el PDP-. Y los dos desaparecerían en las elecciones de 1991, donde el CDS resistió (8,1%), pero a una distancia ya sí consistente del PP, que marcó un 43,5%, rumbo a la citada reunificación que hoy ni se contempla.

Los populares, a partir de entonces, fueron la única marca del centro-derecha castellanoleonés, llegando a superar la barrera del 50% tres veces. La última, en 2011. Después, el espacio se ha vuelto a fragmentar. Y cada vez más, hasta hoy.

El predominio de la derecha en esta comunidad ha permitido que sirva de reflejo de los movimientos intrabloque que se producen en este espacio, tanto por el centro como en el extremo. Primero, fue muestra de la irrupción de Ciudadanos, que en 2015 logró en Castilla y León el 10,3% de los votos y cinco asientos en las Cortes. Aunque no fue su mejor resultado -en Madrid, Murcia, La Rioja y Comunidad Valenciana lo superó-, sí estuvo en su top, y volvería a hacerlo en la cita de 2019, cuando escaló hasta el 14,9% del apoyo. El PP se quedaría en el 31,5% y Vox irrumpiría con el 5,5%. Aquella llamada a las urnas ya dejó al centro-derecha castellanoleonés en una fragmentación histórica, en la que ahondaría en 2023. Eso sí, entonces eran tres las fuerzas que se dividían el espacio; ahora, solo quedarán dos, PP y Vox.

No fue esta la comunidad donde los de Abascal entraron con más fuerza en las elecciones de 2019 -no fueron decisivos para la formación del gobierno que compartieron PP y Ciudadanos-, pero Castilla y León sí se convertiría después en feudo de Vox: en los comicios de 2022 se disparó hasta el 17,6% del voto, marca que sería su mejor resultado histórico hasta entonces -y que, hoy, sigue en su top-. Con aquel apoyo, los de Abascal accedieron por primera vez al poder en coalición con los populares, que habían reunido el 31,4% de las papeletas. Vox tomó así el relevo a Ciudadanos como principal fuerza rival del PP, aunque la formación naranja aún resistió en esta tierra y, con el 4,5% del voto, logró el que terminó siendo su último escaño en España. Todo indica que lo perderá hoy, y el centro desaparecerá en el territorio donde caló en los 80. Ciudadanos no consiguió acercarse al PP tanto como el CDS lo hizo a Alianza Popular. Ahora, Vox aspira a acariciar el 20% y coger ese testigo.

La pugna en la derecha, ante ese nuevo equilibrio de fuerzas que se vaya a definir, ha protagonizado la campaña en la tierra donde este espacio domina. En el lado opuesto del abanico, Pedro Sánchez cerró el último mitin apelando al voto útil, pretendiendo que las suyas sean las únicas siglas en el hueco que dejen las derechas. Hubo un tiempo en que la izquierda alternativa logró abrirse paso también en Castilla y León -10 escaños consiguió Podemos en 2015-, pero, hoy, la llamada a concentrar el voto progresista en una región donde el sistema electoral penaliza especialmente a los pequeños puede dejarles fuera por primera vez. Ni los morados ni la coalición SumarIU tienen garantizado el escaño que logró mantener Podemos-IU en 2022.

Sí puede que tengan cabida aún las siglas regionalistas, como Unión del Pueblo Leonés, Soria ¡Ya! o Por Ávila, otra derecha que parece consolidarse en un espacio que, este domingo, definirá hasta su futuro.