Español

España supera el trámite con un baño sonrojante a Chipre

Un paseo antes de la hora de la verdad. Un domingo plácido en Limasol después de un arranque de torneo en el que a España ya le ha pasado de (casi) todo: amaneció trémula como un cervatillo recién nacido (y Georgia se lo hizo pagar) y reaccionó de una forma impecable (y Bosnia lo pagó) dos días después. Al tercero, las emociones aparcadas y una faena de aliño ante un rival menor como Chipre. [91-44: Narración y estadísticas]

No era un oponente ni siquiera para refrendar sensaciones ni para obtener demasiadas conclusiones. Quizá la reflexión debería ser si un torneo como el Eurobasket merece semejante espectáculo teniendo en cuenta lo saturado del calendario. Fue una tarde más bien para no salir perjudicado físicamente con menos de 20 horas de descanso. Juancho Hernangómez se torció ligeramente el tobillo derecho en la primera mitad y, aunque siguió jugando aparentemente sin dificultad, ya no volvió tras el descanso.

También sirven estas citas para ajustar mecanismos propios. Porque Scariolo, eso sí, no permitió siestas ni desmanes. Las llamadas de atención fueron a más, especialmente encima siempre de los dos bases, las lecciones aceleradas a las que atienden en este torneo De Larrea y el ayer titular Saint-Supèry.

Es tan tierna Chipre, debutante en un torneo que alberga sin demasiado entusiasmo en sus aficionados -ni llenan con sus partidos el Spyrou Kiprianou ni en las calles de Limasol se aprecia que haya un torneo continental en juego-, que pronto España comprobó que ni sustos iba a tener. Con los sentidos alerta en defensa y un dominio abrumador del rebote, la selección apenas permitió nueve puntos en el primer acto y ocho en el segundo. Ni faltas le fue necesario cometer: ¡sólo siete en toda la tarde!

En ataque alargó la efusividad del duelo ante Bosnia, buenos y rápidos pases, y la referencia interior sobre todo de Willy para acabar con lanzamientos exteriores a los que este equipo jamás renuncia. A pesar de no poseer lo que se denomina tiradores puros. Intentó 19 al descanso (ocho más que de dos), con ocho convertidos . Brizuela y los Hernangómez ya se ponían las botas por esas alturas: al descanso España se marchó con la máxima (41-17).

Que aumentó después, sin remedio. Chipre seguía peleada con su propio aro (los pocos puntos anotados eran celebrados con efusividad por las tribunas) y Willy entró aún más decidido tras el descanso, con cuatro canastas casi seguidas. No había quien le parara en la pintura. A Aldama le costó algo más entonarse, pero con sus tantos la selección estiró una máxima que a esas alturas resultaba sonrojante. El tercer acto acabó con un 70-29 tras un triple desde más allá del medio del campo de Joel Parra.

Y en el último ya no hubo ni historia. Un poco de maquillaje chipriota y muchas rotaciones. Y tres triples consecutivos de Yusta para abrochar el show. Un triunfo, eso sí, que deja a España con pie y medio en octavos de final.