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Feijóo ordena no atacar a Vox: «No entremos a la provocación»

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, durante el desfile de Coosy x Miguel Palacio con motivo de la Mercedes-Benz Fashion Week, en Ifema Madrid, a 20 de marzo de 2026, en Madrid (España). El desfile se enmarca en la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid, principal pasarela de moda española organizada por IFEMA, que reúne a firmas consagradas y nuevos talentos. Este desfile supone el regreso de Miguel Palacio a la pasarela. 20 MARZO 2026 César Vallejo Rodríguez / Europa Press 20/03/2026

Alberto Núñez Feijóo ha ordenado a la dirección del PP no entrar al trapo de las «provocaciones» de Santiago Abascal, que asegura que existe un contubernio entre Génova y los ex dirigentes de Vox que son críticos con él. El presidente de los populares ha escrito varios mensajes en los últimos días a los miembros de su Comité de Dirección para darles la instrucción de no entrar al trapo. De los whatsapps a cuyo contenido ha accedido EL MUNDO destacan dos. En el primero, les dice a sus colaboradores que deben evitar el cuerpo a cuerpo: «Nosotros a lo nuestro y sin entrar en las provocaciones de Vox».

El líder de Vox acusa ahora a Génova de estar manejando en la sombra a todos los ex dirigentes de la formación extrema derecha que están criticándolo a él, como Iván Espinosa de los Monteros (que reclama un congreso extraordinario del partido) o José Ángel Antelo. Incluso a algunos tan alejados del PP como Javier Ortega Smith o Juan García-Gallardo. Que el principal partido de la oposición sea el culpable de que aquellos a los que Vox les corta la cabeza se rebelen contra sus verdugos políticos es una acusación que produce tanta risa como asombro en la planta noble de la sede popular, según las fuentes consultadas.

En el segundo de los mensajes de Feijóo a los dirigentes nacionales del PP, enviado también el pasado viernes, les mandata contestar con mesura si no queda más remedio, y en todo caso sin ataques directos a Abascal. Mucho menos por temas personales.

Se refería así a las acusaciones que hizo el ex vicepresidente de Castilla y León, Juan García-Gallardo, en su entrevista con este diario, el pasado miércoles. En ella, García-Gallardo aseguraba que perdió la confianza en Abascal cuando supo que se «embolsaba un tercer sueldo» a través de supuestas asesorías de su mujer. Y centró el debate en las finanzas de sus dos principales asesores, Kiko Méndez-Monasterio y Gabriel Ariza.

Este domingo, Abascal volvió a culpar al PP de las cuitas internas de Vox. En una entrevista con ABC, el dirigente alavés aseguró que «el PP se empeña en dañar a Vox y eso puede ser letal», de manera que «puede volver a pasar que Sánchez acabe ganando». O sea, gobernando. Y acusó a la dirección de Génova de «una guerra sucia permanente» que «entorpece la relación» entre ambos.

Feijóo niega con rotundidad las acusaciones de Vox de idear y pilotar la revuelta de los críticos: «No solamente no es justo, es que es falso».

Los principales alfiles de Abascal han abonado esta hipótesis de la conspiración. El secretario general de Vox, Ignacio Garriga, lo hizo el viernes, tras anunciar la apertura de un expediente interno al ex vicepresidente de Castilla y León Juan García-Gallardo, del que cree que «seguramente» se le expulsará del partido. En sus declaraciones a la prensa, primero acusó a Gallardo de calumniar al presidente de Vox y, sin solución de continuidad, culpó a Génova de «teledirigirlo». «Espero que se expulse al señor Gallardo por calumnias y por decir auténticas animaladas. Mientras tanto, nosotros estamos al lado de los españoles a pesar de los intentos de descabalgarnos teledirigidos desde Génova», ha sostenido Garriga.

El secretario general del grupo parlamentario de Vox en el Congreso, José María Figaredo, también ha acusado a «Génova, no al PP» de las denuncias de falta de democracia e irregularidades económicas lanzadas por ex altos cargos de su partido. Figaredo sostuvo que miembros del equipo de Núñez Feijóo «se han reunido con algunas de las personas que están montando este follón», en alusión a los disidentes.

Para Figaredo, el objetivo de la cúpula del PP es «boicotear y sabotear» las negociaciones para que Vox entre en los gobiernos de Extremadura, Aragón y Castilla y León, porque eso «rompe su narrativa».

Pero lo cierto es que la «narrativa» del PP pasa por un acercamiento a Vox. Y eso pasa por los acuerdos autonómicos. Esto es algo que ya ha asumido Núñez Feijóo: desde que el centro de gravedad social se ha desplazado tan claramente a la derecha, los interpelados en cualquier negociación no son sólo los barones, sino que también se está jugando una partida nacional. De ahí que Génova pautara los pasos a seguir en su «documento marco». Este texto está destinado a poner coto al diálogo con Vox, sí, pero también a reconfigurar el espacio de la derecha política.

Lo que quiere Génova es que, ya que tienen que pactar, a PP y Vox se los vea como un tique, y no como antagonistas. De esta manera, Vox deja de tener libre todo el carril antipolítico de la impugnación del bipartidismo: «Ahora ya no es Vox contra PP y PSOE, sino PP y Vox contra Sánchez».

Sin embargo, esta estrategia incomoda a la dirección de Bambú, ya que sitúa a Vox como socio secundario de un partido sistémico, y, por tanto, le arrebata la bandera de ser el único que pelea contra el sistema.

Se trata de algo relevante y con trasfondo, porque en Vox todo pasa por la dirección y por la sede de Madrid. Ha ocurrido así en todas las negociaciones autonómicas con el PP: el líder regional pactaba una medida y luego pedía el «ok» de Bambú. Abascal será quien marcará las líneas rojas y dará el visto bueno. Dirá dónde apretar y dónde ceder. Y quien, finalmente, bajará o subirá el pulgar.