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Irán dispara el terror en el Golfo y EEUU e Israel aplastan sus defensas

Los ataques iniciados por Estados Unidos e Israel contra Irán del sábado han provocado una espiral de violencia en todo Oriente Próximo que amenaza con convertirse en una guerra regional. Irán amplió este domingo su campaña de represalias contra activos estadounidenses e israelíes en el Golfo, golpeando a Omán por primera vez, un país que había ejercido de mediador entre Washington y Teherán en unas conversaciones frustradas por el actual conflicto.

El ejército iraní atacó el puerto comercial de Duqm y un petrolero frente a la costa omaní, causando cinco heridos, entre parte de la tripulación y trabajadores del embarcadero. Omán condenó el incidente y afirmó que «está tomando todas las medidas necesarias para abordar cualquier acción que pueda afectar la seguridad de la nación y de quienes residen en ella», sin proporcionar más detalles.

Muscat se mostró más cauto que sus vecinos del Golfo, golpeados durante dos jornadas consecutivas por misiles y drones iraníes, que han afectado aeropuertos y otras infraestructuras civiles, paralizando la actividad diaria de estos países. Los bombardeos alcanzaron Qatar, Kuwait -un muerto- y Emiratos Árabes Unidos (EAU) -tres fallecidos-.

EAU advirtió que estos ataques «solo refuerzan la narrativa de que Irán es la principal fuente de peligro en la región» y «que su programa de misiles sigue siendo un factor permanente de inestabilidad».

El jefe de seguridad iraní, Ali Larijani, un alto cargo que ha ganado influencia en las últimas semanas, reiteró que el objetivo de Teherán son los activos estadounidenses en la región. «No tenemos intención de atacarlos. Pero si se usan bases en su país contra nosotros… las atacaremos. Estas bases no son territorio de esos países, sino de Estados Unidos», aseguró, en una condena velada contra los países de la región que permiten el uso de su territorio y espacio aéreo para atacar Irán. Sin embargo, mientras, las defensas iraníes estaban siendo aplastadas por los ataques americanos e israelíes.

Una investigación del Washington Post y CNN, reveló que los ataques de Estados Unidos e Israel del sábado no fueron una reacción frustrada a la falta de avances para encontrar una solución diplomática con Irán, sino que se trataba de una ofensiva planeada durante meses. La emboscada contaba con el apoyo de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, a pesar de que en público se mostraron a favor de buscar una solución diplomática a las tensiones con Irán.

Según el New York Times, la CIA siguió durante meses los movimientos del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, y pudo averiguar a qué lugar y hora se reuniría el mandatario con otros altos cargos para evaluar los ataques contra su país. Fue en ese encuentro en una oficina de la capital, donde Estados Unidos e Israel mataron al jefe de estado, en un ataque que Teherán calificó de «declaración de guerra a los musulmanes».

La noticia de la muerte de Jamenei fue confirmada por la televisión estatal iraní, que declaró el inicio de un luto público de 40 días para velar al líder de la nación. Irán se adentra ahora en una fase muy delicada de recalibración de los poderes del Estado para preservar la estabilidad del régimen, en medio de la mayor ofensiva militar que ha enfrentado la historia de la República Islámica. El país solo ha vivido una sucesión del cargo de líder supremo -máximo responsable en la toma de decisiones del país- en su historia, en 1989, tras la muerte del líder de la revolución Ruhollah Jomeini.

Los bombardeos también causaron la muerte del jefe de la Guardia Revolucionaria, Mohammad Pakpour, así como del confidente de Jamenei y alto cargo de seguridad, Ali Shamkhani. El jefe del Estado Mayor, Abdolrahim Mousavi; y el ministro de Defensa, Aziz Nasir Zadeh; también fueron abatidos el sábado. La serie de ataques, que pretendían quebrar la estructura de seguridad del país, golpearon también infraestructuras civiles, causando más de 200 muertos, la mayoría niñas de una escuela primaria en Minab, al sur de Irán.

Poco después de confirmarse su muerte, el régimen nombró a un triunvirato de transición para dirigir el país hasta que la Asamblea de Expertos, un órgano de 88 clérigos y juristas, elija al próximo líder supremo. Por ahora toman las riendas del país el presidente, el reformista Masoud Pezeshkian, junto al jefe de la judicatura, Gholamhossein Mohseni, conocido por su línea dura contra la disidencia nacional. La tercera figura se trata del ayatolá Ali Reza Arifi, un clérigo muy cercano a Jamenei.

Antes de la actual ofensiva Jamenei dio instrucciones a un pequeño círculo de aliados para garantizar que la República Islámica sobreviva a cualquier ataque contra altos dirigentes y pueda seguir actuando si parte del cuerpo de seguridad no responde. El ayatolá designó cuatro niveles de sucesión para cada puesto de mando gubernamental y militar, al tiempo que dividió responsabilidades a nivel territorial.

En unas declaraciones sobre el ataque iraní en Omán, el ministro Araghchi dio a entender que este sistema está en funcionamiento tras la muerte de varios altos cargos en los ataques de este fin de semana. «Lo ocurrido en Omán no fue nuestra decisión. Ya hemos advertido a nuestras fuerzas armadas que tengan cuidado con los objetivos que eligen», aseguró. «Nuestras unidades militares son ahora, de hecho, independientes», aseveró.

El jefe de la diplomacia iraní descartó por el momento volver a la mesa de negociaciones con Washington. «Negociamos con Estados Unidos dos veces en el último año. En ambos casos, nos atacaron en medio de la negociación. Esto se ha convertido en una experiencia muy amarga«, lamentó, tras asegurar que un acuerdo estaba «al alcance».