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Javier Ortega Smith: «No fundamos Vox para ser un partido donde un señor feudal hace y deshace»

Afiliado número seis al partido y otrora ‘mano derecha’ de Santiago Abascal, el todavía portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Madrid se muestra crítico con la deriva de la formación y con su cúpula. Javier Ortega Smith (Madrid, 1968) quiere seguir defendiendo sus tesis desde dentro, pero hay un expediente abierto para expulsarlo de las siglas que impulsó.

En la entrevista que concedió a EL MUNDO antes de las elecciones de 2023, a la pregunta de si se fía de alguien en política, dijo: «Me fío de mis compañeros, de Santiago Abascal y de aquellas personas que han dado un paso al frente, viniendo de opciones políticas muy diferentes. Es decir, me fío de todos aquellos que son honrados y valientes».
Me quedo con la última frase. Me sigo fiando de quienes son honrados en política y quienes son valientes en defender sus principios. En estos últimos años he empezado a darme cuenta de que era un poquito ingenuo. Creía que todo aquel que decía venir a defender unas ideas, realmente venía a defender esas ideas. Y he descubierto, desgraciadamente con personas muy cercanas, que entre lo que decían y lo que hacían ha habido un abismo. No quiero que parezca que soy un pesimista: hay muchos que en la adversidad han demostrado firmeza en sus principios.
¿Cuándo se ha caído del caballo?
No es un momento concreto, es una sucesión que comienza en 2022. Un año antes de que me cesen de secretario general, empiezo a ver comportamientos dentro del partido…
Pero la entrevista es de 2023.
Sí, lo que pasa es que yo he ido constatando… A muchos se les ha visto el plumero hace una semana, a otros hace cinco meses. En concreto, en el grupo municipal, concejales que parecían ser de absoluta camaradería hasta que les han propuesto ser ellos los concejales portavoces. Entonces, ya no se hablan con nadie, todos somos muy malos. Al día siguiente de que le tocaran con la varita mágica de Bambú y le dijeran «vas a ser tú quien le sustituya».
Esa varita, ¿quién la maneja?
Esa la manejan cuatro. Cuatro que son los que manejan todo el partido, cuatro que han convertido este partido en su cortijo personal y que en un momento dado deciden en base a lo siguiente: todo aquel que no nos aplauda como auténticos palmeros, que cuestione o pueda llegar a cuestionar algunas de las praxis que estamos realizando, todos aquellos que no tengamos la absoluta seguridad de su total sumisión, no nos interesan, son objetivos a batir. Y les vamos empujando. El público ha visto cuándo me han cesado a mí, pero no sabe la infinidad de veces que me han censurado y boicoteado entrevistas en medios o me han anulado viajes que tenía concertados con provincias.
Dice que les apartan cuando alguien discrepa o cuando denuncia malas praxis. ¿Cuál de las dos hizo usted?
Las dos cosas. Cuando alguien levanta la mano en el Comité Ejecutivo Nacional, se llama Javier Ortega y dice: «Me parece una absoluta incoherencia que con los votos de Vox o estando Vox en el gobierno se hayan aprobado zonas de bajas emisiones o tasas de basura sin recurrirlas o partidas presupuestarias que llevan aparejado el acondicionamiento de los menas». Cuando levantas la voz y dices esto, y allí hay un silencio sepulcral y todo son intervenciones de reproche absoluto, te das cuenta de que no quieren ningún tipo de crítica, aunque se haga desde la mayor lealtad, de la manera más constructiva. Cuando yo levanté la mano en una reunión del Comité Ejecutivo Nacional para decir que teníamos que hacer una evaluación del resultado de las elecciones municipales, me dicen que no hay nada que valorar ni que criticar; cuando perdimos de 52 a 33 diputados, el presidente nos dice que no va a hacer la menor autocrítica de esto…
¿Esa dinámica no se daba ya cuando usted era secretario general?
Evidentemente no. A mí se me dice que nosotros actuábamos igual. Yo reto a que me digan qué persona que sobresalía fue cesada. Nosotros promovíamos que este partido tuviera muchas voces. Por ejemplo, salían hasta ocho caravanas electorales. Ahora a veces te cuesta ver en la foto quién es el candidato. Parece que el único al que se le puede ver es a Santiago. Y esto no se fundó para ser un partido personalista, se fundó para defender ideas en equipo. Esa es la gran diferencia. La gran diferencia es que algunos, cuatro en concreto, han convertido esto en un cortijo que tienen absolutamente controlado. Donde el señor feudal dice, hace y deshace, y cualquiera que sobresalga, que pueda tener el menor protagonismo o que pueda discrepar lo más mínimo, hay que eliminarlo rápidamente.
Pero ese «señor feudal» ya estaba cuando usted era secretario general.
Cuando yo era secretario general no se actuaba así. Había una manera muy distinta de tratar a la gente: todo aquel que trabajaba, que sobresalía, era impulsado. Ahora no, ahora es todo aquel que sea de la cuerda.
Entonces, lo que cambia es lo que tiene alrededor ese «señor feudal».
Lo que ha cambiado es su actitud. Antes era una actitud de trabajar en equipo y aceptar que este proyecto nació para que entre todos lo levantáramos. Venían al partido personas con una gran trayectoria profesional. Ahora no, ahora tú empiezas a ver los que llaman portavoces nacionales y, quitando alguno que podía ser conocido en su materia, el resto acaban de salir de la universidad hace dos días. No tienen el menor recorrido profesional ni empresarial, pero es lo que se busca. Lo que se busca son personas muy maleables, que no tienen una trayectoria profesional, que no tienen un respaldo económico, y que, por tanto, te van a ser muy dóciles.
¿Sigue pensando que puede defender todos sus ideales en Vox?
Por supuesto.
¿A pesar de que, como parece, sus días en el partido están contados?
Por supuesto, por una razón: porque lo que hagan cuatro, cuatro que caben en un taxi, y sus negocietes, no puede condicionar lo que representa Vox. Vox es un proyecto formado por un 99,99% de gente honrada, trabajadora, leal y responsable. Yo sigo afirmando que Vox es la herramienta perfecta. Ahora, desgraciadamente, esa herramienta, esa llave inglesa que podría haber arreglado muchos problemas, está en manos de algunos que parece que lo que se están arreglando son sus problemas personales: sus vanidades, sus egos, sus economías fracasadas, sus profesiones frustradas… Pero esa herramienta, el día que esté dirigida por personas que vuelvan a entender que lo importante es España y los españoles, volverá a ser una herramienta absolutamente válida. Y ahí tendremos alguna posibilidad de gobernar España. Porque en este momento, y me duele decirlo, Vox no tiene ninguna posibilidad de gobernar España. Ninguna. Vox en este momento, en sus mejores sueños, llega a un 15, un 20, un 22%. Con eso no gobernaremos jamás España. Teníamos que haber pasado al PP hace años.
Cuando habla de que en Vox hay «cuatro» que persiguen intereses que no son los que hacen nacer al partido, ¿habla de irregularidades o habla de falta de transparencia?
Como poco, falta de transparencia. Como poco, inmoralidades. Como poco, irregularidades. Y cuando lo podamos demostrar, quién sabe si hablamos también de ilegalidades y de delitos. Pero todo esto, aunque algunos están muy nerviosos y me atacan, «Ortega, pues si tienes algo, pon una denuncia en los tribunales», que no tengan tanta prisa. El problema que van a tener algunos es el día que se empiecen a saber las cosas y se empiece a saber quién es quién, quién contrató a quién y por quién lo contrató, de dónde salía ese dinero público, cómo llegaba a una fundación, cómo de esa fundación acaba una empresa, cómo de esa empresa acaba en otra… Y resulta que empiezas a ver que son los mismos nombres y los mismos beneficiarios. Ese día va a haber muchos que en esa prisa que tienen de que pongamos las pruebas ante la Fiscalía o ante los tribunales, van a ponerse a temblar y van a decir: «Hombre, no, es que no había que llegar a tanto, estas cosas se tienen que resolver en casa». Si yo ya me sé cuál es la estrategia: la estrategia es que los trapos sucios se lavan en casa, lo que quiere decir ‘tápalo debajo de la mesa y que no se sepa’. Voy a utilizar una palabra, la legitimidad. ¿Estamos nosotros como Vox legitimados para levantar la mano y señalar a los corruptos de la Kitchen o a los corruptos de Ábalos y las mascarillas? Para estar legitimados tenemos que tener el expediente absolutamente limpio y haber sido absolutamente coherentes entre lo que criticamos y nuestro comportamiento. Y yo tengo la sospecha de que hay algunos que no tienen tan clara esa legitimidad para poder estar criticando a otros. Así que, como quiero que Vox siga siendo el verdadero ariete, el adversario de los enemigos de España, quiero que Vox sea una herramienta incuestionable, en la que nadie pueda dudar de la honorabilidad de quienes formamos parte de este partido.
¿Quiénes son esas cuatro personas de las que habla una y otra vez?
Son el presidente, Santiago Abascal; el pseudoempresario Ariza y su hijo; y el mileurista de los 1.000 euros diarios que se llama Kiko Méndez-Monasterio. Luego tienen una serie de peones por abajo que, aunque les pongan cargos de secretario general del grupo parlamentario, secretario general del partido o vicesecretaria general adjunta, son peones que no deciden absolutamente nada, que son la voz de su amo. Todo eso no lo digo yo. Todo eso lo dice el Registro Mercantil, las cuentas bancarias y las transferencias. Y todo eso algún día lo dirán los tribunales, porque yo me puedo estar inventando una película, pero hay hechos, pruebas y documentos que comprometen a algunos. Me da mucha pena que esté cuestionándose el proyecto político de Vox por culpa de cuatro […]. Yo puedo mirar a los ojos a cualquiera de Vox que me venga a criticar, y que me digan en qué he engañado, en qué robado, en qué he mentido. Lo más que se atreven a decir son estas chorradas de que si yo soy pepero. ¿Pero cómo pepero? Por Dios, que se lo pregunten a Almeida. Si con algún partido me he metido por trilero, mentiroso y estafador, es con el PP. Y me acusan a mí los que, por cierto, han pertenecido al PP durante décadas.
Usted pide que haya un congreso. ¿Qué fe tiene de que salga adelante?
Si depende de la cúpula, ninguna. Un congreso como el que nosotros proponemos no debería molestarle a nadie. Un congreso donde todos los afiliados, simpatizantes y cargos puedan participar y se pueda revisar qué modelo de organización queremos. Tenemos un modelo donde al que trabaja, al que es leal, se le maltrata y se le expulsa, y en cambio se prima al amiguismo, al enchufe, al cuñado, al primo… Y luego otra cuestión muy importante: las grandes decisiones políticas. ¿Cómo hemos dejado el grupo de Meloni, que defiende Europa, para llamarnos patriotas de un grupo que está formado precisamente por quienes están defendiendo, con Orban a la cabeza, a Putin, que es la mayor amenaza que tiene Europa en este momento, que ha invadido un país de Europa? ¡Pero nos hemos vuelto locos! Nos vamos de un grupo para meternos en otro y nos llamamos Patriotas. ¿Patriotas de qué? Patriotas rusos. Todo este tipo de cuestiones hay que debatirlas con luz y taquígrafos y todo el mundo tiene derecho a opinar y a defender si esa es la trayectoria que queremos seguir.
¿Y los pactos regionales con el PP?
En ese congreso hay que decidir también si tenemos que llegar a acuerdos con el PP para gobernar las comunidades o no. Pero este vaivén que parece una auténtica peonza… En unos momentos parece que lo bueno es pactar con el PP y al día siguiente hay que romper todos los pactos. Ya verán ustedes, en cuanto acaben las elecciones andaluzas estamos corriendo a firmar pactos. Yo lo que digo es que tiene que haber una estrategia bien meditada. La que yo defendería en ese congreso: hay que echar a Sánchez como sea. O nos ponemos de acuerdo con el PP o vuelve a gobernar Sánchez. El PP es tramposo, sí, lo viví con Almeida, pero habrá que intentar poner unas condiciones claras y unos mínimos. Claro que hace falta un congreso donde podamos debatir con libertad y, sobre todo, con absoluta transparencia.