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Las bolsas asiáticas se desploman mientras el petróleo sube por encima de los 115 dólares el barril por la guerra en Oriente Próximo

El lunes amaneció en Asia con un temblor en los mercados que puso a prueba la estabilidad financiera de la región y encendió todas las alarmas. El Nikkei 225 de Tokio cayó hasta un 7,6%, mientras que en Seúl el Kospi se llegó a desplomar por encima del 8%, lo que provocó la activación de los mecanismos automáticos de suspensión de operaciones por segunda vez en cuatro sesiones.

Japón y Corea del Sur son dos de las grandes economías que más dependen del petróleo importado de Oriente Próximo. El impacto corporativo también fue brutal: Samsung Electronics y SK Hynix en Corea del Sur cayeron más del 10%, mientras que en Japón valores vinculados a la tecnología, como Softbank, Advantest y Lasertec, sufrieron descensos de entre el 9% y el 11%.

La caída principales bolsas de Asia se extendió hasta Australia, donde el S&P/ASX 200 cedió más del 4%. En Hong Kong y en China continental, el Hang Seng bajó un 3% y el CSI 300 un 2%, mientras que el índice FTSE Straits Times de Singapur cayó casi un 3%, reflejando un miedo global ante la escalada del conflicto en Oriente Próximo.

Este desplome está directamente relacionado con el fuerte repunte del petróleo, que superó el domingo los 100 dólares por barril por primera vez desde 2022 (subiendo hasta los 117 dólares, un 30% más que el viernes), impulsado por la reducción de suministros y el cierre de facto del estrecho de Ormuz, arteria por la que circula cerca de una quinta parte del crudo mundial.

Tanto el crudo de Brent, de referencia mundial, como el West Texas Intermediate subieron entre un 18% y un 20%, elevando las alertas sobre inflación y presiones para los bancos centrales y el consumo global.

Después de que los precios del crudo se dispararan, los ministros de finanzas del G-7 sostendrán una reunión de emergencia para este lunes con el propósito de discutir una posible liberación conjunta de petróleo de las reservas coordinada por la Agencia Internacional de Energía.

La guerra en Oriente Próximo entra en su segunda semana con bombardeos israelíes en Teherán y Líbano, y con el régimen iraní designando a Mojtaba Jamenei, hijo del ayatolá Jamenei, como nuevo líder supremo. Los estados árabes del Golfo continúan enfrentando misiles y drones iraníes, y la República Islámica asegura tener capacidad para prolongar el conflicto durante meses.

La combinación de tensión militar y el miedo de mayores interrupciones en el suministro energético global dispara la aversión al riesgo entre inversores, provocando ventas masivas de acciones y un éxodo hacia activos refugio como el dólar y bonos del Tesoro estadounidense.

Desde Washington tampoco ayudan las declaraciones del presidente Donald Trump, que calificó el repunte del crudo como un «precio muy pequeño a pagar» para neutralizar la amenaza nuclear iraní. Unas palabras que refuerzan la sensación de que la solución al conflicto no será inmediata. «Los precios caerán rápidamente cuando se complete la destrucción de la amenaza nuclear iraní», añadió Trump en un comentario publicado en su plataforma Truth Social.

En Corea del Sur, tras la caída de las bolsas asiáticas, el presidente Lee Jae Myung convocó una reunión de emergencia y ordenó la implementación inmediata de un sistema de precios máximos para los productos derivados del petróleo, junto con medidas enérgicas contra la manipulación de precios. Lee también ordenó a los funcionarios asegurar rutas de suministro alternativas que eviten el estrecho de Ormuz, al tiempo que prometió castigar estrictamente cualquier acaparamiento o colusión en el mercado.

«Dada la grave situación del suministro energético y la ansiedad económica de los hogares, se requieren contramedidas extraordinarias acordes con las circunstancias», declaró el líder durante la reunión. «En cooperación con nuestros países socios estratégicos, debemos identificar rápidamente rutas de suministro alternativas que no pasen por Ormuz».