El escritor Marcos Giralt Torrente es el ganador del Premio Umbral al mejor libro de 2025 gracias a Los ilusionistas. El libro, mezcla de novela y de memorias, reconstruye las vidas de su madre, sus tíos y sus abuelos, incluido Gonzalo Torrente Ballester y es una continuación del celebrado Tiempo de vida, publicado en 2010 y ganador del Premio Nacional de Narrativa.
Según el fallo del jurado, reunido este miércoles en Majadahonda, Los ilusionistas«es una narración magistral sobre un tiempo y una familia», al mismo tiempo que «constituye un autorretrato cubista desde una perspectiva singular y, al tiempo, plural». «Pocas veces se encuentra un título para una obra que refleje de manera tan certera el contenido», concluye el jurado del Premio Umbral, que está dotado con 12.000 euros y una escultura de Alberto Corazón.
Los ilusionistas tiene una estructura relativamente sencilla: cada miembro de la familia materna de Giralt Torrente aparece retratado en un capítulo del libro. Torrente Ballester, el escritor de La saga/fuga de J.B. aparece como un hombre complejo: sensual, ambicioso, afectuoso, a veces controlador… Es un gigante frágil que no es capaz de cuidar bien de los suyos. Josefina, su primera mujer, la madre de la madre de Giralt Torrente, muerta con 46 años, es el núcleo del misterio de Los ilusionistas. ¿Qué habría pasado con esa familia si Josefina hubiera llegado a los 80 años?
Después desfilan los tíos: María José Torrente se empeñó en vivir de noche, sin teléfono ni televisor. Gonzalo Torrente Malvido pudo ser un escritor importante, pero se le fue la vida en robar bancos, estafar y entrar y salir de la cárcel. Sus páginas son las más deslumbrantes de Los ilusionistas. Javier Torrente, huérfano entre huérfanos, eligió proletarizarse, entró en el Partido Comunista de los Pueblos de España, se metió en mil negocios y acabó haciendo chapuzas. Al final, aparece Marisa, la madre del autor, la mujer que heredó y transmitió el gusto por narrar la vida como una forma de dar estructura a lo que a menudo tendió a lo que parece un caos.
Los ilusionistas se comunica obviamente con Tiempo de vida, el libro del padre de Giralt Torrente. Aquel era un texto más obsesivo y oscuro, aunque acabase con la reconciliación, casi en la muerte, entre padre e hijo. Los ilusionistas tiene un reparto más amplio y una mirada menos claustrofóbica.
«En Los ilusionistas me he beneficiado de las herramientas que aprendí con Tiempo de Vida. Antes de Tiempo de vida no había escrito ningún libro de no ficción y tuve que aprender sobre la marcha. Fue un libro escrito con la urgencia del duelo. Los ilusionistas, en cambio, fue un libro para el que he tenido mucho tiempo y para el que he tenido las herramientas. Las herramientas me empujaron, de hecho. Pero fue tortuosa, fue muy compleja porque relataba conflictos sin resolver», explica Giralt Torrente a EL MUNDO poco después de conocer el fallo del Premio Umbral.
En los flecos de Los ilusionistas aparecen referidos algunos miembros de la familia extendida (primos, medios tíos nacidos del segundo matrimonio de Torrente Ballester y sus hijos) que habían perdido dolorosamente su intimidad con el autor. «Las cosas no han cambiado desde la publicación del libro».
Y, pese a todo, Los ilusionistas es un texto orgulloso. «Creo que he tenido una mirada romántica hacia mi familia que mi madre me transmitió. Mis tíos no me parecían una pesadez. Había que protegerse un poco de Gonzalo», explicaba el autor madrileño en EL MUNDO hace unos meses.«Yo no dudaba de su cariño pero sabía que nos podría a vender por nada. Pero mi madre me explicó pronto que la condición humana es compleja». Y algo más: «Con mi abuelo hay una cálida reconciliación al final del libro. Fue una riqueza crecer en una familia que cuidaba tanto la transmisión de su cultura, pero también hubo fragilidad».
Marcos Giralt Torrente (Madrid, 1968) estudió Filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid, una influencia presente en toda su literatura. Debutó en la narrativa hace justo 30 años con el libro de relatos Entiéndame (1995), al que siguió la novela París (1999), con la que obtuvo el Premio Herralde de Novela y se consolidó como una de las voces emergentes más sólidas de la narrativa española contemporánea. Desde entonces ha alternado el relato breve y la novela. Su mayor reconocimiento le ha llegado con el citado Tiempo de vida. Varias de sus novelas han sido traducidas al alemán, al francés, al italiano y al portugués.
Sólo queda preguntar por Umbral. Giralt Torrente se acuerda de Mortal y rosa como la obra maestra que abre el camino de Tiempo de vida y Los ilusionistas, el libro que toma «la realidad y la convierte en literatura sin retorcerla».
