- Tres películas, tres series y una obra de teatro.¡ Vaya año, el suyo!
- Se ha juntado todo, sí. Tú sabes cuándo ruedas pero no cuándo se estrena. Es un clásico. Estoy muy contento.
- ¿Y pesa más la satisfacción o el miedo al vacío?
- No me pesa tanto el vacío posterior porque ha sido un periodo muy intenso y está bien parar un poquito. Lo que pesa, sobre todo, es el orgullo, la alegría de poder estar en activo y trabajar en proyectos que yo consumiría como espectador. Ese es mi baremo.
- ¿Qué tiene Miki Esparbé que todos quieren contar con él?
- Evidentemente, hay un factor de suerte. Pero quiero pensar que también tiene que ver con que me gusta correr riesgos. No soy complaciente. Si tuviese que hacer siempre el mismo personaje me aburriría.
- Y usted, ¿se mira con buenos ojos?
- Sí. Es necesario que un actor aprenda a verse porque, al final, hay muchas cosas que no dependen de nosotros: cómo lo montan, que mirada cogen… Soy muy autoexigente, pero con el tiempo he aprendido a aumentar mi autocompasión. Estar en activo conlleva una responsabilidad alta. Formo parte de un sector muy precario donde hay muchísima gente con talento que no puede ni pagarse el alquiler. Qué menos que saber aprovechar al máximo la oportunidad.
- Tres de tus últimos proyectos están basados en hechos reales. ¿Aumenta eso la responsabilidad?
- Sí, hay una presión por tener el máximo rigor. En el caso de Frontera, yo he sentido una gran responsabilidad ligada a contar un periodo histórico. También con Anatomía de un instante. Es la versión de Javier Cercas, pero estamos recogiendo un momento importante de la historia de nuestro país del que las generaciones jóvenes viven bastante desconectadas, y que pueden conocer por medio del audiovisual. Es un deber hacerlo bien porque tenemos un poder muy grande.
- ¿Tiene el cine una responsabilidad educativa?
- Yo formo parte de una generación cuyo plan de estudios no llegó a la Transición, por supuesto, pero que también pasó de puntillas por la Guerra Civil y la generación de mis abuelos se está yendo, así que se va el relato en primera persona. En ese limbo es donde la extrema derecha ha metido quinta para colar mucha desinformación y muchos bulos. Con el audiovisual tenemos la oportunidad de contar la historia de forma accesible, y creo que es muy necesario.
- ¿Hay miedo en la cultura a ese acelerón de la extrema derecha?
- Sí lo hay, evidentemente. La cultura es uno de los mayores motores de progreso de una sociedad y, a la vista está, si hay un auge de la extrema derecha seguramente va a ir a la contra de ese propósito. Da mucho miedo, claro. No sé hacia dónde vamos, pero tengo una cierta esperanza en que haya un golpe de timón si los más jóvenes descubren todo lo que podemos mostrarles.
«El Emérito no me ha llamado. Igual lo ha hecho desde número oculto y esas llamadas no las cojo…»
- El cine también sirve para humanizar la historia.
- Por supuesto. A día de hoy, todos somos testigos de lo que está pasando en el mundo en tiempo real a través del móvil. Y eso también tiene mucho peligro porque lleva a una cierta desconexión. Estamos anestesiados. Frontera invita a la acción y lanza un mensaje de esperanza, lo que cuenta es que el pueblo salva al pueblo. Han pasado muchísimos años pero dialoga directamente con el presente. Mucha gente sigue huyendo de conflictos, de la miseria, del hambre. Yo creo en la empatía como motor para salvar el mundo.
- ¿No superaremos nunca la Guerra Civil y la Transición?
- Para superarlo se tendría que hacer una reparación real y atender las necesidades de tantas familias que consideran que no se ha hecho justicia con sus difuntos. Y no veo una voluntad real de hacerlo. Por eso es importante lo que hacemos. ¿Se hacen demasiadas pelis de la Guerra Civil? Yo pienso que no las suficientes. Corremos el riesgo de que los jóvenes vean con la misma distancia a Napoleón que a Franco, y eso hace muy fácil romantizar un período.
- ¿Se ha reconciliado con la figura de Juan Carlos interpretándolo?
- Lo más complicado para mí fue, precisamente, vencer el prejuicio. Me fijé mucho en el Rey de 42 años: ese carácter seductor, en lo personal como en lo profesional, la ambición, ese rey estratega, su gestión del poder. Él habla lento porque sabe que todo el mundo le va a escuchar. Anda como con los brazos caídos, pero siempre con el pecho por delante. Simbólicamente, me parecía como que nadie le podía frenar. Pero lo que más me sorprendió fue esa habilidad para que no sepamos todavía qué pasó el 23-F. Me parece una injusticia que en pleno 2025 aún no hayamos tenido acceso a todos los documentos.
- ¿Le ha llamado el Emérito? Dicen que es muy de mandar mensajes…
- No ha sido el caso. Igual lo ha hecho desde número oculto y esas llamadas no las cojo…
