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87 pérdidas, 14 disparos, cuatro goles y varias bajas... Las dudas en París que cuestionan la fiabilidad defensiva del Barça antes del clásico

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El equipo no duda, o eso dice, pero la duda germina en el entorno. El Barça es ambas cosas, todo. Desde el vestuario se transmite tranquilidad, que es lo que hicieron Raphinha, Hansi Flick y quienes se manifestaron en el Parque de los Príncipes tras caer por 4-2. Pero en las redes sociales se ha observado alguna manifestación, como la de Cancelo, que demuestra afectación. «Desde la grada todo el mundo es especialista. Me gustaría verlos entrar en el campo y aguantar la presión», escribió el portugués tras las críticas recibidas, para añadir: «Quien no puede dudar de sí mismo soy yo». Desde luego, es un mal momento para la duda.

El vestuario se hace fuerte en torno a los postulados de Flick, y con razón por todo lo conseguido. Pero la realidad es que antes de ese partido en París, el Barça caminaba de forma incontestable, imbatido en 11 partidos consecutivos desde el arranque de la temporada. Ahora ya sabe lo que es perder, y no de cualquier modo. El conjunto azulgrana tuvo buenos momentos de juego en el Parque de los Príncipes y ganó la posesión, con un 53 % frente a un 47 % del PSG, pero los datos en el plano ofensivo son muy contundentes. Recibió 14 disparos entre los tres palos, dos al poste, encajó cuatro goles y el mejor jugador fue su portero. Joan García realizó 10 paradas, la mitad de ellas de lo que se llama valor gol.

Aunque tenía las bajas de Eric García, Koundé y Christensen, no todo lo que le ocurrió fue problema de su defensa, ya que los azulgrana llegaron a sufrir 87 pérdidas de balón, un dato altísimo para el conjunto con mayor precisión en el pase probablemente en el mundo.

El nivel del rival, último doble campeón de Europa, importa, por supuesto, pero el partido ha levantado dudas en el barcelonismo acerca de los objetivos a conseguir y la aptitud del equipo, especialmente en Europa. Había dicho Flick que el choque de París era una buena cita para saber dónde estaba realmente el Barça. Continúa en el mismo lugar. Es decir, lejos del estado que le haga, hoy, pensar en la Champions, el gran objetivo de la temporada. Después de dos Ligas consecutivas con Flick, es una evidencia que la afición piensa en un título que los azulgrana no levantan desde hace 11 años, precisamente de la mano de Luis Enrique. Con el choque en París, el Barça suma 18 partidos de Champions consecutivos sin dejar su portería a cero. De los 29 partidos disputados en el torneo en la era Flick, sus rivales han marcado en 25.

Hacerlo más que el rival es una máxima en el Camp Nou desde los tiempos de Johan Cruyff, pero la realidad es que cuando alcanzó el Grial en Wembley, la primera Copa de Europa de la historia azulgrana, ganó por 1-0. La seguridad defensiva se antoja indispensable para pensar en volver a hacerlo. Cuando más cerca ha estado de volver a una final, ante el Inter, con un gran ejercicio de juego y personalidad de Lamine Yamal, encajó siete goles. Así es imposible.

El Madrid es un equipo Champions, se encuentre como se encuentre. Por esa razón es el rey de la competición. Pese a su mejoría, moral y futbolística, ante Roma y Leipzig, llega al Camp Nou lejos del nivel de juego de los locales y con la presión de saber que una derrota dejaría la Liga, a nueve puntos del Barça, muy difícil. Sin embargo, ahora puede jugar también con la duda ajena, algo que antes de París no existía. Nunca habría esperado un favor de Luis Enrique. Flick tiene las piezas justas para componer su defensa, el joven Xavi Espart, Cubarsí, Gerard Martín y Cancelo, pero su trabajo debe ser ahora más mental para impedir que la duda del entorto germine en el vestuario.