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Antonio Scurati, historiador: "Estudiando a Mussolini he entendido que la democracia no es inherente, sino que ha de adquirirse"

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Desde el otro lado de una videollamada de Zoom, Antonio Scurati impresionaba. A su espalda sobresalían ejemplares de M, la saga que ahora culmina en España con la publicación de su quinto volumen, El fin y el principio (Alfaguara), donde recoge los dos últimos años de Benito Mussolini. Más de una veintena de portadas, algunas de sus más de 40 traducciones, custodiaban al autor mirando al frente. Son la imagen de la huella feroz que su escritura ha supuesto para este napolitano nacido en 1969 y profesor de escritura en la Universidad Libre de Lengua y Comunicación de Milán.

Cuando estaba terminando de escribir este último libro, me dijo que estaba exhausto. ¿Ahora que lo terminó, cómo se encuentra?
Es cierto, estaba agotado y me dije 'basta, ahora tienes que descansar un buen rato'. Hacer, como dicen los agricultores, un periodo de barbecho, pero luego pensé: 'Tal vez, después de 3.000 páginas escribiendo sobre fascistas, debería escribir sobre antifascistas que pueden servir de ejemplo y fuente de esperanza'. Así que empecé a escribir otro libro, que ya estoy terminando, y estoy agotado otra vez.
¿Puede darnos más detalles sobre el libro o las figuras elegidas?
Son 20 antifascistas que, a lo largo del siglo XX, en el contexto europeo, no sólo en Italia, lucharon por la democracia en varios frentes, no sólo contra las dictaduras sino también en el terreno de la expansión y la conquista de derechos. Hay una española, Clara Campoamor. No estoy descubriendo nada nuevo, son breves narraciones que cuentan su vida y su lucha. Obviamente, estoy buscando la clave literaria, la idea de una pedagogía cívica que incluya la literaria. Algunas figuras fueron famosas, luego en algunos casos olvidadas o redescubiertas, como Campoamor. Es una especie de panteón secular de héroes democráticos. Creo que es útil.
En 2027 hay elecciones en Italia y el nuevo partido de ultraderecha, Futuro Nazionale, acaba de duplicar su número de parlamentarios a costa de otros grupos políticos.
Trato de evitar siempre el juego de encontrar similitudes entre la nueva derecha, la extrema derecha europea y el fascismo histórico de hace 100 años pero, en lo que respecta a Futuro Nazionale, resulta evidente que su linaje forma parte del fascismo histórico. Empezando por los símbolos que evocan, como la flotilla Decima Mas, un mito de la formación de la Armada italiana que también se usó en la retórica de guerra fascista.
¿Qué puede decirnos de Roberto Vannacci, ex general al frente de este partido nacido en febrero?
En una conferencia reciente utilizó el discurso de los marginados, diciendo: «Somos la escoria, los que nadie quiere, y estamos orgullosos de ello». Más de uno de mis lectores me ha escrito diciéndome: «Es exactamente el discurso que Mussolini pronuncia en la primera asamblea fundacional del fascismo en la Plaza del Santo Sepulcro de Milán, según relata en su libro». Y en efecto así es, una retórica idéntica, casi superpuesta. Vannacci hizo esto deliberadamente para recordar las palabras de Mussolini. Pero sus palabras en esa plaza son desconocidas, nadie sabe con exactitud qué dijo. No me cabe duda de que ese Mussolini al que alude es el mío.
¿La derecha liberal, el centro y la izquierda no han conseguido ser una alternativa en Italia?
La discusión sobre esto sería larga. Todavía estamos viviendo una fase de crisis profunda del proyecto progresista italiano, europeo y occidental. Un momento histórico en el que la política del miedo prevalece sobre la política de la esperanza. Para que el progresismo vuelva a triunfar, debemos ser capaces de proponer a los votantes una idea de Europa y Occidente en la que el futuro parezca mejor que el presente. Esta es una tarea muy difícil, y no podemos subestimarla.
¿Por qué cree que esto es tan complicado?
Porque, en esencia, a los partidos reaccionarios de extrema derecha les resulta fácil decir que el pasado era mejor que el presente, cuando el presente es un presente de crisis. Es mentira, pero es una mentira efectiva.Pero permítame apuntar algo: usted vive y escribe en un periódico en un país en el que las fuerzas progresistas que están en el gobierno han logrado representar una alternativa a la nueva derecha No quiero entrar en los escándalos de corrupción que están afectando al gobierno de Sánchez porque no los conozco bien pero, visto desde aquí, su gobierno representa en muchos aspectos una opción. Me refiero a la transición ecológica, las energías renovables y los costes energéticos. Es decir, no hablo de ideología sino de cuestiones técnicas.
Quería preguntarle por la hegemonía cultural de nuestra época y dónde cree que se halla dentro de ésta el intelectual.
En Italia ha habido mucho debate sobre cómo la derecha posfascista ha intentado obtener la hegemonía cultural a través de la ocupación de puestos en instituciones culturales. Esta determinación miserable con la que colocan a los suyos incluso en las orquestas, aunque carezcan de curriculum artístico. Pero es todo falso: la nueva derecha, la extrema derecha, no es capaz de expresar liderazgo ni una hegemonía cultural en el sentido de cultura artística o de cultura intelectual.
¿Quién la ostenta, entonces?
En un sentido amplio, en un sentido antropológico, en Italia como en el resto del mundo, desde hace al menos 30 años, ya no la ostentan los intelectuales, ni los de derecha ni los de izquierda, sino que la ostenta primero la televisión. Hegemonía cultural fue el berlusconismo durante 30 años, puro entretenimiento de baja calidad. Ahora la hegemonía la tienen las redes sociales.
¿Los influencers?
Exactamente.
Dado que se ha publicado ya el último volumen de la saga M, me gustaría saber si ha notado cambios de estilo en su escritura.
Sí, creo que hay una diferencia de estilo en este último libro. Tras haber realizado un enorme esfuerzo por ofrecer una síntesis de toda una época y también por informar sobre aspectos de ese mundo que desconocía, en este último libro me sentí con más libertad para adoptar un enfoque más literario. Más libre respecto al método que me había impuesto, el de la novela documental. Se puede ver en la parte final, en el monólogo de Mussolini. Espero que esta mayor libertad que me he permitido convenza a los lectores.
¿Qué enseñanza extrae tras tantos años dedicados a una labor tan intensa?
Yo también he comprendido, como los cientos de miles de lectores de M en Italia y en el extranjero, lo que el fascismo supuso exactamente. Y lo que entendí bien es que hoy, como entonces, la democracia no es algo inherente a la naturaleza, como el cielo sobre nuestra tierra, sino algo que ha de adquirirse siempre. La democracia es siempre una lucha por la democracia.
¿Entraba dentro de sus planes mientras estudiaba, analizaba y escribía convertirse en icono usted mismo?
Más allá de los libros, de haberlos acompañado, parece que me he convertido en un ídolo de la lucha democrática para muchos votantes. Pero también en una figura decorativa que muchos otros derrocarían, por ejemplo el primer ministro del partido azul [refiriéndose a la actual presidenta del Gobierno de Italia, Giorgia Meloni].
Esta mañana le pregunté a la IA por su saga y, entre otras muchas cosas, dijo: «No sólo es un buen libro, es el libro adecuado en el momento justo». ¿Qué opina?
Que es inteligente. (Se ríe). Evidentemente se trata de una definición que alguien dio en internet, que se ha utilizado y está teniendo cierto efecto. Sé que hay interés y desconfianza hacia la IA, especialmente por sus posibles consecuencias en las profesiones creativas. El otro día, hablando con mis estudiantes del máster de escritura, les dije que es una potencia informática enorme, única, que espolea su tarea. Los que quieren ser creativos, escritores o guionistas, deben dar ese pequeño paso creativo que nadie ha dado todavía. La inteligencia artificial nunca podrá hacer esto, al menos por ahora.
Cuenténos otro consejo que les de a sus alumnos.
Les digo que se pueden seguir dos modelos a la hora de trabajar: se puede intentar escribir el libro que todos están leyendo o bien intentar escribir el libro que nadie ha escrito todavía. Yo con M intenté hacer lo segundo y creo que lo he conseguido.