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Bélgica vuelve a decepcionar ante la desterrada Irán y se complican sus opciones en el grupo G

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Bélgica ya no es lo que era. Sus empates ante Egipto e Irán dejan claro que la generación dorada que les llevó al tercer puesto en el Mundial de Rusia 2018 se está apagando y que no ha llegado el reemplazo capaz de mantener el nivel. Frente a Irán firmaron otro ejercicio de impotencia que les deja en una situación delicada en un grupo aparentemente asequible, incapaces de marcar y sin apenas ocasiones claras. La luz de Kevin de Bruyne, el eterno faro belga, ya no brilla como antes. [Narración y estadísticas, 0-0]

El país entero esperaba una reacción tras el mal comienzo ante Egipto, pero no llegó. Es cierto es que salieron con ímpetu y que dominaron a Irán durante la primera parte, pero si no es por Thibaut Courtois, la derrota hubiera sido segura.

El plan de Rudi García era evidente: presionar en la salida de balón y embotellar al rival en su área, con De Bruyne al mando de las operaciones. Lo buscaron con insistencia en el primer cuarto de hora, con cinco disparos a puerta, aunque la ocasión más clara la tuvieron los Príncipes de Persia en un remate de Kanani que salvó con una mano providencial el de siempre. En el minuto 24, el susto fue aún mayor. Una jugada ensayada en un libre directo terminó en el fondo de la red tras remate de Taremi. Finalmente, el gol fue anulado por un fuera de juego muy ajustado.

Providencial Courtois

La tónica se mantuvo al inicio de la segunda parte, con el equipo buscando la inspiración de Lukaku y de De Bruyne, pero con más sensación de peligro que ocasiones concretas. Irán, en una de sus pocas incursiones en ataque, la volvió a tener en las botas de Taremi, un disparo a bocajarro que sacó Courtois con una mano providencial.

Los tres cambios parecían haberle sentado bien a los de García, especialmente con la entrada de Lukebakio. Gozaron de su mejor oportunidad en el 58, con un control preciso de De Bruyne en el área persa que puso atrás para que la empujara Lukaku y después De Cuyper que sacó in extremis Beiranvand.

Pero el error grosero de Ngoy, el central belga del Lille, fue una losa demasiado difícil de levantar para los europeos. Un mal pase hacia atrás le obligó a derribar a Taremi cuando enfilaba hacia Courtois y el árbitro no lo dudó. Roja directa. Los iraníes respiraron y el partido se equilibró, con los asiáticos buscando sacar tajada de la superioridad en los minutos finales. Se van con un empate que les sabe a victoria.

Llegaban ambos con sensaciones enrarecidas al segundo partido de su grupo. Los belgas, por no haber sido capaces de pasar del empate ante Egipto, gracias a un gol en propia meta de Mohamed Hany. Y los iraníes por estar condenados al destierro futbolístico de Tijuana que les ha impuesto el gobierno de Donald Trump y que no ha sido capaz de revertir la FIFA. Ni siquiera los lamentos del entrenador persa ante Gianni Infantino han tenido efecto alguno.

Amir Ghalenoei aprovechó la visita de presidente de la FIFA al vestuario del equipo tras el encuentro frente a Nueva Zelanda para descargar toda su frustración por la situación que están viviendo, obligados a entrenar en México en unas instalaciones de césped artificial y rodeados de estrechas medidas de seguridad, con una parte de la delegación, hasta 15 miembros, sin visado para entrar a Estados Unidos.

"Somos el equipo más oprimido de todo el Mundial", se quejaba Ghalenoei amargamente. "Es injusto para este equipo por las condiciones que nos han creado. Ni siquiera querían que viniéramos aquí (Los Angeles) dos días antes de disputar el partido". Horas después del encuentro, se vieron obligados a regresar a México pese a que habían solicitado pasar la noche en Los Angeles y que el partido acabo a las ocho de la tarde.

El calor de las gradas

Eso sí, en la cancha les fue mejor de lo que esperaban. La aparente hostilidad de la grada que se presumía de inicio, con una gran parte de la diáspora criticando al equipo por ser parte del régimen radical islámico de los ayatolás, se tornó en apoyo masivo, espoleando a los suyos para remontar un marcador adverso en dos ocasiones frente a los kiwis. Ese punto tras el 2-2 final puede ser clave para lograr el pase ante Egipto en el tercer partido del grupo.

El domingo volvieron a contar con el calor de las gradas, aunque esta vez con un aparente equilibrio de camisetas belgas e iraníes en el colosal SoFi de Los Angeles. Tampoco hubo la tensión del primer día. Una pequeña manifestación de unas 150 personas en los alrededores del estadio protestando con el régimen islámico, y poco más.

Mahy Safawy llevaba la cara pintada con los colores de la bandera iraní y su amigo una las banderas monárquicas prohibidas por la FIFA atada al cuello, la del león y el sol naciente previas a la revolución islámica de Homeini de 1979. "Ya nos dijeron que no están siendo tan estrictos con la aplicación de la norma y hemos venido tranquilos a disfrutar del fútbol y apoyar a Irán", decía a EL MUNDO una hora antes de empezar el partido. Sobre la polémica de apoyar o no al equipo por ser parte del régimen, Safawy lo tenía claro. "Sé que hay mucha división y yo la siento también, pero al final somos iraníes y es una pasión inevitable de esconder". Nada como el fútbol para aparcar diferencias políticas.