Deportes

Brandon McNulty se hace 'monumental' al ganar la prueba en ruta del Mundial

Brandon McNulty se hace 'monumental' al ganar la prueba en ruta del Mundial

El Mundial es un Monumento. Un Monumento más, el sexto, como el sexto sentido es un sentido más. A diferencia de San Remo, Roubaix, Flandes, Lieja y Lombardía, es un Monumento itinerante. Pero Monumento el fin y al cabo. Todo Mundial es una gran clásica en kilometraje y dificultades. Un Monumento. Y quien quiera que gane un Monumento es un ciclista monumental.

Y ese ciclista monumental en un Mundial monumental ganándole el pulso a un grupo de ciclistas monumentales fue Brandon McNulty, 28 años, de Phoenix (Arizona). Conocía el paño. Sobre el mismo trayecto, ganó el pasado año. Después de Phoenix, Montreal es la segunda ciudad de su vida. Detrás de él, a 13 segundos, Michael Matthews y Mathieu van der Poel. Había cedido al final Paul Seixas, con el cuádriceps izquierdo hecho puré. Agotamiento es la figura. El chico lleva una temporada muy intensa y cumplió 20 años el pasado día 24. Ha pagado, por sobreexplotación, por sobreexposición, la terneza. Se derrumbó al final para ser 15º a 2:47.

Cuando Pogacar no está en una carrera en la que debería haber estado, su ausencia preside los titulares de prensa por encima de la presencia de quienes sí están. Si Tadej no se hubiese caído en la Vuelta, los titulares previos a este Mundial habrían sido: "Todos contra Pogacar". Puesto que se cayó, fueron algo así como "todos contra todos".

Obviamente, no eran todos contra todos, sino unos pocos contra unos pocos, los elegidos, en un circuito ideal (¿cuál no lo es?) para "Pogi", que no podría conquistar su tercer arcoíris consecutivo, algo que sólo ha conseguido Peter Sagan. Desde la Vuelta, ella incluida, su vuelo en persecución de Eddy Merckx ha sufrido un parón. Cumplió 28 años el pasado día 21. Aún es joven, pero no tiene tiempo que perder. Merckx le lleva bastante ventaja. Entre otros números, cuatro Giros, una Vuelta, seis Monumentos y un Mundial. Merckx ya no tiene competencia. Pogacar sí. Y cada vez más y desde más pronto.

Los 273 kms. con un desnivel de 3.800 metros fueron pasando factura vuelta tras vuelta después de un largo bucle de un tercio del recorrido antes de entrar en el circuito, el meollo del trayecto. Doce pasos por tres colinas, la más dura de las cuales, la Camillieu-Houde, se erguía durante 1,6 kms. al 7,5% de media y picos del 10%. Cuando el desgaste es tan grande y sostenido se llama demolición. Cuando queman los músculos, cocción a fuego lento.

Fueron demolidos y cocidos los 16 hombres que, desde la misma salida, y con Andreas Leknessund, Biniam Girmay y Felix Engelhardt como nombres más sonoros, se dieron a la fuga y llegaron a disponer de más de ocho minutos. En el circuito fueron perdiendo la ventaja como si pedalearan al revés, hacia atrás. Los últimos fueron deglutidos a falta de 106 kms. para la llegada.

Francia, al servicio incondicional de Paul Seixas, endurecía la carrera e iba arrojando al sacrificio a sus hombres. En vano, ya se vería. Con los primeros sofocones, Enric Mas cedía y se refugiaba en boxes. No llegó en forma inercial de la Vuelta. LLegó quemado. Achicharrado. Fundido.

El punto de inflexión de la carrera y el hombre que lo provocó fue Matthew van der Poel. Demarró a 90 kms. de la meta. A partir de ahí se sucedieron, mejor se precipitaron, los acontecimientos. Entrando y saliendo, en grupos, en tríos, en cuartetos, los grandes de la carrera protagonizaron todas las alternativas posibles. Ora parecían imbatibles, ora agotados, en un carrusel del mejor ciclismo posible. Al final, solamente, así, a bote pronto, Van Aert y Ayuso se descolgaron. Los demás ahí estuvieron. Véase unas líneas más adelante la clasificación.

Cuando saltó McNulty a 30 kms. de la meta, su empeño parecía abocado al fracaso. Pero estaba destinado al éxito. Con una fe inmensa y unas fuerzas mermadas, como las de todos, pero sostenidas por esa misma fe, aguantó todos los embates de los perseguidores, ninguno de los cuales pudo desencadenar un ataque que, a esas alturas, no fuera de algodón.

Ya hemos visto el podio. Quinn Simmons acabó cuarto a los mismos 13 segundos que el segundo y el tercero. Después, todos apretados, Del Toro, Pedersen, Pidcock, Jorgenson, Ciccone, Healy... Evenepoel, 12º a 25 segundos. Ayuso, cortado, decimotercero a 2:08.

Se retiraron más de los que llegaron. Los españoles, excepto Ayuso en algún fugaz momento, no respondieron a las expectativas. La dureza se les hizo excesiva. Aparte de Ayuso, solamente terminaron la carrera, Arrieta (43º a 6:53) y Camprubí (46º a 7:02).


Puede que te hayas perdido