Cuando brilla, gana, y cuando no, también: un gol de Mikel Merino en el 91 despide a Cristiano y manda a España a los cuartos
La madurez de un equipo se mide en noches, tardes, como la de este lunes. Una sesión de espiritismo con la respiración contenida durante una hora y media, un tormento psicológico desde el que salió España disparada hacia los cuartos de final gracias a un partido más recio que bonito, gracias a evitar tambalearse cuando las cosas no fueron bien, gracias, en fin, a un gol cuando el partido ya estaba muerto. España se impuso a Portugal en la agonía del funambulista y tiene su billete entre los ocho mejores del torneo porque sí, porque es la campeona de Europa, caramba, y porque es un señor equipo, un señor equipo que cuando juega bien, gana, y cuando no, también. Y, ante eso, hay poco que hacer. [Narración y estadísticas (0-1)]
Fue Mikel Merino, el hombre al que Luis de la Fuente ha esperado por encima de la lógica, el que hizo el gol del triunfo en el minuto 90, o en el 91, qué más da, con el estómago en la boca gracias a un pase maravilloso de Ferran Torres, que cambió de alguna manera el partido y se convirtió en el detalle que desequilibró el asunto. Ganó España sin la mejor versión de Lamine, que tendrá al menos otra oportunidad, y no tiene pinta de que vaya a desperdiciar muchas más. La selección, que empezó titubeante, ya está en el escalón mínimo que se le presupone, y ahora, a este equipo, hay que ganarle. Quizá alguien lo haga, pero no va a resultar fácil ahora desembarazarse de un colectivo tan bonito, y tan feo, a la vez.
El partido fue una película de suspense. Un thriller agotador para el sistema nervioso, pendiente de cada control, de cada pase, de cada situación, conteniendo la respiración por si acaso, un por si acaso para bien o para mal, para bien cuando atacaba España y para mal cuando lo hacía Portugal. Dos equipos estupendos, con algo más de balón para España, en la que recayeron las mejores ocasiones. Y no fueron pocas.
Buena versión de Rodri
De la Fuente no tocó lo que había funcionado y dispuso el mismo once que contra Austria. Roberto Martínez, por su parte, metió a Joao Félix en lugar de Leao, más balón, pero menos vértigo en un equipo que juega en función de Cristiano, incrustado como delantero centro puro y duro a la espera de que le caigan balones a los que ya no llega. La campeona de Europa salió bien al partido, teniendo algo más la pelota que su rival, y conviene subrayarlo, teniendo más opciones. La más clara fue de Oyarzabal en el amanecer del duelo (no fue su día), un mano a mano con Diogo Costa que extrañamente envió fuera. Pero hubo más. Un remate de Olmo con la cabeza a puerta casi vacía y una doble opción, primero para Lamine y luego para Baena, ambas solventadas por el portero portugués. Portugal, claro, también tuvo la suya en un remate de Nuno Mendesque Porro desvió al larguero. Fue el susto de la tarde para Unai Simón.
El equipo funcionaba con Rodri a los mandos, al fin en una buena versión del mediocentro, capaz incluso de correr con la pelota las pocas veces que hubo opción de robar el balón. Porque hubo pocas. Y hubo pocas porque Portugal tiene media docena de jugadores con muy buen pie, empezando por un Vitinha que, aunque estuvo muy ocupado corriendo detrás de Pedri, tiene una calidad inmensa. Más discretos estuvieron en esa primera parte Bruno y Joao Neves, afanados en tapar líneas de pase hasta el punto de dejar deliberadamente libre a Cubarsí para subir con la pelota.
En todo caso resultaba imposible abstraerse de la instancia en la que se estaba disputando el partido, los octavos de un Mundial, con la sensación, ambos equipos, de que quien avanzara salía despedido hacia la lucha por el título. Preocupados todos por no cometer un error definitivo, la segunda parte fue, de nuevo, una película tensísima. Había más miedo que otra cosa. En una de las primeras jugadas, Baena arriesgó en un pase que terminó en una contra portuguesa. Cuando la jugada terminó, Rodri se acercó a él y le dijo que no hiciera eso.
España pasó por momentos buenos (bastantes), regulares (alguno) y malos (pocos). En general fue mejor que Portugal, tuvo más opciones, mereció más el pase. Lo sudó, cómo no, pero sus cambios fueron mejores que los del oponente, ya agotado en los últimos 20 minutos. Le dolió hasta el alma a España, que con el gol de Mikel Merino estalló camino de los cuartos, estación mínima desde la que este equipo se intuye difícil de parar.
La asistencia fue de Ferran Torres, que a su manera, con diagonales y movimientos, imprecisos si se quieren, terminó de descolocar a Portugal, expulsada del Mundial y con las cámaras fijándose en Cristiano, un mito que, ahora sí, dice adiós a este torneo. Le había hecho daño a la selección de Roberto Martínez el adiós por lesión de Nuno Mendes, que en el único duelo que perdió con Lamine, se lesionó. No pareció pasar nada cuando se fue, pero sí pasaba. Aunque fuera en lo mental, Portugal ya iba por detrás.