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Día de caza: La improbable hazaña de disparar contra un clásico (**)

· Culture

Como regla general, considerar un clásico intocable es, como poco, triste. Si algo define a una película que no cede al paso del tiempo es su capacidad de adaptación y, sobre todo, su disponibilidad para el diálogo. Son películas, por así decirlo, siempre dispuestas a hablar con todo el mundo: con cualquier espectador que decida acercarse a ellas en cualquier momento y con cualquier director que un buen día se lance a proponer su particular versión del mismo o parecido asunto. Por eso resulta sano, o incluso excitante, ese empeño con el que Nosferatu sale una y otra vez de la tumba desde el infranqueable original de Murnau. En el cine español es raro contemplar este último fenómeno de reconversión, llamémoslo así, y, sin embargo, recientemente hemos visto dos casos, cada uno sorprendente a su manera: la nueva versión de Mi querida señorita de Armiñán firmada ahora por Fernando González Molina y este proyecto de Pedro Aguilera sobre la totémica La caza de Carlos Saura. Aunque las motivaciones y los resultados sean distintos, vaya por delante que las dos propuestas se antojan síntoma de algo tan saludable como la aceptación de una tradición cinematográfica que no solo nos sigue dirigiendo la palabra, sino que de forma definitiva conforma la estructura de una mirada compartida, nuestra mirada. Son clásicos y son nuestros.

Sin embargo, llegan las malas noticias, se entiende solo regular cuál sea la intención de Día de caza. Los cambios sobre el texto original son evidentes. Donde antes había hombres ahora hay mujeres (en los dos casos, intérpretes imprescindibles); donde antes tragedia dura y pura en un blanco y negro acerado y perfecto, ahora comedia negra sangrienta con un colorido abrasador; donde antes franquismo enquistado en un machismo milenario, ahora especulación inmobiliaria con ese mismo machismo tintado ahora de clasismo xenófobo como escenario. Y así. Hay que reconocer que sobre el papel llama la atención. Sin duda, se podría considerar original. El problema es que, y pese a las apariencias, esta nueva versión carece completamente de ideas. No las hay en lo que se refiere al propio argumento y tampoco en una puesta en una escena exageradamente convencional donde vuelan muchos más drones de los necesarios (si es que alguna vez hubo un dron que no irritara). Lo que parecen ideas, en verdad, son solo ocurrencias. Que, aunque comparten la piel, no el alma.

Cuesta entender cuáles han sido las motivaciones de un director de películas tan inquietantes, incómodas y soberbias como Demonios tus ojos y con títulos en su haber tan anárquicos y provocadores como Splendid Hotel: Rimbaud en África. Por un lado, las interpretaciones de Rossy de Palma, Blanca Portillo, Carmen Machi y Zoe Arnao como sustitutas punto por punto de las de Alfredo Mayo, Ismael Merlo, José María Prada y Emilio Gutiérrez Caba se antojan un divertido juego de espejos, pero, en verdad, algo insustancial. Ellas se comportan como si fueran ellos sin que su condición de mujeres altere un centímetro la perspectiva inicial. Por otro lado, el intentar establecer una línea de puntos entre el franquismo de entonces y el capitalismo de amiguetes de ahora podría ser, en cambio, mucho más interesante si con ello se quisiera discutir o refutar, por ejemplo, los supuestos logros de la Transición, pero, en verdad, Día de caza tampoco aspira a tanto. En la película de Saura, la Guerra Civil seguía ahí (la acción discurría en el antiguo escenario de una batalla) y lo hacía no como anécdota, sino como componente esencial y herida aún abierta. Ahora todo eso se pierde por azares de una frivolidad algo preocupante.

Bien es cierto que la conversión en comedia liberada de prejuicios de lo que antes fue tragedia adusta ofrece momentos desternillantes. El reparto ayuda. Pero no solo no es suficiente, sino que, bien al contrario, las carcajadas solo aumentan el desconcierto. ¿De qué nos reímos exactamente? Créanme, no hay respuesta buena a la pregunta. No, no era esto.

Director: Pedro Aguilera. Intérpretes: Carmen Machi, Rossy de Palma, Blanca Portillo. Duración: 94 minutos. Nacionalidad: España.