Cultura

Muere a los 83 años Juan Tamariz, leyenda de la magia mundial e icono popular de España

Contaba Juan Tamariz que con solo cuatro años ya se quedó embelesado de la magia cuando sus padres le llevaron a un teatro para ver el espectáculo de un ilusionista y que con seis hizo sus primeros pinitos gracias a una caja de Magia Borrás que le regalaron. Y desde entonces nunca ha parado. Un juego por aquí, otro por allá y casi 80 años dedicados a un espectáculo que le convirtió en referencia nacional y mundial, en icono para un sinfín de generaciones de niños que crecieron pegados a sus juegos de cartas y de mentalismo y para un mundo, el de la magia, que aún le venera como una de sus grandes figuras históricas.

Y la palabra, juego, importa aquí. Porque Juan Tamariz, que ha fallecido este martes a los 83 años de edad, según ha anunciado su hija Ana en redes sociales, nunca quiso ser un ilusionista ni despachaba trucos de magia. Porque truco al gran referente moderno de la magia en este país le sonaba a engaño. Él no pretendía engañar, prefirió siempre el entretenimiento. Jugar para que todo el mundo tuviera una sonrisa. "Con inmensa tristeza, hoy me despido de mi padre Juan Tamariz , una persona increíble, muy querida y admirada por todos. Agradecidísima por todo el amor que me dio y por todo el amor a la Magia que nos regaló", ha señalado a través de su cuenta de Instagram su hija, directora de la escuela de magia que ambos fundaron a finales de los 80.

Con solo 11 años, ya pegado a los libros del sacerdote e ilusionista Wenceslao Ciuró, comenzó a introducirse en la técnica psicológica del ilusionismo, a entender que todo iba más allá de desarrollar un simple truco, que había algo más detrás para conquistar al público. Precisamente sería él quien después acabaría legando una extentísima obra divulgativa sobre el mundo de la magia, con una historia en tres volúmenes de esta disciplina o publicaciones como Mnemónica o La vía mágica -en la que presenta su famoso método de las pistas falsas- que aún se estudian en escuelas de todo el mundo. Esas publicaciones llegaron a traducirse a 17 idiomas y además le ha legado a su hija una biblioteca con más de 2.000 volúmenes con notas del gran maestro español de la magia que pretendía seguir alimentando con la ayuda de algunos de sus colegas. Una fuente bibliográfica que parece no tener fin.

Tales fueron la capacidad de aprendizaje y la precocidad de Tamariz, estudiante de Física entregado siempre al ilusionismo, que la Sociedad Española de Magia le tuvo que acabar admitiendo antes siquiera de haber llegado a la edad mínima que se exigía para acceder. Dos años antes de lo permitido, ya estaba él allí. Como un juego. En 1972, ya había obtenido el Gran Premio del Congreso Nacional de Magia y, al año siguiente, se impuso en el Premio Mundial de Cartomagia que se disputó París, lanzando así su carrera hacia una dimensión internacional que no encontraría fronteras. Aquel hombre con una melena oculta bajo un inmenso sombrero de copa, con camisas de colores chillones y su chan-tatachán como grito de guerra ya era el mejor mago del mundo. Así, en un abrir y cerrar de ojos. Sin que nadie se diera cuenta, allí estaba él. Pum.

Aunque la televisión le convirtió en un icono popular de nuestro país en los 70 y los 80 y en el mago de varias generaciones de niños con programas como Por arte de magia, Magia Potagia o El recreo, la dimensión mundial de Tamariz va mucho más allá de esa imagen. El gran escapista americano, David Blaine, le definió como "el mago de cartas más grande e influyente de la actualidad". Hace apenas un par de años, el New York Times le dedicó la portada de su revista dominical, pese a haberse ya retirado de los espectáculos en vivo, con el siguiente titular: "El hombre que convirtió a España en la capital mágica del mundo".

En esa publicación está una de las mejores imágenes para definir las dos visiones, la nacional y la mundial, que acompañaban a Juan Tamariz. "En España, Tamariz es un icono, pero no como Blaine o David Copperfield sino como la Rana Gustavo". Es decir como el personaje infantil al que no hay generación que no se haya agarrado, al que se le profesa un cariño especial y del que, sin embargo, se pierde la dimensión histórica como profesional entre todos esos sentimientos.

Hasta que llegó Juan Tamariz, en Estados Unidos, la magia era un espectáculo grandilocuente de escenario, con cajas y luces refulgiendo por todos lados. El gran ilusionista español de todos los tiempos se presentó allí con sus dos manos y sus barajas de cartas. Sin nada más que eso y su carisma para convencer al público de que la magia era posible, de que con una simple distracción ya había brotado esta. Su magia de cerca, el nombre que se le dio a la disciplina que él sublimó, acabó encandilando a todo el globo terráqueo. Todos querían ver a aquel español que había inventando centenares de juegos a los que nadie había llegado y querían aprender las técnicas para extenderlas.

Aún hoy muchos de los trucos que Tamariz convirtió en mundiales -amplificados también por su seguidor David Blaine en la televisión estadounidense- siguen siendo tendencia en las redes sociales. No es difícil encontrarse en TikTok, un recital de ilusionistas desplegando todo tipo de juegos de cartas para su audiencia. Muchos de ellos son directamente los que en su momento creó Tamariz o están inspirados en algunos de los que él desplegó en su extensa carrera, que profesionalmente abarca más de 50 años.

Para llegar hasta esos juegos, que van desde El juego de las cuatro cartas azules a Magicolor, Juan Tamariz desarrolló, primero, un estudio profundo de las técnicas de la magia. De los manuales de Ciuró sacó el control de las barajas de cartas; del italiano Tony Slydini, al que conoció durante sus viajes a Madrid, adoptó ese estilo entre lo excesivo y lo humorístico que caló entre sus seguidores; con el abogado Arturo de Ascanio profundizó en el concepto de distracción... El gran maestro de la magia española leyó también sobre asuntos esotéricos y sobre alquimia. Con todo ello construyó una combinación nunca vista y que aún sigue perdurando entre los profesionales de la magia.

Porque a la formación en esta disciplina dedicó Tamariz buena parte de su vida, casi tanta como a la magia en sí misma. En el año 1988, junto a su hija Ana, fundó en Madrid La Gran Escuela de Magia Ana Tamariz para garantizar la formación de todos aquellos que quisieran lanzarse al camino que él había emprendido casi desde la cuna. Más que un lugar de formación, el espacio se acabó convirtiendo en una escuela de pensamiento -así la definían los propios fundadores- tanto para los alumnos que por allí pasaban como para los profesoras.

Las lecciones de la escuela se iban adaptando cada año, sin repetirse, bajo las directrices del Maestro, el apelativo con el que todos los profesionales de la magia, desde lo más grandes hasta los recién iniciados, se referían a Juan Tamariz. De esas lecciones bebieron profesionales como Jorge Blass, que llegó allí a los 12 años y que aún hoy se mantiene como profesor; Anthony Blake, que es uno de los principales formadores del centro; Woody Aragón, Miguel de Lucas o Jandro -colaborador durante años de El Hormiguero-, nombres que han aparecido por la televisión de este país de forma constante durante los últimos años.

Todo lo que tuviera que ver con la magia en España, de una forma o de otra, ha estado influenciado por Juan Tamariz. Una figura inmensa, una leyenda que siempre tenía un juego más. Hasta el final. Chan-tatachán.




Puede que te hayas perdido