El Alpe d'Huez se rinde a una exhibición de época del dios Pogacar
Su único desafío es consigo mismo. Tadej Pogacar no tiene rivales, tiene gestas por firmar. Días para rendir homenaje al ciclismo y a sus lugares emblemáticos. No hay nada como el Alpe d'Huez. No hay nadie como Pogacar. Su fusión era cuestión de tiempo, de un viernes soleado en el que la marabunta enloquecida gozara con el dios del Tour. Tadej no sólo ganó en la montaña mágica, Tadej dejó una exhibición para todos los tiempos. [Narración y clasificaciones]
Se escriben las leyendas así, cuando los alardes ni siquiera se necesitan, pues su victoria en el Tour bien abrochada está ya. Arrancando sin especulaciones, desde la base, con las 21 curvas míticas por atravesar, por masticar una a una, sin nadie de los que le precede en la general ni siquiera intentando seguirle. Sin compañeros esta vez que se lo pongan en bandeja. Con más de 20 fugados a los que ir dando caza, sobrepasados como si se tratara de un videojuego. Hasta el más difícil todavía, remontar los 3:30 de ventaja que llevaban tres escaladores de renombre. Sepp Kuss, Lenny Martínez y el bravo Richard Carapaz rindiendo pleitesía a la leyenda.
El francés y el ecuatoriano, a falta de menos de dos kilómetros, fueron los últimos en claudicar. Espectadores de lujo de la exhibición, pues al poco vieron cómo les abandonaba hacia esa imagen con los brazos el alto que nadie podrá olvidar. Despedazado el récord de Marco Pantani, los 36:40 de 1995, ciclismo de otra época. Lo dejó en 35:24, a más de 23 kilómetros por hora. Su quinto Tour no necesitaba refrendo, pero sí una etapa inolvidable. Quizá la mayor de su carrera. Ahí está.
La ascensión resume su poderío, su superioridad. No atacó, simplemente aceleró en busca de algo que para cualquiera se antojaría un imposible. Eran más de 13 kilómetros todavía en los que apenas tuvo la breve ayuda de Adam Yates, filtrado en la fuga. Fue un respiro en su labor heroica. Esquivando aficionados como si espantara moscas en el breve pasillo que le dejaba la multitud.
Todo se había ejecutado para la ejecución de la bravuconada. Con un UAE visiblemente debilitado por la enfermedad, su control habitual de la situación saltaba por los aires. Más cuando en la escapada inicial del día se coló Lenny Martínez (séptimo a algo menos de 13 minutos) y cuando al fondo del antepenúltimo día del Tour se dibujaba la cima de las cimas, el mitológico Alpe d'Huez con más de un millón de aficionados en sus laderas. Caza mayor, pieza apetecible por la que no dejar demasiado margen a los fugados, otra vez Carapaz, hasta cuatro Visma y los Lidl abriendo brecha para que Mads Pedersen atrapara los puntos del sprint especial.
Llegaron a gozar (entre ellos Javi Romo y Einer Rubio, del Movistar) de más de cuatro minutos de diferencia. Con el trabajo tímido del Red Bull Bora y hasta del Pinarello no se sabe para qué, llegaron al pie del Alpe d'Huez con 3:30. A falta de cinco kilómetros, Pogacar ya tenía a la vista al trío cabecero. Al ser atrapados, Martínez y Carapaz aguantaron el primer envite. No el segundo, brutal, a falta de un kilómetro.
Hace cuatro años sólo pudo atacar un par de veces Pogacar, intentando un imposible ante Vingegaard, lamiendo todavía sus heridas del Granon. Otra deuda por saldar. A lo grande.
La cima que ha albergado más metas en la historia del Tour fue testigo de la proeza. Y de cómo por detrás todo se ordenaba. Remco Evenepoel volvió a derrotar a los escaladores. Llegó a 2:29 de Pogacar, un puñado de segundos por delante de Del Toro y de Paul Seixas y Skeljmose. El gran derrotado fue Juan Ayuso, descabalgado desde el comienzo, cediendo una minutada y cayendo al séptimo puesto de la general.