A Rafa Jódar se le veía en una nube a los 17 años cuando, recién proclamado campeón del US Open junior, recibió la llamada de David Ferrer para ser el 'sparring' del equipo español de la Copa Davis. Le tocó hacer de ayudante, pasar bolas en los entrenamientos para que sus referentes practicaran, pero él estaba encantado. Era septiembre de 2024, era la fase de grupos de Valencia, y allí estaba Carlos Alcaraz, por supuesto, junto a Roberto Bautista, Pedro Martínez y Pablo Carreño.
"Era muy delgadito y lo sigue siendo, aunque ya ha echado un poco más de cuerpo. Ya veíamos que jugaba muy bien, con esas palancas que tiene, con esos golpes tan fuertes, con esa manera de no perder la pista ni un momento", analizaba este viernes el propio Carreño después de confirmarse un reencuentro solo un año y medio después. Este domingo, en octavos de Roland Garros, habrá duelo español: Jódar, aquel adolescente que echaba una mano a los mayores, se enfrentará ahora a uno de ellos, Carreño, por un puesto en cuartos.
"Recuerdo hacerle de 'sparring' y será un partido especial. Para mí será un reto y una oportunidad para seguir mejorando", comentaba Jódar sobre el encuentro. Para los dos será una oportunidad única, aunque los dos llegarán con el cansancio en las piernas.
El triunfo de Jódar
Jódar se la ganó aprendiendo una lección: la resistencia. Su victoria ante el estadounidense Alex Michelsen fue un ejercicio de pura supervivencia que se extendió durante cuatro horas y cinco sets (7-6, 6-7, 4-6, 6-3 y 6-3). Los dos rivales se parecían demasiado -misma generación, mismo metro noventa y tres, mismo tenis plano y agresivo, misma formación universitaria en Estados Unidos- y esa simetría condujo a un partido larguísimo. En los momentos más duros, cuando ya se asomaba al abismo de la eliminación, el español se pasó el cuarto set levantando los brazos para animarse, para despertar a su afición. Funcionó.
En el quinto, más lúcido, más entero, empezó a mover mejor a Michelsen, a gestionar los puntos con mayor criterio, y fue imponiendo su peso físico y mental sobre un rival que se desvanecía. "Estoy supercontento por estar en octavos, es un sueño hecho realidad. He tenido que luchar mucho y me quedo con mi mentalidad", proclamó ayer al terminar.
La victoria de Carreño
Horas antes, Carreño llegó al mismo destino desde la orilla opuesta: el disfrute de quien ya no tiene presión. A sus 34 años, después de una larguísima recuperación de una lesión en el codo y de una reciente dolencia en el hombro, venció al argentino Thiago Agustín Tirante por 7-6(0), 7-5, 3-6 y 6-4 y se metió en octavos por primera vez desde 2021.
Lo hizo con un juego completísimo, variado e inteligente, capaz de frenar el ímpetu de su rival desde el fondo de la pista, y también con carácter: en el tercer set, con más de dos horas ya en las piernas, se pegó un sprint de camino al banquillo, mensaje claro para Tirante de que si quería ganar tendría que hacerlo con tenis. Y con tenis, Carreño mandó.
La semana pasada ni siquiera podía coger la raqueta; ayer se echaba las manos a la cabeza sin dar crédito. Ahora le tocará vencer a aquel chavalín que hace no tanto se ilusionaba por hacerle de ayudante: "Rafa se fue a la universidad en Estados Unidos y le vino muy bien. Creció apartado de los focos, un poquito escondido y este año ha dado un salto grandísimo de nivel, ha cogido confianza muy rápido. No le tembló la mano ni en Barcelona, ni en Madrid, ni en Roma y no le está temblando aquí. Será bonito enfrentarme a él".