Había pocas opciones para la sorpresa. El Banco Central Europeo (BCE) ha decidido este jueves elevar los tipos de interés 25 puntos básicos, hasta el 2,25%, rompiendo una tendencia inalterada desde septiembre de 2023. La crisis de precios que ha provocado la guerra de Irán, que iniciaron Donald Trump y Benjamin Netanyahu, también va a tener como consecuencia más dificultades para las familias y las empresas a la hora de pagar sus deudas, ya que las hipotecas y los créditos van a ser más caros.
El consejo de gobierno del BCE asegura que con la decisión tomada este jueves “mantiene una posición adecuada para gestionar la incertidumbre generada por la guerra” en un contexto “con riesgos al alza para la inflación y riesgos a la baja para el crecimiento económico”.
Los miembros de la institución monetaria llevaban semanas lanzando los mensajes adecuados para que no hubiera apenas opciones al debate. Las actas de la anterior reunión del BCE del 28 y 29 de abril ya había desvelado cómo habían ganado peso los halcones por un endurecimiento de la política monetaria.
El dato de la inflación de mayo, que se elevó al 3,2%, la más alta desde septiembre de 2023 terminó por desbaratar las resistencias. Incluso los gobernadores de banco nacionales más reacios a subir el precio del dinero abandonaron la percha de un posible acuerdo de paz entre EEUU e Irán, cuando las negociaciones saltan por los aires con continuas violaciones de alto el fuego. La oleada de ataques sobre Irán que ordenó Trump en la madrugada del jueves complican aún más la consecución de un escenario de paz.
La débil situación económica de la eurozona no ha sido baladí para que los miembros del BCE cambien de posición. La institución monetaria ha presentado este jueves nuevas previsiones económicas en las que apuntan a una rebaja del crecimiento económico medio al 0,8% en 2026, del 1,2% en 2027 y del 1,5% en 2028, “reflejando un impacto más pronunciado de la guerra sobre los mercados de materias primas, las rentas reales y la confianza”. Las proyecciones del BCE están en la línea de caídas que han presentado la Comisión Europea, que rebajó en tres décimas las previsiones económicas para la zona euro, hasta un 1,1% en 2026, mientras que la OCDE apuntó que la eurozona crecerá apenas un 0,8% este año, acuciada por el “deterioro de la confianza”.
En cuanto a la inflación, el BCE espera que se sitúe en el 3,0% en 2026, el 2,3% en 2027 y el 2,0% en 2028. La inflación subyacente (excluyendo energía y alimentos) se mantendrá en el 2,5 % en 2026 y 2027, y en el 2,2 % en 2028. Los expertos del Banco Central han revisado al alza la inflación “debido a una trayectoria más elevada de los precios de la energía, que, en cierta medida, se espera que se traslade a la inflación de los alimentos, los bienes y los servicios”, aunque se mantiene cerca del objetivo base del 2%.
En este sentido, entramos en el juego de las credibilidades más que de los argumentos económicos. Kevin Thozet, analista de Carmignac, explica que “preservar la credibilidad requiere demostrar la voluntad de absorber cierta debilidad económica si ese es el precio de devolver la inflación al objetivo. De no hacerlo, se correría el riesgo de un problema de inflación más persistente y, en última instancia, de un entorno de tipos de interés más altos durante más tiempo. Es posible que el BCE tenga que tolerar un crecimiento más débil a corto plazo para evitar unas condiciones monetarias aún más restrictivas más adelante”. La cuestión es quién paga esa debilidad.
Aunque hay analistas que no tienen duda sobre lo erróneo de la decisión del BCE. Paul Donovan, economista jefe de UBS, avisa de que “subir los tipos de interés no cambiará la inflación de la eurozona ni las expectativas de inflación. Esta política sigue anclada en una mentalidad poco útil propia de 2022. Los consumidores continuarán reduciendo sus tasas de ahorro para hacer frente al aumento de los precios del petróleo. La principal consecuencia de este error será incrementar la fragilidad de la economía”. Donovan se refiere a la agresiva política monetaria que adoptó el BCE con la crisis de inflación provocada por la invasión de Ucrania por Rusia.
¿Dos o tres subidas?
Ahora se abre el debate sobre si habrá más subidas de tipos antes de que acabe 2026. Aunque en un primer momento los futuros descontaban hasta tres subidas, la frágil economía europea no permite los excesos monetarios. Konstantin Veit, gestor de carteras en PIMCO, asegura que “dos subidas llevarían el tipo oficial al límite superior del rango de sus propias estimaciones del tipo neutral (1,75% - 2,5%) y servirían principalmente para gestionar las expectativas y prevenir efectos de segunda ronda”.
La evolución de la guerra de Irán va a marcar el precio del dinero en los próximos meses. Ronald Temple, estratega jefe de mercados de Lazard, argumenta que “si persiste el escenario de conflicto latente, habrá dos subidas de tipos por parte del BCE, ya que luchará por evitar cualquier efecto de segundo orden del conflicto en términos de presión inflacionista que se extienda más allá de la energía. Si se reavivan las hostilidades, entonces parecen más probables tres subidas de tipos”.
Pero además de la guerra, Europa se enfrenta a un complicado calendario electoral en 2027, que también tiene su repercusión a la hora de decidir la política monetaria de la zona euro, ya que cuando hay elecciones se incrementan las presiones para evitar movimientos en los precios del dinero.
“Tres de las cuatro mayores economías de Europa —Francia, Italia y España— celebrarán elecciones el próximo año, siendo Francia el país que concentra una mayor atención. De cara a esos comicios, anticipamos un grado significativo de relajación fiscal en toda la región; al fin y al cabo, es lo que suelen hacer la mayoría de los gobiernos en años electorales. Dado el calendario político, la ventana para aplicar una política monetaria más agresiva se limita a la segunda mitad de este año”, comenta David Zahn, responsable de renta fija europea de Franklin Templeton.