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El Betis vence al Oporto en su estreno Champions en casa

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La Cartuja rugía con una afición que había esperado 21 años para volver a escuchar el himno de la Champions. Y así respondió el equipo, que dominó la primera parte y culminó con el gol de Abde en la segunda, pero que tuvo que sufrir tras los goles de dos españoles: Gabri Veiga y Samu. Lo arregló el Cucho Hernández, en el momento más sufrido, que consiguió el empate para el Betis y le puso la guinda Isco desde los once metros.

Lo que tenía delante el equipo local era un rival intenso, pero eso Pellegrini ya lo sabía. El Ingeniero hizo sus cálculos para salir a morder y, aunque los números cuadraron y el Betis creaba peligro sin parar, el rugido de La Cartuja se quebró tras un error en la salida de Valles que se agravó con el lío de Natan. Lo salvó el palo. A Natan, del error; a La Cartuja, del infarto.

Pero el Betis seguía con hambre y Abde, a un nivelazo tremendo, retaba a Diogo Costa una y otra vez. El tanto no llegaba, pero los hombres de Manuel Pellegrini sonreían, y la grada también. Y, aunque parecía que estaba al caer, el primero llegó del lado luso, aunque con varias dudas que impidieron que el gol de Martin Fernandes subiera al marcador tras la revisión de Turpin.

La primera: un gol que, en directo, parecía de aquellos que, cuando la tecnología no existía, podrían llevar el apellido 'fantasma'. Le vibró el reloj al francés, lo que hizo que, en un primer momento, los lusos celebraran el tanto, muy poco merecido, por cierto. La segunda, la que hizo que el marcador siguiera en tablas, fue la mano de Borja mientras volaba en una semichilena. La Cartuja volvía a respirar tras el infarto y el Betis, superado el susto, recuperaba el dominio con el hambre de siempre. Aunque lo tuvo todo a su favor, le faltó culminar antes de pasar por vestuarios.

Eso sí, se encargó de hacerlo nada más volver al césped Ez Abde, con una obra de arte en forma de parábola desde el pico del área, bien ajustadita. Fue la chispa que encendió la mecha, por si no estaba ya prendida. Cuatro minutos después, Anthony tuvo el segundo tras un error morrocotudo de Varela, que dio un pase horizontal cerca del área, pero su disparo raso y cruzado acabó estrellándose contra el palo.

El balón que sí acabó entrando fue el de Gabri Veiga, de falta. Por si quedaban dudas de que el partido había alcanzado su punto más álgido, el gallego se encargó de confirmarlo armando la tangana por su celebración. Eso sí, un auténtico golazo, por cierto. Y el siguiente del Oporto también llegó de otro conocido. Samu se encargó de propinar un latigazo en la ciudad que lo vio crecer.

Y si en la primera parte faltaron los goles, en la segunda los hubo a capazos. El siguiente fue obra del Cucho, que apareció en el mejor momento del Oporto para devolver la igualdad al marcador. El tercero llegó desde el punto de penalti, provocado por Ortiz tras una entrada de Moura. Isco se encargó de transformarlo desde los once metros para devolver a Sevilla una noche que añoraba y llevarse el duelo ibérico. Han tenido que pasar 21 años para que el Betis pudiera escuchar el himno de la Champions y mirar a Europa, ahora sí, ilusionado.