El horror del Valle de los Caídos analizado con arquitectura forense: "Nunca han cabido los 11 cuerpos registrados en las cajas diseñadas para 15 cadáveres"
Mientras una voz lee los números del registro (312, 313, 324...), otra responde con el nombre del allí registrado. En muchas ocasiones (cerca de 12.000 veces) la respuesta se limita a un escueto: "Desconocido". No se trata de una performance ni de una instalación más o menos artística, o más o menos cruel. La idea es agilizar sin errores la digitalización del listado de los 33.847 cadáveres según la cifra oficial. Todo discurre con la frialdad aséptica de las enumeraciones hasta que en un momento dado la voz de una de las lectoras se rompe y arranca a llorar. No es un giro de guion. Es simplemente que el guion se antoja insoportable. "La intención es desvelar la violencia ejercida también desde la propia arquitectura", comenta el director Manuel Correa para explicitar buena parte de la intención de Atlas de la desaparición, el documental presentado recientemente en DocumentaMadrid que no solo acompaña a algunos de los familiares de las víctimas en su largo proceso de duelo, sino que cuestiona el sentido de la propia pregunta sobre qué hacer con un espacio que antes que monumento es simplemente fosa común. Y lo hace, y aquí la novedad, con las herramientas de la denominada arquitectura forense. Hablamos de El Valle de los Caídos o Cuelgamuros. "Las familias prefieren Valle de los Caídos", precisa Correa.
De repente, ante los ojos deslumbrados del espectador, sale a la luz que en las cajas diseñadas para supuestamente albergar 15 cuerpos, solo se registran en la mayoría de ellas 11. Sin embargo, en algunas de éstas la documentación del registro de inhumaciones del propio Valle de los Caídos da fe de hasta 90 cadáveres. Mediante una detallada infografía en 3D entre la irrealidad y el sueño, se demuestra —última y espeluznante sorpresa— que ni siquiera esos 11 restos debidamente catalogados con caligrafía esmeradamente funcionarial tienen su sitio en esos ataúdes con aspecto de tétricos archivadores. "Como mucho entrarían los cráneos y algunos de los huesos más grandes como el fémur, pero nunca el esqueleto entero", comenta la voz de la actriz Sara Étienne que guía todo el relato de forma tan puntual y metódica como triste y demoledora. No diremos desapasionada porque cada palabra duele. La pregunta ahora es: ¿pero realmente hay 33.000 cuerpos?
Cuenta el director que el proyecto empezó en 2018. Fue entonces cuando Manuel Correa conoció a Silvia Navarro-Pablo, presidenta de la Asociación de Familiares Pro Exhumación de los Republicanos del Valle de los Caídos. El cineasta llevaba años trabajando con víctimas de desaparición forzada en Colombia mediante la utilización de las herramientas de la Arquitectura Forense. "A medida que empiezo a investigar, conozco a los familiares, accedo a los archivos y caigo en la cuenta de que una de las piezas menos tratada historiográficamente es la del arquitecto Diego Méndez responsable no solo el monumento sino, más importante, de diseñar y organizar lo que tenían que ser los osarios... Cuando voy a los archivos veo que es él el que 20 años después de que se terminara la basílica coordina los traslados de los cuerpos. Bajo mi punto de vista, él fue una figura en el franquismo muy parecida a la de Adolf Eichmann en el régimen nazi", dice Correa por aquello de poner en perspectiva su visión y su película.
La Arquitectura Forense es a la vez una técnica y un grupo de investigación multidisciplinaria con sede en Goldsmiths, Universidad de Londres, que utiliza técnicas y tecnologías arquitectónicas para investigar casos de violencia estatal y violaciones de derechos humanos. Entre sus muchos trabajos, uno de los más notorios consistió en recopilar y analizar en 2015 las grabaciones de teléfonos móviles de cientos de explosiones en la ciudad de Rafah, Gaza, durante el 1 de agosto de 2014. Mediante el análisis de la forma y el movimiento del humo, los investigadores localizaron y cartografiaron cientos de ataques en la ciudad. La investigación expuso la orden militar israelí conocida como la Directiva Aníbal. En este caso, se trata de representar y dar protagonismo a lo que no se ve de un lugar presidido por la mayor de las cruces y que, sin embargo, fue el objetivo primero de toda la construcción. "Recuerdo que la primera vez que hablé con un familiar, éste me detalló el lugar exacto en el que se encontraba su padre: 'Está en el nivel cero de la capilla del Santo Sepulcro en una caja, es de 60 por 30 por 120'. Lo que él me estaba facilitando de manera inconsciente era información arquitectónica. La arquitectura no es en absoluto neutral", recuerda Correa.
La película cumple con lo preceptivo de cualquier documental que se acerque al Valle de los Caídos que es dar fe primero de la memoria de los allí enterrados a través de la voz de sus familiares. Fausto Canales, Joan Pinyol o Mercedes Abril, que prometió a su madre agonizante que encontraría el cuerpo de su padre, son algunos de ellos. Y de la mano de ese rastreo en carne viva de un dolor que no cesa, poco a poco Atlas de la desaparición reconstruye con una fidelidad tan exhaustiva como solo aparentemente fría cada una de las cavidades de lo que, por encima de la monumental escenografía, no es más que una tumba colectiva. Contrasta el esmero de las imágenes tridimensionales y perfectas con el descuido extremo de la realidad donde los restos humanos se encuentran en muchos casos carcomidos por la humedad y caídos en el suelo como si ellos mismos, cráneos, costillas, tibias y vértebras fueran los mismos cimientos de la basílica y del propio franquismo.
"Para nosotros", ahora el que habla es el productor Jorge Caballero, "la tecnología digital empleada para reconstruir tanto el megalítico contenedor de cuerpos como el traslado de los cadáveres desde fosas comunes como la imposibilidad de meter más de 30.000 cuerpos en un espacio en el que no cabían sirve para humanizar el dato. Tantas veces se habla de lo digital como contrario a humano y aquí, el potsarchivo o contraarchivo, así lo llamamos, creado en postproducción cumple la función de dar sentido a las cifras". A su lado, el director recuerda la propia opinión de los familiares: "Las imágenes recreadas, según ellos mismos, dan la medida exacta de por qué es tan horrible ser víctima del Valle de los Caídos. Las imágenes demuestran y atestiguan por qué el Valle es esencialmente un lugar violento. Y por qué ese lugar es un espacio donde una reconciliación es imposible. Tanto las condiciones materiales como espaciales arruinan cualquier intento de entendimiento y pacificación allí".
Ya fuera de la película, un estudioso y experto en la materia como el historiador y catedrático de Historia de la Universidad Complutense de Madrid Gutmaro Gómez Bravo mantiene que demasiadas veces la sociedad "se ha centrado en lo de arriba, en el monumento", perdiendo quizá de vista su carácter esencial y brutal de fosa común. Para el estudioso, aún queda mucho por hacer y, lejos de la batalla política de todos los días, todo pasa por explicar debidamente la historia, por unificar el archivo que aún sigue disperso y por revertir lo que no duda en calificar como un fracaso colectivo de una sociedad incapaz de hacer suyo el conocimiento de su propia historia. "Siempre digo que hay que empezar por lo más básico, la cronología. Explicar un hecho es desactivarlo políticamente. Y por encima de cualquier consideración o diatriba política, el Valle de los Caídos es una enorme fosa común", dice.
"Cuando analizas el modo en que se hicieron los traslados de los cuerpos desde 506 fosas comunes de toda España (solo para transportar los 3.000 cadáveres desde Griñón, que está cerca de Madrid, en un camión de cuatro toneladas se hicieron 20.000 kilómetros), las condiciones arquitectónicas y el modo de conservación, la conclusión es que es imposible meter el Valle y su resignificación dentro de una visión democrática. El lugar no es lo que es a pesar de sus condiciones, digamos, espaciales. Es lo que es gracias a sus condiciones espaciales", concluye Correa. "3.324... Desconocido. 3.325... Desconocido".