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El impresionante shock psicodélico de James Turrell que deslumbra a los reyes de Dinamarca

· Culture

Estás en medio de Aarhus, segunda ciudad de Dinamarca. O mejor dicho: debajo de Aarhus. Olvida la realidad próspera y ordenada de las calles que circundan el ARoS Kunstmuseum. Olvida la gloria multicromática, allá arriba en la azotea, de Your Rainbow Panorama, el famoso mirador de 360 grados y cristales de colores ideado por Olafur Eliasson. Olvida ese arcoíris agradable y seguro donde los visitantes del Museo de Arte pueden pararse a mirar hacia afuera, hacia la catedral y la estación de tren, a través de un filtro de alegría rosada, violácea, anaranjada...

Has entrado en As Seen Below - The Dome (como se ve desde abajo-el domo), la pieza central en The Next Level, la expansión subterránea de ARoS, y lo que estás contemplando no es solo arte: es un ataque psicodélico a los nervios ópticos. El gran vacío cósmico, enterrado bajo el hormigón y extraído directamente del desierto de California.

El hombre detrás de la nueva instalación permanente del museo, inaugurada con notable retraso y elevado sobregasto este fin de semana, es James Turrell. Nacido en 1943 en Pasadena, al noreste de Los Ángeles, profeta y sumo sacerdote del movimiento Light and Space (luz y espacio), que en los salvajes años 60 redescubrió que no se necesitaba lienzo ni pincel para romper los moldes. ¿Para qué pintar la luz cuando se puede usar la luz?

As Seen Below - The Dome es su última creación, la más ambiciosa. Su Skyspace número 100. Están diseminados por todo el mundo, desde Nueva York hasta Canberra, pasando por Vejer de la Frontera, en Cádiz. As Seen Below se abrió al público el viernes en presencia de los reyes de Dinamarca, Federico X y Mary, pero sin su autor, lamentada ausencia de última hora debido a complicaciones de salud. Turrell, por lo menos, pudo recibir la visita de Federico hace cinco meses cuando estuvo en Aarhus supervisando los últimos detalles en la construcción del domo.

As Seen Below es esencialmente una cúpula monumental de 40 metros de diámetro y 16 de altura a la que se accede por un túnel luminoso. Con una apertura circular en el techo que enmarca el cielo. Aunque una descripción tan básica no puede hacerle justicia. Entras en un espacio aparentemente sin límites. Sin puertas, sin marcos clásicos. Estás envuelto. Es un minimalismo absoluto, aunque nada que ver con la aseada y fría blancura escandinava. Esto es una genialidad arquitectónica y tecnológica, donde las luces LED de última generación están ocultas de una forma tan enfermizamente perfecta en canales y curvas que no sabes dónde termina la pared y dónde empieza el techo. Turrell ha eliminado todas las esquinas. Literalmente. Paredes, suelo, techo...

Todo se funde en una nada blanca y perfecta. Sin sombras. Sin bordes. Absolutamente nada en qué fijar la mirada. Tu cerebro, ese aparato evolutivo acostumbrado a descifrar esquinas y distancias para sobrevivir, colapsa. Es el efecto Ganzfeld. El campo total. Flotas, miras, parpadeas, te quedas contemplando fijamente, pero el ojo no encuentra nada en qué enfocarse. ¿Tiene el espacio diez metros de profundidad o se extiende hacia la eternidad?

La luz cambia. No con un chasquido brusco, sino de forma lenta, fluida. De repente, te bañas en un azul marino profundo, muy característico de Turrell. Una frecuencia cósmica e intensa que baja las revoluciones por completo. El pulso cae. Como hundirse en un océano sin fondo de introspección y calma meditativa. El ojo tampoco puede enfocar en la oscuridad azul. El espacio se vuelve difuso, infinito, espiritual.

Los colores cambian. Las olas electromagnéticas golpean tu retina y ahora el espacio es rojo. Un rojo saturado, ardiente. Ya no es relajante: es una bofetada física. El sistema nervioso se despierta de golpe. El espacio, que antes se retiraba, ahora se contrae, presiona directamente contra la piel como una niebla cálida y densa. Es intenso, claustrofóbico, presencia pura.

Lo más impactante son las transiciones. Cuando el color rojo se apaga, tu cerebro sobreestimulado te engaña. Tus fotorreceptores gritan y, de repente, crees ver una postimagen, un color -verde neón o turquesa- que ni siquiera está en la habitación. Turrell obliga a tu propio cerebro a generar la obra de arte. Es la fenomenología en su forma más radical. Como en el famoso mantra de Turrell: no solo ves la luz, te ves a ti mismo ver (Seeing yourself see).

Es imposible no comparar este choque subterráneo con el famoso Your Rainbow Panorama de Olafur Eliasson en la azotea de ARoS. Pero mientras el mirador arcoíris del artista danés-islandés es el primo extrovertido y alegre que mira hacia Aarhus, colorea la realidad y te conecta con la ciudad, el domo de Turrell hace exactamente lo contrario. As Seen Below te succiona hacia el interior de la tierra. Corta por completo la conexión con el bombardeo visual constante de la vida cotidiana. Es una catedral cerrada, introvertida y casi sagrada para los sentidos. Una belleza que resulta sublime, imponente, abrumadora...

Así que olvida todo lo que creías saber sobre el arte en los museos. As Seen Below no cuelga de la pared. No existe allá adentro en la oscuridad. Nace de forma exclusiva y única justo ahí: en la intersección entre el espacio físico y tu propio sistema nervioso.

Por si fuera poco, ARoS rompe los viejos esquemas con nuevos e inusuales horarios de apertura. El sol dicta el espectáculo. Lo ideal es entrar al amanecer o cuando cae el crepúsculo, el momento en que la luz de la penumbra se mezcla con la tecnología de Turrell en un clímax cósmico sin igual. Las expectativas son enormes. Astrid Ildor, jefa de prensa y marketing de ARoS, dice que la nueva instalación supondrá un aumento de 100.000 visitantes anuales. Este verano, además, para que la experiencia mística sea completa, el museo exhibe también el trofeo de la Superliga de fútbol danesa conquistado por primera vez en 40 años por el orgullo local, AGF, la Asociación Gimnástica de Aarhus.