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El Mad Cool arranca en Madrid con una defensa del rock en todas sus formas

· Culture

Larga, larguísima vida al rock. Ese que araña el aire, que deja trazas de grandeza y despreocupación a partes iguales. El que vive del denim, del cuero y de riffs insolentemente estruendosos. El rock que se atreve, el rock canalla. Dicen por ahí que nunca murió, que sigue más vivo que nunca aunque muchos se empeñen en escribir su obituario. Sobre el escenario principal de la primera jornada de la décima edición del Mad Cool, ese género de rebeldía domesticada se dejó ver lo suficiente como para zanjar el debate.

The Warning, cabeza de cartel durante la noche del miércoles -junto a los británicos Wolf Alice y los ya legendarios Foo Fighters- inauguraron el escenario principal en un show modesto para la energía que insistieron en derrochar. La banda mexicana, formada en 2013 por las hermanas Villareal Vélez, abrió el set con More. "¿Están listos para rockear?", vociferó su vocalista, Daniela a un público que, lamentablemente estuvo a una larguísima distancia de compartir su entusiasmo. Convertidas en uno de los nombres más sólidos del nuevo rock internacional, The Warning atraviesa el mejor momento de su carrera. Tras conquistar escenarios de Europa y América y consolidar una creciente base de seguidores, el trío mexicano se ha ganado un lugar destacado en los grandes festivales del circuito.

Satisfied, Qué más quieres y Ego fueron algunos de los temas con los que arrancaron un concierto de poco menos de una hora. Con Ritual, su último lanzamiento y una de sus interpretaciones más exigentes -tema durante el que Paulina, batería, sufrió un desmayo durante un concierto en Berlín-, las hermanas ofrecieron una de las actuaciones más celebradas de su set.

Por los cinco escenarios repartidos por el Iberdrola Music de Villaverde pasarán más de 70 artistas en un festival de cuatro días que culminará durante la madrugada del domingo 12 de julio con la actuación de Pulp. La cita, que este año alcanza su mayor proyección internacional hasta la fecha, reúne a un 37 % de asistentes llegados desde fuera de España, principalmente de Reino Unido, Italia, Francia, Portugal, Estados Unidos y México, el porcentaje más elevado de su historia. El escenario principal congregó a la gran mayoría de asistentes desde primera hora, aunque el acceso al recinto y la circulación entre los distintos espacios se desarrollaron con normalidad, sin las típicas incidencias que tanto se suelen estilar año sí y año también.

Relevando a The Warning, Wolf Alice jugaron a crecer en directo. Bloom Baby Bloom ya arrancaba grande. Pero el cuarteto podía ser gigante. Lo sabía. Y lo fue. Con esa psicodelia setentera que saben llevar tan bien y les queda como un guante, y con un desparpajo que Ellis Rowsell marida con una virguería vocal impoluta (que sabe ensuciar cuando hace falta, sin miedo), los británicos se comieron el escenario. El cuarteto londinense lleva años construyendo ese ascenso: una nominación al Grammy por Moaning Lisa Smile, un BRIT al mejor grupo y el respaldo de haber compartido escenario -como teloneros o compañeros de gira- con nombres como Liam Gallagher, Foo Fighters o Harry Styles.

En 2022 se consolidaron con el premio a Mejor Artista Principal en los BandLab NME Awards, imponiéndose a figuras como Billie Eilish, y su paso reciente por festivales como Primavera Sound o Glastonbury no ha hecho más que confirmar su lugar. En Mad Cool, el terreno les es totalmente natural. Hay algo en su estética -denim, actitud, cierta despreocupación medida- y en su forma de habitar el escenario que encaja con la lógica del festival. Pero más allá de la pose, lo que sostiene su directo es una mezcla precisa de carisma y solidez musical. Son cool, absolutamente, pero también son otra cosa. Talento, si se quiere simplificar. Y en esa combinación, el resultado es un directo que convierte a sus integrantes en figuras casi ficcionadas, más personajes que personas durante algo más de una hora.

"¿Eres tan salvaje como yo?", preguntaban durante su mítico tema Bros, que desató una de las reacciones más entregadas del público. Aunque el broche de oro, sin duda alguna, fue Yuk Foo, cantada (¿gritada?) por una Rowsell empapada de pies a cabeza con un megáfono haciendo de micrófono y una actitud desbordante. ¿Que qué es el rock? Que se lo pregunten a ellos.

Desde el escenario secundario,The War On Drugs jugó a otro juego. Manteniéndose en la liga del rock alternativo y de la neo-psicodelia, los estadounidenses, decidieron probar la épica lenta. Menos show, más contención y el mismo grado de entrega. La banda de Filadelfia, fundada en 2005 por Adam Granduciel y Kurt Vile, encontró pronto su identidad en un rock de pulso amplio, guitarras que se expanden y canciones que crecen entre la tradición de Springsteen, Dylan y el rock de paisaje americano. Lost in the Dream y A Deep Understanding consolidaron ese imaginario y los situaron entre los nombres más respetados del indie rock contemporáneo.

Durante el concierto, Strangest Thing se alzó como uno de los momentos más dulces de la noche. Los interminables instrumentales que, por muy interminables que fuesen se podrían durar toda la noche, un Granduciel cantando que "ve el espacio entre la belleza y el dolor". Se podría decir que The War on Drugs son un grupo de hippies que hacen música. Lo dicen sus pintas, lo grita su actitud y en ocasiones, sus letras: "El amor es un fantasma en la distancia, inalcanzable". Un grupo de hippies que auguran una larga, larguísima vida al rock.