El Mundial da la espalda al cambio climático: nueve millones de toneladas de CO2 y excesiva dependencia del transporte aéreo
El Mundial de 2026 será con creces el evento deportivo con un mayor impacto ambiental en la historia, con la generación de al menos nueve millones de toneladas de CO2, casi el doble que el celebrado en Qatar y cuatro veces más que los Juegos Olímpicos de París. La huella de carbono equivaldrá a la de un país de casi un millón de habitantes como Chipre o a la circulación de 6,5 millones de coches durante un año, según estimaciones de Científicos por la Responsabilidad Global (SGR).
"La FIFA debe asumir su responsabilidad global ante la crisis climática", ha advertido Stuart Parkinson, director del informe de SGR que ha alertado sobre el coste ecológico del evento que se celebra por primera vez en tres países (México, Estados Unidos y Canadá). De acuerdo con estimaciones de la BBC, los aficionados de un equipo como Inglaterra podrían llegar a recorrer hasta 23.645 kilómetros para ver todos los partidos de su equipo si llega a la final (más de media vuelta al mundo).
"Estamos ante el evento más contaminante de la historia por su dependencia del transporte áereo y por otras actividades altas en carbono", advierte Stuart Parkinson. "Con la crisis climática agravándose, la FIFA debería pasar a la acción inmediata para reducir las emisiones, pero está haciendo justo lo contrario".
El cálculo anunciado en el momento de la candidatura era de 3,6 millones de toneladas de CO2, con la construcción de nuevos estadios y el transporte aéreo como mayores contribuidores. Las primeras estimaciones, en base a 80 partidos y no a 104, nunca se actualizaron y el evento siguió expandiéndose.
La promesa de Gianni Infantino de aprovechar el Mundial de 2026 para "crear nuevos estándares de sostenibilidad ambiental" se la ha llevado el viento, así como la "estrategia climática" de reducir la mitad de las emisiones en el 2030 y llegar a la neutralidad del carbono en el 2040. Cualquiera diría que Donald Trump ha contagiado el negacionismo climático al patrón de la FIFA, criticado también por tener como principal patrocinador a Aramco, la compañía saudí de gas y petróleo (el aumento de sus ventas por la publicidad podría traducirse en 30 millones de toneladas de CO2 adicionales).
Calor asfixiante
El informe de Científicos para la Responsabilidad Glonal recalca cómo 16 estadios son especialmente vulnerables y seis de ellos presentan riesgos de "calor extremo" en pleno verano. En el Mundial de 1994 se alcanzó una temperatura de 41 grados en un partido entre México y la República de Irlanda en Orlando.
Cinco ciudades donde se disputarán partidos este año (Nueva York/Nueva Jersey, Los Angeles, San Francisco, Dallas y Boston) han experimentado un aumento significativo de días por encima de los 32 grados en las últimas tres décadas. En 2023, una ola de calor disparó los termómetros por encima de los 44 grados de Miami a Monterrey, que se quedó cerca de los 50 y volvió a "achicharrarse" un año después.
Los científicos muestran su preocupación ante el hecho de que el Mundial de 2026 marque una nueva pauta de "gigantismo" en los eventos de la FIFA como la edición de 2030, que se disputará también en tres países (España, Marruecos y Portugal), con partidos extras previstos en Uruguay, Argentina y Paraguay, más una posible nueva ampliación del número de países participantes (aumentado ya en esta ocasión de 32 a 48).
La edición de 2034 en Arabia Saudí preocupa doblemente por el contrato de 11.000 millones de euros firmado por la FIFA con Aramco de aquí a esa fecha (comparable a la alianza que tuvo la UEFA con la compañía rusa Gazprom como principal promotor de la Champions). "Es un orgullo embarcarse en un maravilloso viaje con la FIFA para el desarrollo del fútbol", declaró el presidente de Aramco Amin Nasser, reforzando los vínculos seculares del deporte con el petrodólar a través de Emirates, Etihad o Qatar Airways (gentil sponsor del PSG).
"El fútbol puede inspirar una acción global ante el cambio climático, de la misma manera que ha hecho con cuestiones como el racismo o el sexismo", ha advertido por su parte Andrew Simms, al frente de Cool Down (la red del deporte para la acción climática). "Pero eso solo será posible si la FIFA deja de promocionar a las mismas compañías contaminantes que están calentando el planeta".
"Los directivos del fútbol están traicionando a los aficionados, a los jugadores y al futuro del planeta, promocionando el torneo más contaminante en sus 95 años de historia", agregó Simms. "Es casi inimaginable que la FIFA se asocie con una de las mayores compañías de petróleo: han encontrado un sponsor peor aún que el tabaco".
Los autores del informe urgen a aumentar la presión sobre la FIFA para poner fin a sus vínculos con compañías de combustibles fósiles, así como una "marcha atrás" en la política de expansión del torneo a varios países, el establecimiento de estándares ambientales obligatorios (y no compromisos voluntarios) en los países elegidos como sede y la introducción de medidas para reducir el riesgo y la exposición a impactos climáticos de los deportistas y de los aficionados.