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El premio Nobel de la Paz 2026 se moja al premiar la lucha de Navi Pillay contra los crímenes de guerra y el genocidio

La jueza de la Corte Penal Internacional (CPI) Navanethem Pillay, conocida como Navi Pillay ((Durban, Sudáfrica, 23 de septiembre de 1941), es la premio Nobel de la Paz 2026 "por sus esfuerzos para promover la paz y el derecho internacional". La academia sueca se ha mojado realmente en esta edición, destacando el trabajo de una mujer que concita aplausos unánimes entre activistas y defensores de las normas que aún nos rigen, pese al empeño de algunos en borrarlas. Por eso, con el mismo afán la odian los violadores de derechos humanos del planeta.  Empezando por los más poderosos y sin excepción. 

Cuando el propio tribunal donde hoy trabaja está cuestionado por el máximo poder del mundo, como es el de Estados Unidos, y sus principales aliados, como Israel, la figura de esta jurista tamil incómoda y peleona surge entre el barro, por encima de los ataques y las desacreditaciones, como un "ejemplo de coraje e integridad" en la lucha por los derechos humanos, contra los crímenes de guerra y el genocidio. "Ha marcado el camino hacia un orden jurídico mundial más completo", expone el jurado. 

Sí, Jørgen Watne Frydnesel, presidente del Comité Noruego del Nobel y portavoz de la institución, ha usado en Oslo esa palabra maldita, un delito señalado sin faltar ni una letra por el grupo de expertos de la Naciones Unidas que Pillay lideraba entre 2021 y 2025. Los informes que lo acreditan llevan su sello. "La Comisión determina que Israel es responsable de la comisión de genocidio en Gaza", declaró Pillay en septiembre de 2025. "Está claro que existe la intención de destruir a los palestinos de Gaza mediante actos que cumplen los criterios establecidos en la Convención sobre el Genocidio".

Premiar a Francesca Albanese, relatora especial de la ONU sobre los territorios palestinos, hubiera sonado demasiado político y partidista para la habitualmente templada academia, pero optar por Pillay supone también hacer justicia por ese flanco, al poner el foco en los mismos valores y luchas, abriendo más el foco, y golpeando en los morros, igualmente, de quienes pretenden hasta cerrar la CPI. 

Es ella y son las Naciones Unidas, para las que lleva décadas trabajando, en un tiempo de enorme cuestionamiento de su nececidad y del multilateralismo. Sus jueces de La Haya, en particular, son diana preferente. El pasado verano, por ejemplo, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, anunció una campaña de todo el Gobierno para "desmantelar" la amenaza que, según dijo, representa la Corte y neutralizar su capacidad para investigar o procesar a militares, funcionarios y dirigentes de su país. Una "amenaza intolerable", la llamó.

Más aún: EEUU ha sancionado a tres fiscales y ocho jueces de la Corte Penal Internacional por investigar los crímenes que han podido cometer no sólo "personas de Estados Unidos" sino también algunos de sus aliados, como Israel, lo que incluye a su primer ministro, Benjamin Netanyahu.

En Oslo no piensan igual sobre una de sus componentes, y si no, lean: "En un momento en que aumenta el número de guerras y conflictos, y en que los jueces y las instituciones del derecho internacional son objeto de ataques políticos, el Comité Nobel desea recordar que la capacidad de resolver conflictos sin recurrir a la fuerza ni a la violencia depende del Estado de derecho internacional", señaló el comité en un comunicado de prensa. "Un sistema jurídico internacional en el que se exijan responsabilidades a los criminales de guerra y se haga justicia a las víctimas de abusos es una condición previa para un mundo pacífico", añade el argumentario del Nobel, que este año había recibido 287 candidaturas para esta sección.

Y más: "En históricos casos ante tribunales internacionales, Navi Pillay ha demostrado que las medidas jurídicas pueden ayudar a prevenir actos de guerra y violencia. Asimismo, ha contribuido a fortalecer las instituciones del derecho internacional. Su independencia, experiencia y firmeza la han convertido en una de las juristas internacionales más respetadas de nuestro tiempo".

Frydnesel, ya en rueda de prensa, ha advertido de que el derecho internacional está sometido a una enorme presión y que cada vez gana más terreno lo que describió como una "política de poder". "Cuando la fuerza se impone a la razón, socava la estabilidad", añadió. Frente a eso, personas como la galardonada, que ha trabajado para que los Estados y sus dirigentes respondan por sus actos y ha ofrecido esperanza a las víctimas.

La magistrada estaba participando en un foro legal en Nuremberg (Alemania), cuando le dieron la noticia del premio. Un vídeo difundido en redes por la presidenta de Amnistía Internacional, Agnes Callamard, la muestra sorprendida y emocionada ante los aplausos de sus colegas. "Debe de ser una broma. ¿Estáis seguros?", ha dicho Pillay. Lo cierto es que tenía una llamada desde Noruega, pero no sabía si era cierto. "Si aplaudís un poco más, tal vez comparta este premio con Trump", ha bromeado, incluso. 

"Lo último que he hecho fue el informe sobre Gaza, que concluía que lo que está pasando allí es un genocidio. Me han felicitado por mi valentía. Os imagináis qué sorprendida me quedé. ¿Por qué necesito valentía para decir la verdad?", ha enfatizado un discurso improvisado, subrayando la "imparcialidad" de los jueces. El comentario ya retrata al personaje. 

En carne propia

Pillay sabe de lo que habla cuando expone las injusticias del mundo porque las experimentó en carne propia, víctima de uno de los regímenes más segregacionistas de la historia contemporánea: aunque es sudafricana, nación en el seno de una familia originaria de Sri Lanka, tamil. Por eso, suele explicar, es que ha dedicado su carrera a desmantelar la injusticia y a edificar un andamiaje legal internacional centrado en los derechos humanos.

Hija de un conductor de autobús, su camino académico y profesional es una sucesión de hitos logrados frente a la adversidad. Formada en la Universidad de Natal, donde obtuvo sus títulos de grado en 1963 y 1965, posteriormente cruzó el Atlántico para estudiar en la prestigiosa Escuela de Leyes de Harvard. Tras obtener una maestría en 1982, hizo historia en 1988 al convertirse en la primera persona sudafricana en lograr un Doctorado en Derecho por esta institución. También fue la primera mujer negra en abrir un bufete de abogados en su provincia sudafricana.

En su país de origen, Pillay ejerció una intensa labor como abogada contra el Apartheid. Su lucha fue transversal: incluyó la militancia sindical y una férrea defensa de las mujeres. Cofundó la organización no gubernamental internacional Equality Now y trabajó incansablemente en favor de la infancia, las víctimas de violencia doméstica, los presos políticos y los sobrevivientes de torturas.

Sin techo, con compromiso

Con la llegada de la democracia a Sudáfrica, su impecable trayectoria encontró reconocimiento institucional. En 1995, el histórico presidente Nelson Mandela la nominó como jueza del Tribunal Superior de Sudáfrica, marcando un hito al convertirse en la primera mujer no blanca en acceder a dicho cargo.

Su salto a la esfera internacional ocurrió ese mismo año. Entre 1995 y 2003, Pillay sirvió como jueza del Tribunal Penal Internacional para Ruanda, órgano que llegó a presidir entre 1999 y 2003. Allí presidió el primer fallo internacional que determinó que se había cometido un genocidio de acuerdo a los criterios establecidos en la Convención de Genocidio de 1948. "Además, ese fallo determinó que la violación puede constituir un acto de genocidio, reformulando así el derecho internacional humanitario y promoviendo la justicia para los sobrevivientes de la violencia sexual en los conflictos", recuerda EFE.

A esta experiencia le siguió su labor como jueza en la Corte Penal Internacional en La Haya (2003-2008), consolidando su papel en las más altas instancias de justicia global. Recientemente, ha fungido como jueza ad hoc de la Corte Internacional de Justicia en el caso de Gambia contra Myanmar.

En septiembre de 2008, Pillay asumió el que probablemente sea su rol más visible mundialmente: Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, sucediendo a Louise Arbour y ocupando el puesto hasta agosto de 2014. Durante su mandato, destacó por una visión profundamente integradora, siendo signataria en 2012 del documento Born Free And Equal, una guía crucial sobre la orientación sexual y la identidad de género en el derecho internacional de los derechos humanos. Le tocó denunciar violaciones en conflictos como los de Siria, Palestina y Sri Lanka e impulsó la rendición de cuentas por crímenes de guerra.

El 31 de agosto de 2014 abandonó el cargo tras seis años de servicio, no sin antes reprochar al Consejo de Seguridad de la ONU haber fallado a los sirios al no haber logrado parar la violencia ni investigar los crímenes cometidos. Fue sustituida por el príncipe jordano Zeid al Husein.

En 2021 pasó a dirigir la Comisión Internacional Independiente de Investigación de las Naciones Unidas sobre los Territorios Palestinos Ocupados. El 8 de julio de 2025 anunció que dejaría esta comisión en noviembre de ese años por motivos de edad, salud y compromisos personales, después de expresar que fue "un honor" presidir la comisión desde su inicio. Al anunciar su renuncia, Pillay recordó que cuando aceptó esta responsabilidad dijo que sería por dos años y habían pasado cinco, negó que tuviera que ver con algún temor a Israel y subrayó que su carta de renuncia fue anterior a las sanciones que Israel y Estados Unidos adoptaron contra Albanese, que tanto le han complicado la vida.

En diciembre del pasado año, en una entrevista concedida a EFE, Pillay aseguró que el conflicto de Gaza fue "el más desgarrador" que le tocó analizar, y subrayó que uno de los desafíos que planteó la elaboración del informe fue "la negativa de Israel a permitirnos entrar en su país y en los Territorios Palestinos para investigar".

El compromiso de la nueva Nobel con las causas de las mujeres ha sido siempre contundente. En sus propias palabras: "Es ciertamente motivo de indignación que más de medio millón de mujeres mueran anualmente por complicaciones relacionadas con el embarazo y el parto... un reflejo directo de la falta de empoderamiento de las mujeres en la vida social, económica y política""

Hoy en día, su activismo y su influencia se mantienen intactos. Pillay es presidenta de la Comisión Internacional contra la Pena de Muerte, ha liderado la Comisión de Investigación de la ONU sobre el Territorio Palestino Ocupado y forma parte del grupo GWL Voices, así como de la Comisión sobre Información y Democracia impulsada por Reporteros Sin Fronteras (RSF). Reconocida con distinciones como el Premio Gruber a los Derechos de las Mujeres, la Medalla Otto Hahn por la Paz y la Medalla de Honor Ruth Bader Ginsburg de la World Jurist Association, la biografía de Navi Pillay es el retrato de una vida consagrada a la equidad y la dignidad humana.

Euforia en la ONU

Como era de esperar, Naciones Unidas ha felicitado este viernes a la Premio Nobel 2026, destacando su implicación en la defensa de los derechos humanos, tanto al frente de instituciones de la ONU como en tribunales internacionales. "Toda su trayectoria profesional es un testimonio de su compromiso con los derechos humanos", destacó la portavoz de la ONU en Ginebra, Alessandra Vellucci, minutos después de que se anunciara el galardón.

Su homóloga en la Oficina de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Shabia Mantoo, agregó que el reconocimiento a Pillay "demuestra la necesidad y el valor de los derechos humanos en este mundo, más que nunca".

Es una verdadera muestra de lo que se necesita ahora, y esperamos que sirva para animar, alentar e inspirar a otras personas a alzar la voz en defensa y promoción de los derechos humanos de todas las personas en todo el mundo", agregó la portavoz de la oficina, de la que la propia Pillay fue alta comisionada entre 2008 y 2014. "En nombre de la oficina y de los compañeros que han trabajado con ella, quiero felicitarla por este premio", agregó la portavoz.

El Nobel de la Paz de este año asciende a 12 millones de coronas suecas, que al cambio es algo más de un millón de euros. La ceremonia de entrega de las distinciones está prevista para el 10 de diciembre en Oslo, la capital noruega, en el aniversario de la muerte del industrial sueco Alfred Nobel, fundador de estos galardones.

La líder de la oposición venezolana, María Corina Machado, fue quien recibió el premio en 2025 por su lucha por lograr una transición democrática en Venezuela.

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