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El salvaje oeste electoral: la manipulación de distritos en las 'midterms' que cambian mucho en EEUU

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Las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, las famosas midterms, siempre han servido como un referéndum crítico sobre el presidente de turno y como un termómetro de la voluntad política del país. Sin embargo, este año, por encima de los debates domésticos y las prioridades de agenda de cada territorio, gran parte de la batalla por el control del Congreso ya se ha librado -y en algunos casos, decidido- mucho antes del día de las elecciones. Sí, antes del 3N, del supermartes, el rediseño de los mapas electorales ya ha dejado algunas cosas claras este 2026. 

El fenómeno de la manipulación de distritos, conocido en inglés como gerrymandering, no es nuevo en absoluto, pero en esta ocasión la práctica ha alcanzado niveles, sin precedentes, y todo gracias a una redistribución ordenada por el presidente, el republicano Donald Trump, para arrimar el ascua a su sardina. Reconfigura el poder, altera la representación racial y lleva a las áreas más competitivas casi a la extinción. Una manera de compensar la posible pérdida de apoyos de su movimiento, el MAGA, vistas las políticas que emanan de la Casa Blanca. Eso sí que es truco o trato. 

¿Gerryqué?

Si queremos entender el impacto de los remozados mapas electorales, antes hay que repasar el rediseño de distritos y en qué momento este proceso administrativo se pasa de la raya se convierte en esto del gerrymandering.

De acuerdo con el Brennan Center for Justice, cada diez años, tras la elaboración del censo nacional, los estados deben volver a trazar los límites de sus distritos para la Cámara de Representantes y para sus propias legislaturas estatales. El objetivo de este proceso, legítimo, es adaptar el mapa a los cambios demográficos, asegurando que cada distrito tenga un número equitativo de habitantes. En teoría, esto materializa el ideal democrático de "una persona, un voto", garantizando que las comunidades tengan una representación equitativa. Un movimiento natural con la población. 

Pero cuando el rediseño es secuestrado por intereses partidistas... entonces se transforma en otra cosa. Se troca en una práctica por la cual el partido que controla la legislatura estatal manipula los límites de los distritos para maximizar sus propias ventajas electorales y minimizar las de sus oponentes. El resultado es una "inversión democrática", dicen los analistas del tanque de pensamiento norteamericano: en lugar de que los votantes elijan a sus políticos, son los políticos quienes eligen a sus votantes.

Más palabros: fraccionar y amontonar 

Existen dos tácticas matemáticas y geográficas básicas para acometer esta manipulación, que no son mutuamente excluyentes y suelen emplearse en conjunto, de hecho, para lograr un efecto devastador en la oposición, ahonda el Brennan. 

La primera consiste en fraccionar (cracking), esto es, dividir un bloque de votantes de la oposición, ya sea por afiliación política o demográfica, en varios distritos diferentes. Al diluir esa masa, se asegura que nunca alcancen la mayoría en ninguno de los nuevos distritos, desperdiciando así su fuerza electoral.

Luego está la idea de amontonar (packing), que es la táctica opuesta. Consiste en concentrar a la mayor cantidad posible de votantes del partido opositor en un número muy reducido de distritos. El rival ganará esos pocos escaños por márgenes abrumadores (por ejemplo, con el 80% o 90% de los votos), pero a costa de vaciar de votantes opositores a los distritos circundantes, dejando el resto del mapa en manos del partido que diseña los límites.

El término gerrymandering nace en 1812, en honor a Elbridge Gerry, gobernador de Massachusetts y firmante de la Declaración de Independencia de EEUU, quien aprobó un distrito electoral con forma de salamandra para beneficiar a su partido (el entonces Demócrata-Republicano). La diferencia en el contexto actual es el uso de la tecnología. Hoy en día, los estrategas políticos no dibujan mapas a mano, sino que utilizan enormes bases de datos sobre el comportamiento electoral, hábitos de consumo y algoritmos de inteligencia artificial para trazar líneas con una "precisión quirúrgica". Los ordenadores generan decenas de miles de mapas posibles y los políticos simplemente eligen aquel que les garantiza el control absoluto bajo casi cualquier escenario electoral.

Una reconfiguración sin precedentes

El ciclo electoral de mitad de mandato llega en ambiente de profunda polarización. En 2024, los republicanos lograron una estrecha mayoría en la Cámara de Representantes (220-215). Mantener o arrebatar ese control es el objetivo primordial de ambos partidos. Según el análisis de The Associated Press (AP) de los mapas actuales, aproximadamente un tercio de los distritos de la nación han sufrido algún nivel de rediseño para este ciclo. Unos niveles nunca antes alcanzados. 

Tradicionalmente, los mapas sólo se alteran inmediatamente después del censo. Sin embargo, en los últimos años se ha desatado una tendencia de "redistribución de distritos a mitad de década". Impulsados en gran parte por figuras líderes del partido (como el presidente Trump presionando a legislaturas estatales de tendencia conservadora), los estados liderados por republicanos como Alabama, Florida, Luisiana, Carolina del Norte, Ohio, Tennessee y Texas han impulsado la reescritura de sus mapas electorales para blindarse contra posibles pérdidas en las midterms.

La respuesta demócrata ha sido rápida. En California, el partido reaccionó cambiando mapas para atacar escaños controlados por el Partido Republicano, buscando neutralizar las ganancias conservadoras de Texas. En otros lugares, como Utah e Illinois, los demócratas también utilizaron tácticas similares o se beneficiaron de fallos judiciales para consolidar victorias. Esta carrera del recorta, pinta y colorea a tu antojo ha elevado las tensiones institucionales en EEUU a un nivel sin muchos precedentes en una campaña como esta, a dos años de las presidenciales.

El desplazamiento matemático

Los datos -apasionantes- de AP sobre los mapas de este año revelan el sutil pero impactante cambio nacional. Tras el rediseño, el "escaño mediano" (el distrito número 218 que marca el punto de inflexión para el control de la Cámara) experimentó un giro hacia la derecha. Antes de este ciclo, el escaño mediano era el Distrito 1 de Arizona. Tras los ajustes territoriales, el punto de inflexión pasó a ser el Distrito 1 de Wisconsin. Matemáticamente, esto significa que el distrito promedio de la Cámara se volvió 1,4 puntos porcentuales más favorable para el Partido Republicano.

Aunque a simple vista puede parecer un desplazamiento menor, en una Cámara de Representantes decidida por apenas cinco escaños de diferencia (según los datos aportados por los informes de expertos como el Council on Foreign Relations), este sesgo estructural puede ser la diferencia entre gobernar el país o ser la oposición durante los próximos dos años.

Medir los resultados electorales la misma noche de los comicios va a ser una locura para la prensa. Con nuevas fronteras, es difícil comparar el desempeño de un partido respecto a convocatorias pasadas, porque la composición de los distritos ha mutado drásticamente. 

La agonía de los distritos competitivos

Uno de los efectos colaterales más tóxicos del gerrymandering es la sistemática desaparición de los distritos electorales competitivos o "indecisos" (los famosos swing districts). Un escaño competitivo suele definirse como aquel en el que el margen de victoria presidencial anterior fue de cinco puntos porcentuales o menos. Durante décadas, tras la Segunda Guerra Mundial, el número de estos distritos fue reduciéndose lentamente por la polarización y la tendencia de los norteamericanos a mudarse a comunidades afines (las zonas urbanas volviéndose sólidamente demócratas, las rurales republicanas). Sin embargo, el rediseño intencional ha acelerado esta caída al abismo.

Según Univision, en 1964 existían 96 escaños en la Cámara que encajaban en la definición moderna de "distrito competitivo". Para el ciclo previo a estas midterms, el número ya había caído a 45. En las actuales elecciones, la cifra ha descendido a 37 distritos. Esto significa que más del 90% de la Cámara de Representantes está conformada por escaños seguros para uno u otro partido, decididos mucho antes de que se emita el primer voto en la elección general.

Es especialmente representativo el caso del 13.º distrito de Carolina del Norte. En 2022, el demócrata Wiley Nickel, presentándose como moderado, ganó el escaño en una elección reñida con una ventaja de apenas 9.000 votos. Se trataba de uno de los últimos distritos genuinamente indecisos del sur del país. Dos años después, en el preámbulo de los comicios de la semana que viene, la legislatura de Carolina del Norte (bajo control conservador) rediseñó el mapa. Transformó la forma rectangular del distrito en una configuración de "reloj de arena". Lo que hizo fue aplicar una maniobra clásica de exclusión: extrajeron a los demócratas de la ciudad de Raleigh y los sustituyeron por residentes de condados rurales que se extienden hasta la frontera con Virginia.

El resultado fue inmediato: para este ciclo, el político republicano Brad Knott ha logrado el escaño (o ha quedado proyectado para hacerlo, mejor dicho) con una ventaja de más de 70.000 votos, mientras que Nickel ni siquiera buscó la reelección, al darse cuenta de que la demografía del nuevo mapa le hacía imposible retener su cargo. Los votantes no cambiaron de opinión; fueron los políticos quienes cambiaron a los votantes.

La muerte de los distritos competitivos tiene un impacto corrosivo en la dinámica legislativa del país. Si un legislador representa un distrito seguro donde su partido tiene garantizada la victoria en la elección de noviembre, su única amenaza real es perder las primarias de su propio partido contra un candidato más radical. Fin.

Esto obliga a los políticos a gobernar para los extremos de su base electoral, en lugar de buscar consensos en el centro. El bien general. Unite America denuncia que el 87% de los representantes elegidos recientemente fueron seleccionados, de manera efectiva, en las primarias, por apenas el 7% de los votantes del país. Un sistema sin competencia general causa, en palabras de los expertos, "el Congreso menos responsable y menos representativo que hayamos conocido". La división principal en el Congreso hoy no es entre demócratas y republicanos, sino entre "escaños seguros" y "competitivos".

Racial y partidista: el rol de la Corte Suprema

Y luego está la profunda dimensión racial del asunto. De acuerdo con el Brennan Center, históricamente y en el presente, combatir el poder político de las comunidades minoritarias ha sido un elemento fundamental en el trazado de los mapas. A menudo, la raza y la afiliación política en EEUU están estrechamente correlacionadas. Por ejemplo, una abrumadora mayoría de votantes afroamericanos tiende a votar demócrata. Eso ha permitido que el partidismo se utilice como un escudo legal para encubrir "la dilución del poder del voto de las minorías".

En el pasado, la Ley de Derecho al Voto y la Constitución de EEUU sirvieron de barrera contra la discriminación racial en el rediseño distrital, forzando la creación de distritos de "mayoría-minoría" (donde los votantes no blancos son mayoría y pueden elegir a un representante de su preferencia). Sin embargo, dos fallos de la Corte Suprema de EEUU han cambiado las reglas del juego drásticamente de ahora. 

En uno, la Corte dictaminó que, si bien el gerrymandering partidista es incompatible con los principios democráticos, es una "cuestión política" que está fuera de la jurisdicción de los tribunales federales. Esto dio carta blanca a los estados para manipular descaradamente los mapas por razones políticas. En otras recientes decisiones de las cortes se han diluido las protecciones que obligaban a considerar la raza para proteger a minorías desfavorecidas. Al fallar que los mapas ya no requieren considerar la raza como factor imperativo para salvaguardar la equidad, se abrió la puerta al desmantelamiento de distritos históricos afroamericanos y latinos.

El impacto demográfico en los nuevos mapas

El proyecto de datos de AP News ilustra cómo estos fallos transformaron el panorama racial del electorado estadounidense. Al ampararse en el pretexto legal de la "manipulación partidista legal" (para evitar la etiqueta de "manipulación racial ilegal"), varias legislaturas deshicieron importantes distritos de minorías.

Vamos a Tennessee, al distrito 9: tras el rediseño posterior a fallos como Callais, la proporción de población no blanca (mayoritariamente afroamericana) en este distrito se desplomó del 71% a apenas el 38%. ¿A dónde fueron esos votantes? Fueron "fraccionados" y esparcidos entre los distritos vecinos circundantes. Como resultado, por primera vez en décadas, todos y cada uno de los nueve distritos congresionales de Tennessee pasaron a ser de mayoría blanca.

En Carolina del Sur, el Brennan Center documenta cómo los legisladores alteraron el distrito costero de la republicana Nancy Mace para eliminar un gran número de votantes afroamericanos en Charleston. Cuando las organizaciones civiles demandaron, el Estado argumentó con éxito ante la Corte Suprema que no estaban discriminando por raza, sino simplemente intentando hacer el distrito más republicano por razones partidistas.

Y en California, en el distrito 42, en una zona dominanda por demócratas, los rediseños también afectaron la composición racial con el fin de asentar posiciones partidistas. En el distrito 42, la población no blanca disminuyó del 75% al 47%.

La tendencia nacional es clara: los distritos que se volvieron más blancos (aumento demográfico de raza caucásica) tendieron a desplazarse hacia los márgenes de Trump, mientras que los distritos donde aumentó la diversidad racial se consolidaron o movieron hacia la vicepresidenta y candidata demócrata Kamala Harris. En total, se eliminaron al menos tres importantes distritos de mayoría-minoría solo en los estados del sur para este ciclo electoral.

Repercusiones tangibles

Este mercadeo es mucho más que un concepto académico, porque tiene repercusiones tangibles, financieras y prácticas en cada ciclo electoral. 2026 no es la excepción. El rediseño fuerza a los partidos a replantear la inversión de sus recursos. Los demócratas han evitado el peor de los escenarios posibles gracias a batallas legales y contraataques en estados como California, pero el gerrymandering republicano ha logrado un objetivo táctico vital: limitar las ganancias opositoras.

Al reconfigurar el mapa, legisladores demócratas consolidados se encontraron repentinamente defendiendo escaños en territorios que habrían votado por Trump por amplios márgenes. Cita AP el caso del Representante demócrata Don Davis en el 1.º Distrito de Carolina del Norte como paradigmático. Su distrito pasó de tener una ligera inclinación demócrata a un sesgo pro-Trump de casi 12 puntos. Para defender este único escaño, el partido se vio obligado a gastar más de seis millones de dólares en publicidad y campaña. Esto significa que millones de dólares que podrían haberse utilizado para atacar a republicanos vulnerables en otros estados, tuvieron que ser quemados simplemente para no perder posiciones defensivas. 

Desde la perspectiva ciudadana, organizaciones activistas como AARP advierten sobre un efecto inmediato de esta inestabilidad: la profunda desorientación cívica. Cada vez que se reescribe un mapa a mitad de década, las fronteras cambian. Un ciudadano que votó en una escuela específica por un representante determinado en 2024, de repente descubre dos años después que su colegio electoral ha sido movido, que pertenece a un nuevo distrito y que se le pide votar por candidatos que desconoce por completo. Esta alteración constante fomenta la apatía, se socava el nivel de participación electoral general.

A nivel federal, la posibilidad de prohibir esta práctica existe. El Congreso tiene la facultad constitucional de establecer normas unificadas para las elecciones federales. Sin embargo, el esfuerzo más importante para erradicar el gerrymandering partidista, la Freedom to Vote Act, fue aprobada por la Cámara de Representantes en 2022, pero fracasó en el Senado debido a tácticas parlamentarias de obstrucción. El famoso filibusterismo de las series sobre el poder washingtoniano. 

La medida habría prohibido la reasignación de distritos a mitad de década, habría requerido transparencia estandarizada en los algoritmos y habría mejorado las protecciones para votantes de minorías raciales. Queda el salvaje oeste" del diseño electoral. Además, el ciclo de rediseños no terminará aquí. Al ver que ambos partidos han descubierto los réditos políticos a corto plazo de esta "carrera armamentista" institucional, es probable que aquellos legisladores que ganen mayorías estatales en estas elecciones vuelvan a alterar los mapas para los comicios presidenciales de 2028, perpetuando un círculo vicioso de politización cartográfica.

De momento, todo esto ocurre en una elecciones de mitad de mandato cruciales no sólo para EEUU sino para el mundo, ya que el Congreso maneja el poder del presupuesto, dicta la ayuda exterior militar (clave en conflictos en Europa Oriental y Medio Oriente) y actúa como el principal contrapeso al poder ejecutivo.

La competencia política tradicional, medida por las propuestas de los candidatos y el cambio de opinión pública en las urnas, está siendo reemplazada por la ingeniería territorial. Lo de que "el poder reside en el pueblo" es una frase cada vez menos literal.