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En Austin puede haber campeón

En Austin puede haber campeón

La última vez que un piloto italiano ganó el título mundial de Fórmula 1, solo habían pasado ocho años desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Ni el brillante precedente de Giuseppe Farina, que ganó el primero, ni la eterna presencia de Ferrari en la competición lograron dar más títulos a los pilotos del país transalpino. De hecho, Alberto Ascari no solo fue el último italiano en proclamarse campeón: fue el único en hacerlo con Ferrari. Pese a ser el equipo más laureado y haber contado con 25 pilotos italianos a lo largo de su historia, solo Ascari logró la conjunción perfecta de ser italiano y ganar vestido de rojo.

Kimi Antonelli no corre para Ferrari, y quizá ese sea su principal defecto para unos aficionados italianos que, históricamente, siempre han apoyado más a la scudería que a sus pilotos. Sin embargo, la tendencia está cambiando. Puede que los tifosi más veteranos y puristas sigan dolidos porque Kimi ganó en Italia subido a un Mercedes, pero hay una nueva audiencia que crece de forma exponencial y que vibra delante del televisor con las carreras del joven piloto italiano. Cerca de tres millones de espectadores de media en 2026 y récord en Monza con cuatro millones y medio.

A falta de seis carreras, Kimi tiene el título en el bolsillo. Con una conjunción planetaria de talento, confianza, suerte y errores de la competencia, llegará al próximo Gran Premio, en Estados Unidos, con la posibilidad matemática de proclamarse campeón. Por ahora, sus opciones en Austin son muy pequeñas, apenas un 2 %, pero da igual: si no es allí, será en México, y si no, en Brasil. Pero Antonelli será campeón.

Es posible que no vuelva a ganar este año, pero eso ya tampoco importa. Este niño con cabeza de adulto ha sabido adaptar cada carrera a las necesidades del momento. Si puede ganar, gana. Si vencer supone asumir un riesgo excesivo, minimiza daños y no se mete en líos. Así, Kimi resulta imparable: catorce podios en diecisiete carreras, ocho de ellos victorias. Ha puntuado siempre, salvo cuando el motor le obligó a abandonar en Barcelona y cuando un fallo aerodinámico le condenó en Silverstone. En Singapur, de puntillas y sin hacer ruido, en un fin de semana mediocre en el que Mercedes no era el equipo más fuerte, terminó tercero y amplió la distancia con sus rivales más inmediatos, George Russell y Lewis Hamilton: 102 puntos de ventaja sobre su compañero y 111 sobre el piloto de Ferrari. Si Antonelli sale de Austin con 125 puntos de ventaja sobre ambos, se llevará de Texas su primer título bajo el brazo.

Max Verstappen ha llegado a la fiesta demasiado tarde. Es cuarto en el campeonato, a 119 puntos del líder, una distancia insalvable incluso para él. Después de un año gris de Red Bull, con un coche que durante buena parte de la temporada ha estado muy lejos de Mercedes, e incluso de Ferrari y McLaren, hoy tiene el coche más rápido. Suma dos victorias consecutivas desde las mejoras introducidas en Bakú. Ha ganado en dos circuitos completamente diferentes y en Singapur nadie pudo con él: fue el más rápido en las dos clasificaciones, ganó la carrera sprint y se llevó el Gran Premio liderándolo de principio a fin. Max ha llegado, pero demasiado tarde. No luchará por el Mundial, aunque seguro que pondrá picante a las últimas carreras. Ya ha superado a Charles Leclerc en la clasificación y está a 8 puntos de Hamilton y a 17 de Russell. Visto lo visto, y conociendo el hambre habitual del depredador, que nadie descarte que Max acabe siendo subcampeón.

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