Esnaider Meléndez, 35 años, rescatista voluntario en Venezuela: "Esto no va de dinero. Va de salvar vidas"
Venezuela sigue buscando milagros entre los escombros que dejó el doble terremoto de hace dos semanas. El país llora los más de 3.500 fallecidos, con aún un número amplio de heridos y de personas sin rescatar, por lo que las autoridades temen que la cifra final de víctimas sea todavía más amplia.
El dolor y el caos de estos días en Venezuela se han topado con una figura clave, la de los rescatistas, tanto nacionales como venidos del extranjero —entre ellos un importante despliegue procedente de España—, para intentar salvar vidas y encontrar los cuerpos de los afectados. Entre ellos está Esnáider Meléndez, un rescatista voluntario de 35 años, que ha hablado con The Guardian.
Esnáider no es profesional ni pertenece a ningún organismo de salvamento. Es simplemente un ciudadano que ha decidido dejar a su mujer y sus cuatro hijos a buen recaudo en la capital del país, Caracas, para ir a echar una mano a la zona cero. Cualquier ayuda es buena y si viene con la actitud positiva de él y otros compañeros, más aún. A ellos se les denomina 'topos', por su labor de búsqueda 'bajo tierra' y en condiciones de escasísima visibilidad.
"No se trata de dinero. Se trata de salvar vidas", explica este ciudadano, que mantiene su fe en hallar más personas con vida bajo montañas de escombros. Como pasó con Hernán, un rescate al filo del milagro.
La denominación 'topo' que reciben voluntarios bienintencionados viene de México, otro país con amplio y triste historial de terremotos mortales. Fue en 1985 cuando a raíz del devastador seísmo de 8'1 que provocó la muerte de más de 20.000 personas cuando surgió un grupo civil de búsqueda y rescate que rápidamente pasó a denominarse los 'Moles mexicanos', traducción de topos.
Esta unidad de ciudadanos sin formación pasó a convertirse en un grupo altamente capacitado y pionero en técnicas de rescate que resultó clave en los terremotos de Haití en 2010 o del Índico en 2004.
En Venezuela, en pleno drama, se está viendo la mejor dimensión del ser humano. Los testimonios a The Guardian recogen historias de hombres comunes que "han pasado de ser agricultores a ser topos por el amor que sienten por mi hija”, como apunta Adolfo.
Su hija yace bajo los escombros de Costa Brava, en La Guaira, y en reconocimiento al trabajo de estos "héroes", quiere que los medios "cuenten esta historia para que el mundo sepa de qué estamos hechos los venezolanos, hermanos". "Somos un pueblo unido, muy unido. Pobres, humildes, sin educación y de origen humilde, pero unidos. Y eso es muy valioso".