El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha lanzado un duro ultimátum a los legisladores republicanos del Capitolio, exigiéndoles que dejen de bloquear las iniciativas del partido y se unan de forma unánime. El aviso llega tras una semana de fuerte tensión interna y recriminaciones en Washington, detonada por el escepticismo en torno al reciente acuerdo de paz preliminar alcanzado con Irán.
"Los republicanos de la Cámara deben unirse y dejar de rechazar las 'normas' o de amenazar con hacerlo", manifestó el mandatario a través de su red Truth Social. En su mensaje, Trump advirtió del peligro de ceder el control de la agenda legislativa a lo que denominó la "izquierda radical", empleando el calificativo despectivo de "Dumócratas". "¡Basta ya de afán de protagonismo, por favor! (...) ¡No podemos permitir que ganen!", añadió.
Un almuerzo a gritos en el Senado
La llamada al orden de la Casa Blanca se produce pocas horas después de que salieran a la luz los detalles de un almuerzo a puerta cerrada el pasado miércoles en el Capitolio. Según confirmaron varios de los asistentes, la reunión derivó en una acalorada discusión a gritos entre el presidente Trump y el senador republicano Bill Cassidy.
Cassidy, respaldado por otros miembros de la formación, exigió a la administración mayor claridad y transparencia a la hora de explicar los términos del acuerdo de paz con Teherán. Los sectores más críticos de su propio partido argumentan que el pacto preliminar -firmado la semana pasada tras un conflicto bélico que comenzó a finales de febrero- no cumple con los objetivos iniciales fijados por el gobierno estadounidense.
El descontento se produce en un momento delicado, justo cuando la Casa Blanca se dispone a solicitar al Congreso decenas de miles de millones de dólares para financiar los costes derivados de las hostilidades.
A pesar de los reproches iniciales, el bloque republicano en el Senado optó por replegar filas temporalmente. En una votación nocturna, la Cámara Alta bloqueó una resolución sobre poderes de guerra -que pretendía obligar al presidente a retirar las fuerzas de las hostilidades sin autorización del Congreso- con un resultado de 50 votos a favor de frenarla frente a 47. El propio Cassidy terminó votando en sintonía con el gobierno tras agradecer un informe aclaratorio recibido desde la Casa Blanca.
"Este voto pone en sobreaviso a Irán", celebró Trump en sus redes tras el escrutinio. Sin embargo, las costuras del partido se mantienen tensas tras confirmarse que días antes varios republicanos llegaron a votar junto a los demócratas en medidas de presión similares.
Lo que más tinta está gastando estos días es precisamente la enganchada que tuvieron Trump y Cassidy, nunca vista. La mayoría de los republicanos guardaron silencio. Pero Cassidy, que perdió la reelección en las primarias el mes pasado después de que Trump respaldara a su rival, alzó la voz y defendió su voto. "Me levanté y dije: 'No le has dicho al pueblo estadounidense lo que está pasando”, explicó Cassidy a los periodistas tras la reunión, informa AP: "Se suponía que esto duraría cuatro semanas, pero ha durado cuatro meses. Nuestros objetivos originales no se han alcanzado".
A partir de ahí, ambos "tuvieron un intercambio acalorado", dijo el de Luisiana, y él "igualó el tono y volumen". Cassidy afirmó que, al final, bajó el tono, pero que no quería que le intimidaran: "Votaré a favor de los poderes de guerra hasta que me informen". Trump le dijo repetidamente a Cassidy que se sentara, según una persona familiarizada con la reunión. Y en un momento dado, el presidente llamó "lunático" al senador, señala la misma agencia.
Presión legislativa y parálisis en la vivienda
Para forzar la disciplina interna de su formación, Trump ha tomado una decisión drástica: paralizar la firma de una amplia y esperada ley de vivienda. El presidente anunció que no la ratificará hasta que el Congreso apruebe la polémica reforma electoral federal denominada ley "Save America" (Salvar a Estados Unidos), diseñada para endurecer notablemente los requisitos de registro y votación.
"Por la presente, se cancela la conferencia de prensa y el acto de firma sobre vivienda (...) hasta que aprobemos la urgentemente necesaria Ley 'Save America', la cual considero una emergencia nacional", sentenció el mandatario.
Ante el bloqueo demócrata a este proyecto, el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Mike Johnson, se ha comprometido a tramitar la reforma electoral mediante un mecanismo legislativo especial (conocido como reconciliación) para esquivar la mayoría de bloqueo del Senado y forzar su adopción.
Cómo van las negociaciones
Mientras Washington lidia con sus propias disputas domésticas, el secretario de Estado, Marco Rubio, se encuentra en una gira por el golfo Pérsico tratando de convencer a unos aliados regionales profundamente escépticos.
Desde Baréin, Rubio reconoció que los países de la zona albergan "serias preocupaciones" ante un pacto que consideran excesivamente generoso con Irán, al incluir un fondo de reconstrucción de 300.000 millones de dólares y el alivio de sanciones, sin limitar la capacidad de misiles balísticos de Teherán.
La viabilidad del acuerdo afronta además otros obstáculos inmediatos en el estratégico estrecho de Ormuz. El primero es la estabilización del crudo. Los precios del petróleo han regresado a niveles previos a la guerra después de que Estados Unidos informara de que el tránsito por el estrecho se está normalizando, con la salida de 20 millones de bdf en las últimas 24 horas.
Además, a pesar del despliegue de rutas marítimas de evacuación coordinadas por Omán y la ONU, la Guardia Revolucionaria de Irán advirtió que no tolerará desvíos no acordados con su Gobierno, amenazando con mantener el control de las tarifas de tránsito tras los 60 días de tregua fijados. "Si Irán bloquea los barcos, tendremos un problema", advirtió tajante Rubio.
A escasos meses de las elecciones legislativas de noviembre, la gestión del conflicto pesa con fuerza sobre la Casa Blanca. Las encuestas más recientes revelan el desgaste político de la intervención, señalando que apenas uno de cada cuatro estadounidenses considera que la guerra contra Irán ha valido la pena.