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Gemma Arenas, la mejor ultrafondista de España tiene 47 años, dos hijos y un trabajo: "Con 100 kilómetros por delante sólo te queda engañar a la mente"

Gemma Arenas, la mejor ultrafondista de España tiene 47 años, dos hijos y un trabajo: "Con 100 kilómetros por delante sólo te queda engañar a la mente"

Cuesta imaginar cómo de Almagro, plena llanura manchega, paisajes horizontales, haya salido la mejor corredora de montaña de España. Más asombroso resulta escuchar a Gemma Arenas (1979) desgranar su excepcionalidad. Acaba de colgarse la medalla de bronce mundial en los 100 kilómetros en ruta (7:17:50, con récord nacional y mundial de su edad) y de conquistar el Ultra Pirineu, del asfalto al desnivel de la montaña en apenas un par de semanas, pero ella no nació atleta. Una vida después, se 'hizo' ultrafondista.

«Estando embarazada de nuestra segunda hija, mi marido fue a hacer los 101 (kilómetros) de Ronda. Y a mí me gustó muchísimo la experiencia y dije: 'Yo, el año que viene la voy a correr'. No había corrido nunca tanta distancia, pero fui y la gané. Y a partir de ahí...», rememora, como si la gesta fuera cualquier cosa. Era 2014 y tenía 35 años, un trabajo desde los 19 y una familia. Era el germen de la que hoy es una ultrafondista de nivel mundial.

Gemma acumula en torno a 140 kilómetros de carrera a la semana en periodos de carga. Va y vuelve por los caminos a los pueblos de alrededor, con la música para hacer ameno el trayecto y los vecinos, que ya la conocen, dándole ánimos. Sigue trabajando en su empresa de toda la vida, ToryTrans, haciendo malabares también con Lucas y Nora, 15 y 13 años. «Cuando empecé a correr en montaña eran muy chiquititos. He tenido que robar tiempo a la familia, pero se han hecho a ello. Ya no le dan importancia, me dicen: 'Te hemos conocido así'», explica con naturalidad y detalla sus rutinas, siempre auspiciadas por Agustín, su marido, que también es su entrenador. «Tengo media jornada, y 15 días no trabajo y otros 15 hago jornada completa. Esa primera quincena tengo mucho tiempo para los entrenamientos largos. La segunda sí que me veo agobiada: los niños, la casa, el trabajo... Termino a las seis de la tarde, que en invierno ya casi es de noche, y tienes que salir a entrenar. Pero al final se saca», admite.

Otra de las peculiaridades de Gemma es su versatilidad. Es capaz de competir en montaña -en 2022 fue tercera del mundo en Ultratrail, en Chiang Mai, Tailandia- y en asfalto con garantía de rendimiento. «Me gusta más la montaña por el paisaje y porque realmente es lo que más hago, pero nunca descuido los entrenamientos en llano porque considero que hacen falta para estar rápida. Suelo hacer un par de medias y un maratón al año, para no perder esa chispa», cuenta como si nada quien se comprobó prematuramente dotada para la técnica pese a que en los alrededores de Almagro apenas pueda simularlo en algún sendero. Por eso, visitas a Despeñaperros y un secreto: «Competir mucho como estímulo».

Pero correr durante horas, en solitario, conlleva no sólo la parte física y nutricional, para la que recurre a lo clásico, «membrillo, pan de leche con queso fresco de untar y alguna vez galletillas saladas». Más áspero resulta lo mental, la capacidad de no rendirte, de no escuchar el lado débil. «Son carreras muy largas y tienes que estar de mente muy bien. Muchas veces piensas cosas negativas. 'Qué hago yo aquí, qué necesidad tengo'. A veces se escapa alguna lagrimilla. Pero hay que darle la vuelta a la tortilla. Pensar en la gente que te apoya», reconoce quien, como tantos otros, no le queda otra que recurrir a los juegos mentales. «Con 100 kilómetros por delante, no te queda otra que engañarte. Cuando voy por la mitad, empiezo a restar. Kilómetros, avituallamientos...», admite.

Gemma compartió habitación y equipo nacional el mes pasado en el Mundial en Ames (La Coruña) con la influencer Verdeliss (Arenas fue tercera y Estefanía Unzu, sexta, con lo que se llevaron la plata por equipos junto a Carmen María Pérez y María Romero). Es la otra cara de su oficio. La parte mediática, en la queella, sin embargo, no se ve: «Yo no valgo para eso, para estar todo el día con el móvil. Ni tengo tiempo ni me sale natural», reflexiona sobre lo que las redes sociales influyen en la repercusión de los atletas, desde el respeto y admiración a Verdeliss: «Una chica súper agradable, muy simpática. Hemos congeniado». Tampoco se imagina, camino de los 48 años, dando el salto al profesionalismo: «No me merece la pena dejar ahora mi trabajo. No cambio mi vida».

Desde la sencillez, el esfuerzo y la consistencia, lo que sí emociona a Gemma es lo que transmite con su ejemplo a mucha gente. «Por Instagram me escriben, que soy su inspiración. Alguna madre que trabaja y también ha empezado a correr. La verdad es que me llena de orgullo, más que ganar una carrera. Poder contribuir a que la gente sea feliz y a que empiece algo por porque me han visto a mí, pues me parece asombroso», concluye.


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