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George Clooney: "Mi país es una caquistocracia gobernada por los peores... Hombres que han hecho de la crueldad un divertimento"

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Hace exactamente un año, George Clooney y sus dientes perfectos, por este orden (¿o era al revés?), comparecían en Venecia para presentar una película en la que un actor en el ocaso de su carrera era homenajeado en un festival de cine en Italia por toda una vida de cine. Jay Kelly se llamaba su personaje y la propia película. Pues bien, y por aquello de que ese empeño tan de la ficción de quedar en ridículo ante la realidad, George Clooney recibe el martes día 1 de la edición número 83 de la Mostra el León de Oro en honor a, en efecto, todo lo realizado desde que empezara a ser conocido mundialmente por la serie Urgencias. Pocos pediatras a su altura. Hablamos de una carrera con dos premios Oscar como actor, tres películas al menos como director entre notables y excelentes (Confesiones de una mente maravillosa, Buenas noches y buena suerte y Los idus de marzo) y una sonrisa imbatible. "Sí, es cierto, vivo una situación similar a la de hace un año", comentó desde el estrado ante los medios a modo de presentación. Y siguió: "Tengo 65 años y es verdad que todo lo que tiene que ver con la vejez lleva a la melancolía. Generalmente nos fijamos en las cosas malas, pero la vida es bella y tenemos la obligación de festejar las cosas bellas que nos presenta la vida". Existía la voluntad explícita de mostrarse optimista y así fue.

En los poco más de 30 minutos de su comparecencia tuvo tiempo para hablar un poco de todo... que si Hollywood, que si el futuro de la industria ante el avance de la Inteligencia Artificial, que si lo mucho que quiere a sus mujer y sus hijos, que si las preferencias en su vida han cambiado y..., en efecto, lo mollar: la situación política de su país. Eso sí, la expresión más repetida no fue "nos hundimos" sino, bien al contrario, "esperanza".

"Soy optimista", dijo apenas se le preguntó por su país a él que vive en Europa. "Es verdad que estamos en una situación poco afortunada, pero superaremos todo esto", dijo poco antes de echar mano de la historia y la biografía y recordar que ya antes, en 1968, se vivió una situación igual o peor con los asesinatos de John Fitzgerald Kennedy y Martin Luther King y con La ciudad de Washington rodeada de tanques. "Es cierto", continuó, "que mi país vive en un régimen conocido como caquistocracia. Los menos capaces son los que guían a Estados Unidos, hombres que han hecho de la crueldad un divertimento". Su declaración, por aquello de no lanzar la piedra a bulto, tuvo destinatario: el secretario de Estado de Guerra, Pete Hegseth, del que cuestionó su decencia después de que este haya tuiteado recientemente una especie de mofa a vueltas con las mujeres del ejército canadiense. Y dicho lo cual... "Pero estoy convencido de que superaremos esto y emergeremos mejor".

Digamos que el empeño de no dejarse vencer por el desánimo presidió una comparencencia en la que faltó ni una declaración sobre la ola de incendios de este verano que ha llegado a amenazar su propia casa. "Nos encontramos en un momento en el que los que tienen el poder mantienen que la ciencia no tiene razón", dijo a la vez que recordaba como amigos suyos han perdido todo por el fuego. Acto seguido inició un razonamiento, algo confuso, pero atinado, muy cerca de Pascal (es decir, aquello de que es racional creer en Dios porque el beneficio potencial de hacerlo es infinito, mientras que la pérdida por no creer en caso de que exista es también infinita), pero aplicado al calentamiento globlal (es decir, es racional creer en el cambio climático porque el beneficio potencial de hacerlo es infinito, mientras que la pérdida por no creer en caso de que lo haya es también infinita) para abogar por, otra vez, la esperanza. "Estoy seguro de que encontraremos la solución", insistió.

En su sucinto repaso por el estado del mundo, tuvo tiempo incluso para hablar de periodismo (es hijo de periodista) y, de nuevo, mostrar su preocupación por el hecho de la mayor parte de las fuentes de información de las que nos servimos sean "propiedad de los más ricos del mundo"; de la fusión de los estudio Warner y Paramount, cuestión en la que prefirió mostrarse cauto ("Es una situación muy compleja"); de la revolución en marcha de la Inteligencia Artificial que, calculó sin precisar más, puede dejar a más del 30% de la industria del cine fuera de juego, y hasta del estatus de la misma verdad ante, otra vez, la IA que hace cada vez más difícil "comprender la realidad". Pero, de vuelta a lo mismo, saldremos de todas éstas.

Entre medias, y por no dejar una esquina sin barrer, no pudo por menos que referirse al estado actual de su carrera y, ya puestos, de su vida relacionada con ella. "Tengo dos hijos, una mujer a la que amo y no me plateo ningún proyecto como director por la sencilla razón de que quiero pasar más tiempo con ellos. Puede tomarme unos meses como actor, pero dirigir ocupa un año entero como mínimo. Mi prioridad ahora mismo es otra", comentó y quizá, ahí precisamente, en su voluntad de padre se encuentre la clave de tanto optimismo entre tanto desastre. George Clooney y su sonrisa, por ese o cualquier otro orden, volvieron a demostrar su condición de irrefutables. Sobre todo en Venecia.