Cultura

Maggie Gyllenhaal, presidenta del Festival de Venecia: "Llevará tiempo que se reconozca que las mujeres miran el mundo de manera distinta a los hombres"

Maggie Gyllenhaal, presidenta del Festival de Venecia: "Llevará tiempo que se reconozca que las mujeres miran el mundo de manera distinta a los hombres"

Entre Alberto Barbera, director del Festival de Venecia, y Maggie Gyllenhaal, presidenta del jurado del Festival de Venecia, median 30 años y un sexo entero. Él es hombre. Ella mujer. Datos todos irrefutables. Se diría que, más allá de las diferencias a la vista, no habría por qué suponer que sus opiniones sobre el cine, por ejemplo, son muy diferentes. Al fin y al cabo, ella es presidenta de lo que es presidenta porque así lo ha querido él, todo un director. Y, sin embargo, dos mundos casi irreconciliables les separan a juzgar por las declaraciones que el martes se escucharon en la comparecencia ante los medios de todas y todos los presidentes de las diferentes secciones de la Mostra. Apenas saltó a la palestra la cuestión de por qué este año solo hay una mujer directora en solitario en competición (dos si se incluye la codirección de la película israelí NAZA), quedó claro que 30 años y, sobre todo, un sexo puede ser un universo entero; un universo entero muy patriarcal.

Para él todo es una cuestión de "calidad". "Bajo ningún concepto, hay argumentos que no se tomen en consideración cuando se seleccionan las películas a lo largo de nueve meses", comenzó Barbera para supuestamente despejar dudas y justificar la desproporción entre directores y directoras. En realidad, no hacía más que repetir un argumento viejo y expuesto ya con anterioridad en cuanto foro se le ha requerido. Y siguió: "No hay prejuicios de ningún tipo. Lo único que se tiene en cuenta es el modo en el que el autor ha sido capaz o no de llevar su visión de un determinado argumento a la pantalla".

Pero el problema es qué sea eso de la calidad y si la calidad pueda estar vinculada o no a una forma de mirar. En cuestiones tan subjetivas como el arte, ¿es la calidad un criterio irrevocable, universal y sin género?

Justo al lado, Gyllenhaal, es decir, ella, le dio la réplica. "Creo que hay una confusión sistémica sobre lo que se valora o no", empezó, señalando sin nombrarlo al criterio infalible de marras. "Las mujeres han empezado a tener desde hace poco la oportunidad de dirigir y tomará tiempo que se reconozca que miran al mundo de forma diferente y hacen películas diferentes", zanjó. Poco antes la presidenta ironizaba sobre el hecho de que las mujeres, a juzgar por lo visto en la selección, hagan peores películas para acto seguido insistir en la misma idea: "Los asuntos sobre los que las mujeres deciden hablar y hacer sus películas no suelen ser considerados como arte [high art]. Eso tiene que ver con quiénes son los que deciden lo que es valioso". Mirada a Barbera. 30 años y un sexo de diferencia una al lado del otro. Y viceversa.

Pero en verdad, éste era el segundo tema del día. El primero era otro. Que una rueda de prensa sea noticia es normal, pero no tanto. Un festival de cine, cualquiera de ellos, programa al día una media de cinco comparecencias públicas de responsables de películas empeñados en explicarnos lo que han hecho, cómo lo han hecho, lo mucho que significa en sus vidas lo que han hecho y, ya puestos, nos cuentan lo que opinan sobre los asuntos más diversos que no han hecho. Así las cosas, en el orden natural de las ruedas de prensa la más irrelevante de todas es la de los miembros del jurado que básicamente no dicen nada porque no pueden. ¿Qué van a decir los pobres si no han visto aún nada? Hasta hoy.

Días antes del inicio de la Mostra se anunció que, por primera vez en muchos años, no habría comparecencia ante los medios de, en efecto, los jurados. Lo que podría tomarse como un gesto de sensatez, en verdad se interpretó, dado el clima en el que vivimos, como una demostración de miedo. Alguien (todo el mundo) pensó que no se quería volver a vivir lo ya vivido en el Fesitval de Berlín donde toda pregunta política fue rechazada primero por el presidente del jurado Wim Wenders y luego por el propio festival que se vio obligado a dar la razón al director alemán. Y con semejante decisión, claro, llegó el escándalo. Quizá Venecia pensó que es bueno aprender de los tropezones ajenos o, por seguir con el refranero, que quien evita la ocasión evita el peligro. Error. Ante la repercusión de la noticia, vuelta a la rueda de prensa.

Así las cosas, como no podía ser de otro modo, la primera pregunta... ¿tiene sentido todo esto con lo que está cayendo ahí fuera? "Empezamos con fuerza", bromeó la propia Gyllenhaal a modo de introducción. Y siguió: "Es cierto que alguien podría plantearse qué hacemos aquí cuando el mundo está en estado de emergencia. Y la respuesta tiene que ver con la empatía. El cine es una oportunidad para encontrar la empatía dentro de nosotros. Incluso cuando vemos a un personaje en la pantalla que representa todo lo malo, es una oportunidad para combatir la corrupción o la maldad que hay dentro de nosotros... Si las películas están abiertas a las experiencias de los demás son siempre políticas". Queda claro. No añadió nada, quizá por no hacer sangre, qué sucede cuando entre los demás no existen las mujeres.


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