Guerra de visados: cinco claves sobre la pelea entre EEUU y Brasil en pleno año electoral
La diplomacia entre las dos mayores democracias del continente americano ha vuelto a alcanzar un peligroso punto de ebullición. El Gobierno de Estados Unidos ha cancelado esta pasada noche el visado de la embajadora de Brasil en Washington, Maria Luiza Ribeiro Viotti, en una maniobra que eleva al máximo la tensión entre los dos gigantes, a menos de dos meses de las cruciales elecciones presidenciales brasileñas.
A continuación, en El HuffPost te explicamos en cinco claves las causas de esta pugna a cara de perro, los argumentos de ambas partes (empapados de ideología) y el trasfondo geopolítico de esta crisis entre Washington y Brasilia.
1. La maniobra de Washington: cancelación de visado sin expulsión formal
Esta madrugada, el Departamento de Estado de EEUU confirmó a medios como Reuters y la CNN que el visado de la embajadora carioca, Maria Luiza Viotti, había sido revocado temporalmente. Sin embargo, aclaró que la medida no implica su expulsión inmediata del territorio estadounidense, sino que la diplomática permanece en una situación de irregularidad documental, supeditada a la negociación.
La Casa Blanca justificó la medida bajo el principio de "reciprocidad". Según la versión del equipo de Donald Trump, la revocación responde a la negativa o excesiva demora de Brasilia en conceder el "beneplácito" (consentimiento oficial o plácet) a Danny Pérez, el candidato propuesto por el presidente republicano para ocupar la embajada estadounidense en la capital brasileña. Pérez es lo que se denomina un halcón: un congresista republicano por Florida, allegado al actual secretario de Estado, Marco Rubio.
Así que Washington sostiene que si el gabinete brasileño, que comanda el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, aprueba la designación de Pérez , el visado de la diplomática brasileña le será devuelto de inmediato.
2. La respuesta de Brasilia: "Una interferencia injustificada en las elecciones"
La reacción del Gobierno de Lula da Silva ha sido inmediata y contundente. A través de un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores, Brasil ha rechazado de plano los argumentos de Washington y acusa a la Administración Trump de utilizar falsos pretextos diplomáticos.
Según Brasilia, la solicitud sobre el nombramiento de Danny Pérez "aún se encuentra en análisis", pero no ha sido rechazada, y recordó que la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas no impone plazos estrictos para otorgar el plácet necesario en los cambios de representación. Además, el Ejecutivo brasileño acusó a EEUU de violar los protocolos internacionales al revelar públicamente el nombre del embajador nominado antes de recibir la conformidad oficial. Eso, en términos diplomáticos, está bastante feo.
"La decisión no es un hecho aislado, sino que forma parte de una escalada deliberada de medidas hostiles hacia Brasil, motivadas por razones ideológicas incompatibles con el respeto mutuo. Resulta evidente el interés injustificado por interferir en las próximas elecciones presidenciales", exponen los de Lula.
3. El supuesto detonante... y la suma de Milei
Este cruce diplomático no se produce en el vacío. Semanas antes de la revocación del visado a la embajadora, Brasil tomó ya la inusual decisión de denegar los visados de entrada a dos altos cargos de la Oficina de Democracia, Derechos Humanos y Trabajo (DRL) del Departamento de Estado norteamericano, los enviados Riley M. Barnes y Samuel D. Samson.
Mientras que Washington aseguró que se trataba de una misión de rutina para discutir sobre libertad de expresión en el contexto electoral, los servicios de inteligencia y el Gobierno brasileño concluyeron que la delegación enviada por Trump pretendía sembrar dudas públicamente sobre la fiabilidad de las urnas electrónicas utilizadas en Brasil de cara a los comicios.
Las cosas se han complicado más aún en las últimas horas, añadiendo a un nuevo actor: Argentina. Y es que, según se ha sabido hoy, Brasil también ha comunicado la expulsión del embajador de Buenos Aires en su país, Daniel Raimondi, y la decisión de no enviar al embajador brasileño a Buenos Aires mientras continúen los insultos del presidente ultra, Javier Milei, a su homólogo, Lula. Las relaciones diplomáticas entre los dos mayores países de Suramérica se mantendrán a partir de ahora a nivel de encargados de negocios, mientras no cesen los ataques de Milei, confirman a EFE fuentes de Brasilia.
Bitelli, fue convocado a consultas la semana pasada como forma de protesta por las ofensas que Milei lanzó contra el líder progresista en territorio brasileño, durante el acto del lanzamiento de la campaña electoral de Flávio Bolsonaro, principal rival de Lula en las elecciones de octubre e hijo del exmandatario Jair Bolsonaro. En la ceremonia, el dirigente argentino se refirió a Lula como "presidiario" y "ladrón", en un discurso encendido y repleto de ofensas en territorio brasileño, en el que lo acusó también de "despilfarrar" el dinero público de Brasil.
En el acto, por supuesto, Milei apoyó abiertamente a Flávio como el único candidato capaz de "parar a la basura socialista" en las urnas. Desde entonces, el líder de La Libertad Avanza ha reiterado sus insultos en dos entrevistas que concedió a medios locales y en las redes sociales. Milei también aprovechó su intervención para llamar "basura calva" al juez del Tribunal Supremo brasileño Alexandre de Moraes, instructor del juicio por el que el expresidente Bolsonaro fue condenado y se quejó de que no puede visitar a su "amigo" en prisión domiciliaria.
Lula, preguntado por las ofensas de Milei, respondió a los periodistas con una evasiva, diciendo: "¿quién es ese tipo?".
4. El puro factor político: el pulso Lula vs. el clan Bolsonaro
En el centro de esta disputa diplomática se sitúan las elecciones presidenciales del próximo 4 de octubre, a la vuelta de la esquina, esas en las que Milei y Trump tienen las cosas muy claras. El presidente Lula da Silva, a sus 80 años, aspira a lograr un cuarto mandato frente a su principal opositor, el senador Flávio Bolsonaro, hijo mayor de Bolsonaro, "El Mesías"
El exmandatario no puede presentarse de nuevo a los comicios porque se encuentra actualmente cumpliendo una condena de 27 años de prisión por su participación en la intentona golpista tras los comicios de 2022. Ahora mismo está en arresto domiciliario, pero arresto es, y no puede ni siquiera enviar mensajes políticos de apoyo a la campaña por el riesgo de acabar entre rejas nuevamente.
Donald Trump ha sido uno de los defensores más vehementes del líder ultra, calificando el proceso judicial en su contra de "caza de brujas". La escritora y periodista brasileña Eliane Brum escribe este miércoles en El País que, por primera vez desde la redemocratización de Brasil, el país inicia un proceso electoral bajo la amenaza explícita de injerencia política e ideológica por parte de una potencia extranjera, la de EEUU. La autora plantea que un eventual triunfo de Flávio colocaría a Brasil -y por extensión a buena parte de Sudamérica- bajo la tutela e influencia directa de la administración norteamericana y de ahí el apoyo que recibe, sin fisuras.
El bolsonarismo ha buscado el respaldo explícito del MAGA y su entorno, utilizando la retórica, la presión mediática y las amenazas diplomáticas o económicas provenientes de Washington para desestabilizar al Ejecutivo de Lula y movilizar a la base ultraconservadora.
Los sondeos dicen que lo está logrando, porque ha reducido la ventaja de intención de voto con la que partía el Partido de los Trabajadores de Lula hace unos meses. Hoy, los sondeos dan un empate técnico si reparamos en el margen de error (que suele ser de más o menos dos puntos porcentuales), pero con previsiones mejores para la izquierda: la medición más reciente, difundida este lunes por Nexus/BTG Pactual, sitúa a Lula con el 46% de intención de voto frente al 45% del legislador de derecha.
5. Antecedentes económicos y perspectiva futura
La tensión política ha ido acompañada de una constante presión económica que tampoco ayuda a apaciguar las cosas. Durante el último año, la Administración Trump llegó a aplicar aranceles de castigo a las importaciones brasileñas e impuso sanciones financieras al juez De Moraes, encargado de todos los procesos contra la cúpula golpista.
A pesar de que en mayo de 2026 Lula y Trump mantuvieron un encuentro bilateral en la Casa Blanca para intentar apaciguar el clima, la desconfianza recíproca ha continuado en ascenso. Es demasiado evidente la estrategia de Washington de respaldar la candidatura de Bolsonaro y reforzar el eje conservador panamericano, a sus pies, de Argentina a Chile, de Ecuador a El Salvador, de Panamá a Bolivia o Paraguay.
Por su parte, Lula da Silva ha optado por cerrar filas con el progresismo brasileño, apelando al orgullo y la soberanía nacional. En sus más recientes discursos de campaña, el mandatario ha insistido en la necesidad de blindar el proceso electoral frente a presiones externas, asegurando que Brasil "no aceptará tutelas de ninguna potencia extranjera".