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Idles despide el Bilbao BBK Live con un rock hecho catarsis

· Culture

El Kobetamendi anochece una vez más. Tercer día de un festival que ya va llegando a su fin. El Bilbao BBK Live se prepara para la última jornada de esta vigésima edición. Si el primer día lo marcó la electrónica de FKA Twigs y el segundo estuvo consumido por el britpop de Robbie Williams, este sábado ha sido el contrapunto perfecto entre ambos, aunque con un toque mucho más cañero. La tensión acumulada durante Interpol, por fin se expulsa durante la actuación de Idles.

Son una de las bandas de directo más potentes del rock actual y uno de los nombres imprescindibles del post-punk británico contemporáneo, y suelen incorporar elementos de punk rock, noise rock y hardcore. También es el toque final a una tercera jornada marcada por el swing de Zaz y la producción vanguardista del español Ralphie Choo. Y es que después de la calma llega la tormenta. Y la tormenta tiene un nombre: Idles. Con sus guitarras afiladas y sus riffs constantes y contundentes, la banda británica es todo lo contrario de la neoyorquina Interpol: intensidad, catarsis y contacto permanente con el público.

Miles de ojos ya miran al escenario principal para disfrutar de un fenómeno en peligro de extinción. Es el rock de Idles. Gritos, vítores, una ovación compartida, y ninguna chupa de cuero a la vista, mientras la mano cornuta se extiende entre las filas de espectadores. Dos escasos minutos de actuación bastaron para que naciese el primero de los muchos pogos que se formarían. Y sobre ese caos organizado -o no tanto- Joe Talbot, el vocalista, aparece más como un agitador que como el líder de una banda innegablemente curtida en los escenarios.

La banda británica está en plena gira por Europa, arrasando los escenarios que pisan; y el del BBK Live no es diferente. Con un repertorio plagado de clásicos y una sección rítmica demoledora, Idles no se deja ni una canción sin acribillar. Porque Joe Talbot no canta. Grita. Exige. Reclama. Él usa su voz como un instrumento de impacto, y su público canaliza toda esa energía en un directo tanto físico como emocional.

Idles castiga los versos de Never Fight a Man with a Perm, Mother y ese clásico All I want for Christmas is You de Mariah Carey. Sin control. Sin frenos, mientras Mark Bowen, a la guitarra, sube y baja del escenario en una coreografía imposible de predecir. Ruido, rock, adrenalina. Pero también calma, y charlas con mensajes que llegan lejos. Lejísimos. "Por favor, comparte tus sentimientos. Puede salvar vidas", recuerda Talbot, justo antes de que las primeras notas de The Wheel lleguen a oídos del espectador. De nuevo, ruido, rock, adrenalina y... más pogos.

Idles da cada concierto como si fuese el último. Con una rabia desmesurada e imposible de controlar. Y mientras Bowen se queda arriba, es el turno de Lee Kiernan, también a la guitarra, de saltar al vacío con todos sus fans. Lo que parece descontrolado realmente se transforma en una explosión de emociones. La banda británica para entre canciones lo justo y necesario para poder darlo todo en el siguiente tema. Aún así tienen tiempo de clamar

"¡Palestina libre!" una y otra vez, mientras los asistentes lo corean y apoyan con todas sus fuerzas.

El clímax de este concierto se acerca rápidamente. Cantan Car crash, 1049 Gotho y I'm Scum. Hace dos años que su discografía sigue intacta. Dos años desde ese Tangk y alguno más desde que Joy as an Act of Resistance se convirtió en todo un símbolo en el mundillo. Ahora cantan Danny Nedelko, una de sus canciones más icónicas, precisamente por el mensaje de apoyo a la inmigración que lanza.

Idles saca a relucir su lado más canalla pero también el más humano, en un concierto que ofrece el cierre explosivo que los más de 100.000 asistentes del Bilbao BBK Live esperan. Queda una última bala en la recámara: Rottweiler. La banda británica se despide. Adrenalina, caos y descontrol mientras demuestran, una vez más, que el rock está muy vivo y presente en esta última jornada del festival. "Adiós, amigos de Bilbao".