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Javier Coronas: "Los cómicos somos los únicos que hoy hacemos justicia social. La verdad entra mejor con risa"

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Javier Coronas (Barcelona, 1969) cumplirá el año que viene 20 temporadas al frente deIlustres ignorantes, el programa sagrado de la comedia en España. No eres nadie en el mundillo hasta que no superas el rito de sentarte a la mesa con él, Pepe Colubi y un Javier Cansado ahora de baja mientras se trata un tumor, pero al que ha sustituido otro gigante: Raúl Cimas. Precisamente, es el chanante quien acompaña a Coronas en un episodio de la cuarta temporada de Atasco(ya en Prime Video) como una extraña pareja vestida de miembros de las SS en pleno 2026.

Jamás dos nazis con menos pinta de nazis.
Bueno, ya no te puedes fiar de nadie. Quizás nos delate el pelo de Raúl, pero podría ser un nazi dejado.
Y tu pendiente.
Claro, ni me acordaba de que llevo pendiente. Claro. Estoy ya muy cascado y muy de vuelta de todo. Quiero aclarar que no somos nazis, que hay un giro, pero es verdad que refleja perfectamente una cosa que está pasando y es un blanqueamiento evidente de la extrema derecha.
¿Logras escuchar hablar a Cimas sin que te entre la risa?
Imposible. Me revienta, me revienta muchísimo. Trabajar con mi hermanico es estar riéndote todo el rato y, encima, tenemos como una especie de hilo invisible entre los dos que no necesitamos decirnos nada para empezar a hacer el gilipollas. Estar con él cuando hacemos un bolo o cuando grabamos Ilustres me facilita la vida porque trabajar cuesta menos si lo haces con Raúl, te estás riendo todo el rato.
Ha afrontado una misión imposible: cubrir el hueco de Javier Cansado.
Vamos a dejar clara una cosa: Javier es insustituible. Nadie puede reemplazar a Javier Cansado, a Padre, el mío y el de todos. Nadie. Lo que pasa es que si hay alguien que puede, temporalmente, hacer una transición hasta que Javier esté en posición de volver es Raúl Cimas. No hay otro. Raúl genera consenso porque no hace humor político, sino humor absurdo y tiene un estilo propio que llega a todo Dios. Seguramente sea el tipo más gracioso de España quiera o no.
Ahora que hablas del humor político, ¿cómo valoras que los cómicos os hayáis visto envueltos últimamente en las cuitas del Congreso?
Bueno, lo que me sorprende no es solamente que se hable de cómicos, sino que los políticos ya escriben coletillas humorísticas para acabar sus discursos, llevan el chiste preparado y estudiado. El Congreso de los Diputados ya parece a veces El club de la comedia. En cuanto a por qué últimamente los cómicos molestamos o llamamos más la atención de los políticos es porque creo que ahora mismo los únicos que pueden hacer algo de justicia social son los cómicos, y si nos nombran será porque algo estamos haciendo bien.
¿Justicia social? ¿En qué sentido?
Porque hay poca gente que diga la verdad y con la risa, entra mejor. Los análisis políticos de Facu Díaz me parecen mucho más acertados que un telediario. O los de Miguel Maldonado. Además llegan a una gente a la que no llega con facilidad un político o un analista, especialmente a los jóvenes, y eso me parece importante en un momento en que hay un auge evidente de ideas de extrema derecha en las nuevas generaciones.
¿Por qué crees que sucede eso?
Yo qué cojones sé. Soy humorista. Si supiera lo que ha podido pasar, no me subiría a un teatro a hacer el gilipollas, intentaría solucionarlo.
¿La comedia española es de izquierdas?
Creo que no. Es cierto que la gente que hace comedia suele ser más de izquierdas, pero una cosa es lo que tú votes y otra cosa es el chiste que tú quieras hacer. No tiene nada que ver. Hay muchos cómicos que, si te limitas a juzgar por sus chistes, no sabes si son de derechas o de izquierdas y en España hay una tradición bastante larga de cómicos de derechas de mucho éxito.
¿Y machirula?
La comedia no es machirula, está abierta para quien quiera subirse. No hay un juez que diga: "Tú vales y tú no vales". No hay diferencia en el sexo y ahora mismo hay un bum de cómicas buenísimas. Yo estoy enamorado de Bianca Kovacs, me parece una cómica portentosa y una actriz fenomenal. Ahí está el escenario, ahí están las tablas, ahí están los bares. Si quieres dedicarte al humor, dedícate, pero yo no distingo entre sexos. Otro tema son los que mandan en los despachos a la hora de dar oportunidades, claro.

Jordi Hurtado, Pablo Motos y tú. Sois los tres presentadores que lleváis más años ininterrumpidos presentando un programa de entretenimiento. Es un club curioso.
Sobre todo físicamente. Soy el que peor ha envejecido. No tengo la musculatura de Pablo ni el cutis de Jordi. No me puedo comparar con ellos porque Saber y ganar lleva muchos más años y El hormiguero es un programa diario larguísimo. Lo nuestro es media hora a la semana, el esfuerzo no tiene nada que ver y lo de ellos dos tiene mucho más mérito. Ilustres es un verso libre que ha perdurado sin que nos cancelen porque es un programa atemporal. Puedes ver un capítulo de hace cuatro años y es la misma mierda. Además, no hemos cambiado nada desde el principio, la gente se sabe el orden y cuándo vienen las pijaditas. Antes de la segunda temporada me preguntó la cadena qué iba a cambiar y les dije que nada, que si en 25 minutos todo funciona, cambiar algo implica quitar algo que gusta y eso es una estupidez y 19 años después así seguimos.
Esto te ha dado una estabilidad vital casi desconocida en tu profesión.
Sí, Ilustres es ya es mi modo de vida. Seguramente trataré de hacer otros programas si alguien me llama y son compatibles, pero es muy difícil que me ofrezcan algo que me satisfaga tanto como éste. He hecho muchas más cosas en estos años, pero ninguna me ha hecho así de feliz. Porque yo no sigo por comodidad, es que me sigue poniendo hacerlo, me fastidia estar dos meses en verano sin grabar Ilustres. No es que vaya a trabajar con gusto, es que voy con mono. Eso sí que es raro.
Como presentador, tiendes a ceder el protagonismo al resto de la mesa. No sé si eso ha limitado el techo de tu éxito. Siempre estás arriba, pero siempre hay algún cómico más popular.
Y yo encantado. Es que no busco nada, soy feliz con lo que hago. He dejado pasar muchas oportunidades de programas más tochos que a lo mejor me hubieran dado más repercusión o más fama o lo que sea, pero soy muy cabezón y muy fiel a lo que quiero hacer. No busco estar ni arriba ni en ningún lado, ni siquiera lo pienso. Supongo que estoy arriba en el sentido de la cantidad de años que llevo en la tele y en los teatros. Lo habría firmado sin dudar.
¿Eres lo que querías ser de mayor?
En parte. Lo de ser cómico, sí, pero yo de mayor quería trabajar en la radio. La tele vino casi por casualidad. Con 14 años vi a Faemino y Cansado en la tele y dije: "Yo quiero hacer eso". Y resulta que a ese de los rizos ahora lo tengo sentado al lado y es mi compañero de trabajo. Cansado es amigo y hermano. Viajamos, comemos y volvemos a viajar juntos y son muchas horas de estar exprimiéndole todo lo que puedo y más. Al final, me ha salido mucho mejor de lo que soñaba de niño.
Eres cómico de cómicos, de los más nombrados como referente por gente como David Broncano.
Influirá que tengo más años que el hilo negro. Cuando empezó Broncano establecimos un lazo de padre e hijo muy guapo porque me parecía un portento. Aún no le conocía nadie y Héctor de Miguel [entonces aún Quequé] me dijo: "Te va a encantar el chavalico que viene hoy a mi programa". Lo vi, me enamoré y le hice mucha promoción. Me preguntó Javier del Pino qué cómicos podía llevar a su tertulia de humor y le dije al primero que tenía que pillar era a Broncano porque es la esperanza blanca del humor. Luego, David me preguntaba muchas cosas porque yo tenía más experiencia y le asesoraba. Es mi hijo y ha cumplido con creces mis expectativas. Es buenísimo en la tele, pero es el triple de bueno en la vida real. Es muy rápido, muy ágil, muy listo y muy buena gente. En general, me llevo bien con todos los cómicos porque la mayoría han pasado por ‘Ilustres’ y, en el mundo de la comedia, venir al programa es haber llegado a un sitio. Yo no tengo ese concepto ni lo quiero tener, pero sé que es así.
¿Decides tú a quién se invita?
Tengo la última palabra. Me proponen cosas, pero el que decide soy yo. Traigo a la gente que me cae bien, que admiro y que creo que es buena persona. Es un programa muy fascista porque yo lo hago para que nos riamos nosotros, los de la mesa. Es muy corto y para que la gente se lo pase bien nos lo tenemos pasar igual nosotros. Para eso, tiene que venir la gente que yo quiero porque tiene que haber una comunión entre los cinco.
¿Has vetado a gente?
Hombre, claro. Básicamente a cómicos. Cuando han querido venir deportistas, actores, políticos o gente que no se dedica a la comedia, les invito de cabeza porque me parece un acto de valentía brutal. Sentarse a esa mesa, con esos monstruos, sin ser cómico acojona una barbaridad. Otra cosa son cómicos que quieren promoción pero yo sé que son personas que no se comportan bien con el prójimo porque este mundillo es muy pequeño y nos conocemos todos. Eso sí me toca la polla y ahí sí que soy fascista. A veces, hay que serlo.