Jean-Michel Jarre: "La IA es el supersintetizador del siglo XXI"
Jean-Michel Jarre (Lyon, 1948) tiene el entusiasmo de un niño con sintetizadores nuevos. El músico francés da estos días el salto a España para celebrar los 50 años del emblemático disco Oxygène. El pionero de la música electrónica ofrecerá uno de los conciertos más esperados del verano en las Noches del Botánico de Madrid (días 3 y 10 de julio), en el también 50 aniversario de Amnesia, en Ibiza (día 5), en el ciclo FAR de Valencia (día 8) y en el festival Starlite de Marbella (día 13).
Infatigable a sus 77 años, alternando sus multitudinarias actuaciones con la preparación de un nuevo álbum (el número 35 en su carrera), Jarre hace un repaso fugaz a su periplo musical y rompe una lanza por la singularidad de los artistas en la era de la inteligencia artificial. Revolucionario desde su juventud, reconoce haberse subido al carro de la IA y asegura que tendrá un efecto "muy positivo" en la Humanidad en general y en la música en particular.
Admirador del "alma española" y adulador de Rosalía, el francés universal hace una llamada a Europa para no perder el paso del futuro que abandera China y se autoproclama "optimista subversivo" frente a las profecías distópicas –en lo político y en lo artístico- que copan los titulares estos días.
- Estamos 1976, Abba llena las pistas de baile con 'Dancing Queen' y, de pronto, un compositor francés se desmarca con lo que algunos llaman "el sonido del futuro"… ¿Qué le viene a la cabeza cuando piensa en el éxito insospechado que supuso 'Oxygène'?
- La nostalgia no va conmigo, pero me resulta divertido recordar el efecto que tuvo Oxygène en su día. Fue como si un ovni venido de otro planeta hubiera aterrizado de pronto en la era disco. Recuerdo también lo que me dijo mi madre cuando vio el diseño del álbum con el cuadro de Michel Granger: "Hijo mío, ¿cómo se te ocurre titular un disco con el nombre de un gas y con un cráneo en la portada?" [Risas]. Cuando lo estaba preparando no pensaba realmente en hacer "la música del futuro", estaba simplemente experimentando en mi cocina con mi primer sintetizador, explorando un tipo de música que iba más allá del solfeo. La música electrónica nos dio la posibilidad de convertirnos en artesanos, mezclar texturas e incorporar sonidos y ruidos.
- ¿Nunca se sintió tentado por el rock, como tantos en su generación?
- Toqué en bandas de rock cuando era adolescente, y fui a muchos conciertos en L´Olympia de París. Me gustaba el rock, pero cuando escuchaba a esas bandas inglesas me decía: ésta es la revolución anglo, ¿pero cuál es mi revolución? Estábamos en el contexto de mayo del 68, ya sabes, y había que rebelarse… Para mí fue fundamental el paso por GRM (Groupe de Recherches Musicales) y mi contacto con Pierre Schaeffer y Pierre Henry. Todo empezó con ese concepto que entonces llamábamos musique concrète, que fue la base de la música electrónica… A diferencia del rock, del jazz o del blues, estábamos ante un género que nació en Europa, en países como Francia y Alemania, con raíces en el surrealismo y con una actitud irreverente similar a la de Marcel Duchamp aplicada a la música. Es algo de lo que los europeos tenemos que estar orgullosos.
- Su música no solo fue aceptada en el mundo anglo, sino que se ha ganado la etiqueta de universal y sigue convocando a decenas de miles de seguidores en todo el mundo. ¿Cuál es el secreto?
- Imagino que ser fiel a tus raíces… Hay una diferencia entre ser universal y ser internacional. Internacionales son Coca-Cola y McDonald´s, homologándolo todo. Universales son artistas como Rosalía, por ejemplo, que rompe fronteras encarnando el espíritu de lo español y lo latino, y sin miedo a experimentar. Rosalía para mí también es un ejemplo de la singularidad de un artista en la era de la IA. El arte no tiene nada que temer siempre que haya artistas dispuestos a romper las reglas y a ser disruptivos a su manera, como lo han sido Almodóvar, Dalí, Picasso y tantos artistas españoles.
- ¿La IA es una amenaza o un aliciente para la música?
- Yo estoy absolutamente convencido de que la IA puede ser muy positiva para la Humanidad en general, y también para el arte. Es una herramienta fantástica, que te da la posibilidad no sólo de crear, sino de tutelar tu propio trabajo… Dicho esto, tampoco soy ingenuo y pienso que nos van a hacer falta reglas de uso. Para proteger la propiedad intelectual, por ejemplo.
- ¿Qué les diría a los que piensan que la IA puede poner la puntilla a la creatividad humana?
- El debate de hoy sobre la IA me recuerda a los que había a principios del siglo XX sobre la máquina de vapor, cuando un periódico británico advertía de que el corazón humano podía explotar a 50 kilómetros por hora. Me recuerda también a los anatemas del Vaticano contra la imprenta y contra que todo el mundo pudiera leer libros… Cada invento ha servido para democratizar el conocimiento y dar a la gente herramientas que antes no tenía. El fuego es peligroso, sí, pero ha mejorado nuestra civilización. La electricidad también tiene sus riesgos, pero ha sido positiva para la Humanidad… Recuerdo cómo la música electrónica puso al principio en guardia a las orquestas, hasta el punto de boicotear las actuaciones desenchufando nuestros instrumentos cuando tocábamos en teatros de la ópera. En su día se pensaba que la fotografía acabaría con la pintura, y el cine con el teatro… Podemos estar tranquilos: la IA no va a acabar con el Stradivarius ni con la guitarra acústica.
"El concierto que más me ha marcado fue el que di en 1986 en mi ciudad, Lyon, por la visita de Juan Pablo II"
- ¿Usted ha usado la IA en los espectáculos que trae a España?
- La he incorporado a la parte visual y a la escenografía de los espectáculos que veremos estos días en Ibiza, Madrid, Valencia y Marbella. La considero hoy por hoy como una colaboradora de brazos múltiples, con la que, además, puedes dialogar y obtener resultados inesperados. Me gusta darle la vuelta a las siglas y hablar de la IA como de imaginación aumentada. Al menos yo lo veo así. Me gustará demostrar al público cómo con la ayuda de la IA se puede crear algo poético, surrealista, orgánico, sorprendente, inesperado…
- ¿La está usando también en la parte musical?
- Vengo precisamente de Londres, de unas sesiones para mi próximo álbum, que saldrá en 2027 o 2028. Estoy trabajando con ella en mi próximo álbum, no para copiar, sino para experimentar, para probar con nuevas texturas, como he hecho siempre con las nuevas tecnologías. Veo la IA como el supersintetizador del siglo XXI. Creo que con el tiempo servirá tal vez para crear nuevos géneros musicales y nuevas formas de expresarnos.
- Se cumplen 50 años de 'Oxygène'... y otros 50 de Amnesia. ¿Cómo se explica que el padrino de la música electrónica haya tardado tanto en actuar en Ibiza?
- Tuve varias oportunidades de actuar al aire libre en Ibiza, pero nunca se acabaron de concretar. La posibilidad de celebrar el doble aniversario en Amnesia disparó mi imaginación, por el significado que tiene el local para la música electrónica y por su propia filosofía, esa idea de olvidar el pasado y el futuro y celebrar el momento presente… Creo que va a ser un momento muy especial. Yo sigo viendo mis instrumentos como una cocina en la que sigo experimentando. Esperemos que en esta ocasión seamos capaces de preparar una buena paella [Risas].
- ¿Qué diferencia hay entre tocar en una sala y hacerlo ante más de un millón de personas?
- No mucha, más allá de la de adaptarte técnicamente al espacio. Para mí, el objetivo es siempre el mismo: lograr una ósmosis con la audiencia, llegar a un intercambio mutuo de vibraciones que, si todo sale bien, te deja una sensación de plenitud al final… En esta época de teléfonos móviles, tablets y pantallas, tenemos una necesidad física de estar hombro con hombro y compartir experiencias con otros seres humanos.
- Usted tocó frente a las pirámides de Egipto y en el 25 aniversario de la NASA. Fue el primer músico occidental en ser invitado a dar conciertos en China en los años 80 y ostenta el récord Guinness de asistentes a un concierto (3,5 millones) en Moscú. ¿Tiene alguna de esas actuaciones especialmente grabada?
- Es difícil quedarse con una. El concierto del año pasado en Samarkanda fue realmente especial, y también la clausura de los Juegos Olímpicos de París. La experiencia en China fue irrepetible. Tengo también un gran recuerdo de la Rendez-Vous en Houston. Pero quizás el que más marcado se me quedó fue un concierto en mi ciudad, Lyon, ese mismo año, 1986, por la visita de Juan Pablo II.
"Voy mucho a China y cada vez que vuelvo es como si regresara del futuro. Me gustaría que Europa creara sus propias herramientas de IA, que siguiera exportando su capacidad creativa"
- ¿La tecnología y la emoción son compatibles?
- Pienso que sí, y creo que llevo demostrándolo más de 50 años con los conciertos en vivo. He pasado más tiempo con mis instrumentos que con seres humanos [Risas]. Es curioso ver cómo se ha progresado técnicamente desde entonces, desde aquellos aparatos analógicos a la IA, pero las emociones no cambian: nos siguen conmoviendo las mismas cosas.
- ¿Cómo se mantiene vivo el espíritu creativo a los 77 años?
- El secreto es mantener intacta la curiosidad. Eso es algo que detectas en el acto en el ojo de los artistas. Siempre que he afrontado un proyecto nuevo, lo he intentado hacer desde el síndrome del debutante. La excitación que siento ahora por mi nuevo álbum es la misma que sentía en su momento con Oxygène, aunque sea un proyecto muy distinto.
- ¿Y cómo alimenta su entusiasmo y la fe en el futuro?
- Digamos que soy un optimista subversivo. En todas las décadas he experimentado esa sensación de fin del mundo por unas razones o por otras. Con el tiempo, la percepción de las décadas va mejorando: pasó en los 60, pasó en los 70, pasó en los 80, que ahora están por todas partes... Quiero pensar que la Humanidad sabrá hacer un buen uso de las herramientas increíbles que tenemos en el siglo XXI. Voy mucho a China [Jarre está unido sentimentalmente a la actriz Gong Li] y cada vez que vuelvo de allí es como si regresara del futuro, tal es la apuesta que han hecho por la tecnología y la innovación. Me gustaría que Europa despertara, que creara sus propias herramientas de IA, que siguiera exportando sus valores y capacidad creativa al mundo.