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José Antonio Sánchez, fundador de 'El Confidencial': "Resistimos pese al acoso que sufrimos"

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"Empecé a trabajar en Diario 16 en septiembre de 1976. Estudiaba Primero de BUP. Me gustaba la política", cuenta José Antonio Sánchez, fundador y editor de El Confidencial, el más exitoso de los medios nacidos en España en el cambio de siglo. "Yo venía de una familia muy humilde, era un chico de Usera. Me he sentido muchas veces impostor y el éxito que he tenido lo he atribuido a la suerte siempre, como si no hubiera tenido nunca ningún mérito". El Confidencial cumple en 2026 un cuarto de siglo con 60.000 suscriptores.

¿Cuál era su tarea al principio en Diario 16?
Hacía recados. Llevaba los ejemplares a la oficina de la censura en el Ministerio de Información. Iba a por las fotos a Europa Press. Repartía teletipos. A los 17 años me pusieron a llevar el archivo fotográfico. Reconocía las caras, se me daba bien. Pusieron a Pedro J. Ramírez de director y me dio el impulso para ser redactor. Primero en la sección de Reportajes que, en realidad era sucesos. Era una época de drogas y de mucha criminalidad, así que fue una educación espectacular. En 1983, cubrí la expropiación de Rumasa y entré en Economía, a hacer información laboral.
¿En qué era bueno?
Muy bueno en nada. Supongo que conectaba bien. Era un chico de barrio, con experiencia en la asociación de vecinos. Pateaba la calle y entendía a la gente con la que me relacionaba.
En un libro de Miguel Ángel Aguilar leí una idea.
Miguel Ángel fue mi primer director.
Decía que siempre hubo buenos proyectos periodísticos pero que las empresas que los sostuvieron fueron poca cosa. Ahora que es usted empresario editor, ¿lo ve así?
Yo puedo hablar de Diario 16, el proyecto en el que me crie. Diario 16, con el liderazgo de Juan Tomás de Salas, venía de una experiencia exitosa, Cambio 16, y yo creo que tenía una estructura empresarial razonablemente sólida. Hubo dos problemas: primero, que se pensó como un vespertino y eso no funcionó así que hubo que rectificar sobre la marcha. Y segundo, tuvo que competir con El País, que tenía una estructura más fuerte y que ocupó antes y con más éxito la misma demanda. Eso debilitó la posición de otros periódicos, incluido Diario 16. Diario 16 terminó mal por un fracaso empresarial, sí. Pero, en el origen, era una apuesta solvente construida con profesionales buenísimos.
¿Pagaban bien?
No recuerdo quejarme. Ni siquiera cuando hacía recados. Pero es que venía de Usera. Comparado con mi familia, estaba bien. En 1986 me fui becado a Columbia Missouri y visité a Ben Bradley en su despacho del Washington Post. Tenía la sensación de que había completado el viaje muy deprisa. Tenía 25 años y me iban a hacer redactor jefe de Economía a la vuelta. En 1988 me marché del periodismo. Me arrepentí muchas veces, no fui feliz, pero fue un paso que me llevó a Telefónica en 1996, y que, visto desde 2026, fue necesario para fundar El Confidencial.
¿Tenía fatiga del periodismo?
El cansancio existía. Era un jefe demasiado joven, sin suficiente formación, sin habilidades bien desarrolladas. Había mucha competencia y mucha presión. Piense que fueron los años de los GAL. Y estaba el ego, que ahora es mi tema favorito. La patología del poder. Empresarios muy potentes me sedujeron. Tenía 27 años, era un chico y me sedujo la relevancia, el picoteo del dinero. Me arrepentí pero ese dinero me permitió a fundar El Confidencial.
¿Me arrepentí significa "me aburrí" o "se me envileció la mirada del mundo en la planta de presidencia"?
El síndrome de hybris, la enfermedad del poder, lo descubrí en primera persona. Y fue un aprendizaje. Yo también me he tratado mi propio ego y por eso he estado 25 años fuera de la mirada pública. He tratado de ser más auténtico, de quitarme imposturas... El poder es un mundo que no critico, que acepto. No puedo ser cínico, yo también tengo poder. Lo conozco y veo debilidades, claro que sí. Veo inseguridades, gente que no está capacitada para lo que hace y sufre por eso... Pero yo hablaría de la enfermedad del poder, no de una podredumbre generalizada.
Hábleme del hilo que llevó de Terra a El Confidencial. ¿En Terra hacían periodismo?
No pero trajimos periodistas al equipo para generar contenidos. Terra era un portal, que es una cosa que suena muy antigua pero que, antes de Google, tenía sentido. Pero la tentación del periodismo estaba ahí. En 1999 compramos Inverti, que era un servicio periodístico. Yo iba en esa dirección, pero en marzo de 2000 cesé en el puesto y en dos meses monté El Confidencial.
¿Cuál era la alternativa para usted?
No sé. ¿Gestionar inversiones en activos digitales? Supongo pero no me interesaba. Mi tentación no era ser rico sino volver al periodismo. Mire, la única visión que he tenido como empresario fue al conocer internet, al ver una pagina cargar. Pensé: esto me va a permitir construir y volver al periodismo. Fue un destello. Terra fue el aprendizaje para desarrollar esa visión y volver. Ahora lo veo como un "tenía que ocurrir". Así que con un grupo de amigos hicimos El Confidencial con cinco periodistas.
¿Cuánto riesgo asumió? Si hubiese salido mal, ¿se habría arruinado?
Soy extremadamente prudente y conservador. Para bien y para mal. Salimos con 360.000 euros de capital. Luego, un millón. El proyecto era pequeño, estaba pensado para llegar a los 15.000 o 20.00 centros de poder que había en España y el modelo estaba muy ajustado: esto quiero, esto cuesta. El primer año perdimos un poco. El segundo empatamos y en el tercero, ganamos algo.
¿Qué hicieron bien?
Sabíamos que si el presidente de la empresa nos leía, el director iba detrás y después el gerente. Éramos varios medios nuevos en ese momento. La diferencia era nuestra conexión con la élite empresarial, que necesitaba información exclusiva, un tono un poco más fresco e impertinente... Creo que yo ya había descubierto esa oportunidad precisamente porque había estado cerca del poder. Conocía sus debilidades y también su ego. También entendía la vulnerabilidad del periodismo legacy, con estructuras y costes muy altos.
O sea que nacieron como alternativa a Expansión y en algún momento se convirtieron en alternativa a EL MUNDO, El País y ABC. ¿Fue una decisión consciente?
La gestión fue muy conservadora. Añadíamos capas a la cebolla una a una. Nos iba bien y ampliábamos un poco. En 2006 teníamos 100.000 lectores. Empezamos a hacer política, investigación. Teníamos resultados, reinvertimos y ampliábamos.
¿Perdieron dinero en la crisis?
No. Fuimos austeros. Dejamos pasar oportunidades, me lo reprocho muchas veces, pero generamos caja. Pasamos el Covid sin perder dinero. Y ahora, a pesar de la presión, de la situación terrible de acoso por la que se nos ha retirado la publicidad institucional, resistimos.
¿Usa la palabra acoso conscientemente o es una manera de hablar?
Conscientemente. El Confidencial representa el 2% del mercado de la información. Si hay 100 millones de euros de inversión del Estado, es fácil: nos tocan dos millones. Hemos ingresado 76.000. Es un momento de acoso y derribo.
La presión del poder, ¿es peor que la que tenía Diario 16, por ejemplo?
No puedo comparar. Puedo decirle que este es el peor momento que yo, en mi condición de editor, he vivido. El Confidencial se ha llevado mal con todos los gobiernos, pero nunca se había traspasado esta línea. Hubo una decisión que el Gobierno tomó cuando publicamos el 29 de febrero de 2024 una información sobre la mujer del presidente Sánchez. Información que llevó hasta el descubrimiento de una organización que, entre sus objetivos, tenía la destrucción de El Confidencial. Inmediatamente hubo orden de retirar toda la publicidad del Gobierno. Todos los ministerios, a una. Todos los representantes del Gobierno vetaron nuestros eventos de un día para otro.
¿No habrá nadie del Gobierno en el aniversario?
Vendrá, probablemente, lo que llaman el ministro de jornada, el que acompaña a sus Majestades los Reyes.
¿Y la relación con el poder de eso que llamamos "el Ibex"?
La presión del poder existe, claro. Yo he estado al otro lado, entiendo que es legítimo que las empresas defiendan su imagen. La pregunta es ¿cómo lo hacen? Si la herramienta no es un argumentario sino una campaña de desprestigio y castigo, eso es chantaje y no lo aceptamos. En las empresas hay mayor tolerancia que en el Gobierno, hay una cultura que los lleva a evitar la guerra. No siempre, no todos la tienen, pero, mire, en cualquier caso, son empresas, son decisiones que toman. La rentabilidad es para nosotros una condición necesaria pero no es el fin.
El abogado de Leire Díez dijo que tenía 61 periodistas bajo su manto. ¿Cómo le suena?
Esa mafia la hemos sufrido y hemos tenido la fortuna y la inteligencia de descubrirla y ponerla en la opinión pública. Si acaso, me pregunto si hay tantos periodistas en la lista, tantos medios. Me entra la duda, primero, porque para hacer el mal no se necesita tanta gente. Y segundo, porque a pesar de los pesares, la clase periodística es más sana que eso, es más sana de lo que escucho en las tertulias. ¿61 periodistas? Bueno, si la fontanera es periodista, entonces sí, pero es que yo no estoy de acuerdo con ese supuesto. No creo que haya tantos periodistas tan perversos, torpes y antidemocráticos para dejarse instrumentalizar por una paga.
Sean 61 o seis, ¿qué lleva a los periodistas a prestarse a estas cosas?
Primero, la militancia ideológica cuando está por encima de cualquier otra responsabilidad. Me refiero a ese sesgo ideológico patológico que aparece cuando decimos: "Por encima de todo soy esto y no me voy a apear". Otro problema es el de la inseguridad. Si te crees un periodista pero no lo eres, si eres un impostor, el ego herido te puede convertir en el instrumento de gente así. Yo gestiono egos. En el periodismo, los egos son superlativos. Y está la codicia, por supuesto.
¿Ve bien el conjunto del periodismo? ¿Lee la competencia y piensa "esta gente trabaja bien, lo que ofrecen vale el precio de la suscripción?
Sí. Los medios relevantes, todos ellos y no sólo ellos, aportan cosas por las que merece la pena pagar y creo que seguirán ofreciéndolo. En 2000, la amenaza del mundo digital fue la oportunidad de crear El Confidencial. Ahora hay otra bomba atómica, la IA, que también puede ser una gran oportunidad. La prensa libre va a ser más necesaria que nunca. El problema será la saturación. ¿Cuántos actores generarán recursos suficientes para sobrevivir con equipos competentes? Hay dos mil y pico medios en España.