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La caza sanguinaria de religiosos del narco mexicano: "Los sicarios atacan a los curas porque defienden a la gente"

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Desde hace 10 años, Fernando de Haro, periodista, escritor y cineasta, recorre el mundo en una serie de documentales que retratan la vida de los cristianos en lugares hostiles: Egipto, Siria, Líbano, Irak, China, Pakistán, India, Nigeria, Palestina, Israel... La última entrega de su trabajo tiene una particularidad: se centra en México, un país con inmensa mayoría cristiana.

Recurrimos a él para conocer esta violencia desconocida en España que plasma en el documental Vida en México. «Ocurre que, en muchas partes de México, el Estado es un estado fallido. El monopolio de la violencia de la República no existe y su lugar lo han ocupado los narcos. El Estado tampoco puede garantizar la protección de las personas y ahí aparecen los sacerdotes. Y por eso, el peligro», explica De Haro.

Continúa el cineasta: «México se fundó con una revolución anticlerical y con la persecución de algunos sacerdotes. Pero yo no me atrevería a conectar esa confrontación histórica con la situación actual», dice el periodista. «La libertad religiosa es plena aunque queden algunas leyes. No hay persecución ni continuidad entre el anticlericalismo. De hecho, la gran paradoja es muchos de los sicarios que asesinan a los sacerdotes son católicos. Es una violencia de católicos contra católicos que empezó en los años 90, cuando el crimen organizado se convirtió en un sujeto social que vertebró la sociedad mexicana y los sacerdotes actuaron como un freno para su expansión», relata.

«Yo lo vi en la Sierra de Guerrero. La gente me decía: la vida es normal, nos dediquemos a la amapola del opio. El narco controla el territorio, redistribuye la riqueza y gestiona algunos beneficios sociales... Como en cualquier sitio. Pero no es normal, todo está envilecido desde el momento en el que el agente que sostiene a la comunidad es una persona que se dedica al negocio del terror. No hay libertad. Las personas tienen que entrar en el narco porque no hay otra alternativa más que ser víctima y victimario. Eso envenena las relaciones», detalla De Haro. «Alguien muere, alguien mata. Pasa todo el tiempo. La escenificación de la muerte es permanente. No te matan: te matan, te decapitan y sacan tu cabeza en un taxi. Y todos los ciudadanos se miden por su relación con el narco».

«La persecución de los curas no es ideológica», continúa De Haro. «Los sicarios van contra la Iglesia porque los curas van a defender a la gente, a los indios, como ocurrió con los encomenderos y las órdenes religiosas hace siglos».

Esa política de la iglesia, casi instintiva, fue tomada a pie de territorio. «Hubo otra opción para la Iglesia, la mediación. Algunos obispos la han intentado en medio de guerras civiles entre cárteles. Hubo una discusión interna muy fuerte. Puedo decirle que a la Iglesia le salió fatal. Hay un tercer nivel de respuesta, una respuesta institucional de denuncia del narcoestado. La Iglesia no choca frontalmente con el Estado pero señala sus contradicciones. Un ejemplo: la presidenta Sheinbaum presume de que está bajando el dato de muertos por el narco. La realidad, es que están desagregando a desaparecidos y muertos. La Iglesia ha denunciado que eso es maquillar estadísticas», asegura De Haro.

"Alguien muere, alguien mata. Pasa todo el tiempo"

Fernando de Haro

-¿Puedo preguntarle por las comunidades protestantes en México?

-Algunos pastores evangélicos sufren la persecución como los sacerdotes católicos. Hay una tradición evangélica que ha confrontado al narco y que ha sufrido por ello. Otra cosa es el pentecostalismo que viene de Estados Unidos, que fusiona política y religión y que difunde la ideología MAGA. No se identifican con el narco pero, como se limitan a rezar y no atienden a nada social, no se meten en problemas. No hay dimensión social en su vida religiosa, así que el narco no va a por ti.

«En el territorio del narco, la persona es presuntamente culpable. Una sociedad medianamente sana está basada en lazos de confianza. El otro no te va a robar, a asesinar, a engañar. En México, eso está invertido. Si tu hijo desaparece piensas que es porque estaba en el cártel. ¿Por qué creer en un paisaje así?». «Porque hay personas que viven de una forma luminosa en medio de esta oscuridad y acompañan a otra gente. Y la fe se basa en esa humanidad que defiende a las personas».

Algo más: «El narco ha cambiado desde que el fentanilo conquistó el mercado. Ahora, se centran en el control del territorio a través de cualquier negocio ilegal». Los narcos han evolucionado. Su nuevo objetivo es la minería ilegal y el negocio de las tierras raras que es muy rentable. Por supuesto, también se dedican al secuestro y la trata de personas, la esclavitud sexual y los trabajos forzados. «Para ellos no hay ninguna contradicción entre ser un sicario y seguir una religiosidad popular, casi mítica, basada en el rito y la romería. Esa no puede ser la esencia porque el rito puede convivir con cualquier cosa. La esencia es preguntarse qué es ser cristiano», remata De Haro.