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La guardia pretoriana de Scaloni: los inicios en Valencia, la ascendencia sobre Messi y los temidos 'pensieri'

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«Nunca estamos perdidos». Esta frase de Leo Messi tras una de las victorias agónicas en esta Copa del Mundo encierra la filosofía que Lionel Scaloni quiso llevar a la selección argentina cuando, tras el Mundial de Rusia en 2018, recibió la llamada de la AFA para hacerse cargo de la «selección mayor». Había vivido como ayudante de Jorge Sampaoli el batacazo de caer en el primer cruce de octavos frente a Francia. Había visto el desgaste del seleccionador, consumido por la responsabilidad de tener un plantel de estrellas encabezado por Messi que no le alcanzaba para pelear el Mundial. Scaloni tenía su diagnóstico de por qué.

No esperaba la llamada del presidente Claudio Tapia ni se cuestionó por qué llegaba, si por las apreturas económicas de la AFA o por la necesidad de un cambio después de 25 años sin alzar un título. Le dieron seis amistosos, de prueba, y libertad para reclutar un cuerpo técnico que convirtió en su guardia pretoriana.

La primera llamada fue a Pablo Aimar. «Pablo, vamos a agarrar a la selección», le dijo. «Vos estás loco», le contestó el ex jugador del Valencia. Fue precisamente en L'Alcudia, en una localidad valenciana que organiza el COTIF, un prestigioso torneo Sub-20, donde ambos se sentaron juntos por primera vez en un banquillo. Aquel equipo juvenil de Argentina, encabezado por Lautaro Martínez, se proclamó campeón. «El proyecto de cualquier ex jugador que se mete a entrenar es el de llegar a la selección mayor o a algún equipo importante. Ahora mismo, nosotros solo queremos echarle una mano a la AFA», decía entonces el técnico.

Que llamara a Aimar ante el reto tenía dos explicaciones. La primera es que ambos son exponentes de la llamada Generación Pékerman que saltó a la fama en 1997 tras el título en el Mundial Sub-20 de Malasia. Aunque por encima de todo se empaparon de la filosofía que da protagonismo al juego, pero que opta por tener una relación muy cercana, casi paternal en algunos casos, con el jugador, al que descarga de tensión.

«como un matrimonio»

La segunda nace de esa visión: Aimar había sido el ídolo de Messi y le hizo estar presente en la conversación que tuvo con él para enrolarle en su proyecto. Necesitaba que el 10 fuera su estandarte y rodearle de cuanto necesitara para que aflorara su fútbol, como ocurría en el Barça. «A Pablo le digo que es maravilloso disfrutar de esto, de ver cada cosa que hace», explicó hace unos días. Scaloni y Aimar tienen un nexo que les hace entenderse «como un matrimonio», comentan en su país. Son pausados, reflexivos, son los que arman la táctica, «y los que menos dormimos», bromeaba Scaloni durante esta larga concentración en Kansas City de donde, juntos en bici, se han escapado para visitar a sus familias, alojadas a 10 kilómetros.

La toma a tierra del seleccionador la completan otros dos ex internacionales, con brillantes carreras en el fútbol europeo. Esa conexión con la forma de trabajar en los grandes clubes europeos ha sido clave también en la nueva Argentina de Scaloni. Por eso eligió a Walter Samuel y Fabián Ayala. El ex del Inter es de su misma generación y compartió ese Mundial Sub-20 a las órdenes de Pékerman. En esta Copa del Mundo, su papel ha emergido con el balón parado y se evidenció con el gol de Mac Allister a Suiza. «Me alegro por Walter porque es una jugada que ha preparado mucho», confesó Scaloni tras el apurado triunfo.

Esa libertad para proponer y consensuar las decisiones es algo que caracteriza a este cuerpo técnico en el que se refugia. Ayala es su voz en la previa y en los descansos de los partidos, cuando la FIFA busca el punto de vista técnico, porque todos saben lo que pasa por la cabeza del técnico tras lo que llaman su «pensieri», en italiano, su reflexión. «Él juega el partido muchas veces antes y luego nos dice "hay cambios, hay cambios"», explica el ex defensa del Valencia. Se los cuenta, como ocurrió en Qatar, en un paseo tras la comida. En aquella ocasión fue su propuesta de cargar el ataque contra Francia por la orilla de Ángel di María.

Scaloni analiza con ellos -y suma al analista Matías Manna y al preparador físico Luis Martín, El Profe- cualquier decisión que toma antes y después de los partidos. Así ocurrió en Qatar, cuando tras la derrota ante Arabia les pidió a sus compañeros disimulo: «Que los jugadores no nos vean mal». También ha pasado en Estados Unidos, donde el seleccionador hace una valoración de los partidos con su cuerpo técnico a modo de balance. Por eso, cuando Argentina jugó su peor partido del Mundial, ante Suiza en cuartos, Scaloni se enfadó con sus jugadores por lo que se demoraban en la zona mixta. Bajó del autobús y les reclamó marcharse al hotel a descansar. Una bronca que compensa siempre con un asado, «porque a veces vale más que 20 sesiones tácticas», argumenta Manna.

Esa necesidad de aflojar la cuerda, de dar voz a jugadores como Messi, nace también de las largas concentraciones que, como internacionales, vivieron el seleccionador y sus cuatro ayudantes, que no están exentos del desgaste. De hecho, Scaloni amagó en 2023, después de su primer título de la Copa América y de levantar la Copa del Mundo, con un adiós. «Ahora toca parar la pelota. Necesito pensar mucho qué voy a hacer porque la vara está muy alta», confesó. Fueron unas semanas en las que esta guardia pretoriana se rearmó y sumó otra Copa América y una final del mundo.