«Le llevaba semanas enseñando casas y siempre había un pero. El cliente estaba bloqueado. Al siguiente día, en vez de ir a ver más, salté con él en paracaídas». Álvaro Núñez Alfaro (Madrid, 1993) rememora una de sus primeras y millonarias ventas inmobiliarias en Miami, con un «hay que vivir» por respuesta al aterrizar. La anécdota, una de tantas, pone en contexto al protagonista, que la relata con un agua con gas en la mesa, de visita a España para presentar su último documental, 'The Road to Why' (en AppleTV y Prime Video). Tiene 32 años y todo en Álvaro es de película. Ex promesa del tenis, empresario de éxito en Estados Unidos, ultradeportista, influencer con millones de seguidores... "Todo lo bonito de la vida está en el otro lado del miedo", pronuncia uno del puñado de mensajes de superación que se esconden en su apasionante conversación.
Con Álvaro se puede empezar por el final. Fue portada de Sports Ilustrated y Forbes le bautizó como el 'Action Man' del sector inmobiliario de lujo. Con eso se gana millonariamente la vida. Su empresa, Super Luxury Group, vende mansiones en Miami, ninguna por debajo de los 10 millones de dólares. No es uno más en el sector, nunca lo quiso ser. Él lo llama 'Celebrity homes'. Hacer las casas famosas. Cuando todavía ni siquiera el concepto instagramer estaba muy extendido, Álvaro negociaba con los propietarios ceder sus moradas a famosos durante unos días a cambio de visibilidad. Revalorización automática. "La curiosidad crea energía", lanza otro lema.
Así empezó en República Dominicana, tocando puerta por puerta, "con la camisa sudada", cuando había perdido su visado estadounidense. Después importó el modelo a Miami y añadió varias de sus habilidades. Llevar al cliente en helicóptero o lanzarse con él en paracaídas, entre otras. "Yo soy piloto. Pero en Miami no puedes legalmente aterrizar en una casa. Ideamos plataformas que puedes poner delante de ellas, en el mar. Si alguien es capaz de pagar 60 millones tienes que llevarle a una experiencia única", detalla.
La parte empresarial, de por sí ya extraordinaria para alguien con su edad, Álvaro la combina con sus asombrosos retos deportivos. Porque, rodeado en una jungla de competencias, éxitos y lujo, un día entendió que la mayor conquista posible es la del "propio ego". "Tengo amigos que facturan millones pero no pueden irse de vacaciones y viven estresados. Para mí el lujo es poder levantarme cada mañana con un propósito. La paz es lo más importante ahora mismo", reivindica. Así que un día, espoleado por el concepto japonés 'Misogi' ("hacer algo que te asuste") y motivado por algunos tropezones vitales, fue más allá. "Busqué en internet los retos más difíciles del mundo. Empecé por el último de la lista, un ironman. Lo máximo que había hecho era la San Silvestre, aquí en Madrid", recuerda.
Antes de entrar en todos los impresionantes desafíos que llegaron a continuación, hay que acudir a los inicios. Pues tanto el deporte como Estados Unidos habitan en las primeras páginas de la historia vital, "una sucesión de obstáculos convertidos en oportunidades", de Álvaro. Concretamente el tenis, que le llevó de la Blume de Madrid a una beca en la "modesta" Universidad de Nuevo México, donde al año se rompió el pie y perdió la ayuda económica. El "american dream", como él lo llama, estuvo a punto de truncarse a las primeras de cambio. "Intenté sacar dinero de cualquier lado, incluso limpiando los baños de la universidad. Hasta que me recuperé y terminé siendo el capitán del equipo y en el Hall of Fame de la Universidad", rememora.
El deporte fue su herramienta para construir otras oportunidades. Se trasladó al sur de Florida, vivió en Boca Ratón, "uno de los sitios más ricos de EEUU", cursó un máster y siguió utilizando el tenis para ampliar su red, "dando clases a gente que luego me ofreció trabajo".
Ahí nació su empresa, mientras cursaba un programa ejecutivo en Harvard. Luego llegó la aventura dominica y la vuelta a lo grande a Miami. Y el primer Ironman, en Mallorca, en 2021, "con una bici de alquiler, más de 12 horas, acalambrado por todas partes, lo pasé muy mal. Pero nada más terminar me apunté al segundo, ya con una bici y una preparación en condiciones", explica. De ahí al Mundial en Niza, más difícil todavía, el brutal Maratón des Sables, unos 250 kilómetros en régimen de autosuficiencia alimentaria en el desierto del Sahara. "Justo un amigo se acababa de suicidar. Hombre exitoso, mujer preciosa, con hijos. Alguien a quien yo admiraba. Escribió una carta en la que reconocía que tenía un peso con el que no podía. Me pegó duro. E hice una campaña, 'The weight of depression', en la que cientos de personas compartieron su carga conmigo. Completé el ultramaraton con una pesa en la espalda, que cuando terminé enterré en la arena del desierto. Tuvo un impacto muy grande", cuenta.
De ahí, al Ultraman, en el que terminó quinto del mundo. Y antes, The 7-7-7 Challenge. "Completé los siete maratones en siete días en siete continentes, fui el primer español en hacerlo. Llegó la prensa, la repercusión. Es muy fácil alimentar tu ego. Nada más terminar me fui 10 días a una cueva en Oregon, solo, con tanta oscuridad que no ves ni tu mano. Ya había hecho Vipassana, 10 días en silencio, meditando. Pero esto fue mucho más heavy. Solo con tus pensamientos, tienes que rendirte. Me di cuenta de que todo lo que siempre había querido es todo lo que siempre he tenido...", reflexiona.
El año pasado llegó el Race Across America, un agotador desafío ciclista de costa a costa, desde California hasta Nueva Jersey, casi 5.000 kilómetros, que completó en poco menos de 12 días mientras su padre recibía tratamiento contra un cáncer de próstata: "Si él no abandonaba, yo tampoco", cuenta sobre el documental que ahora estrena (también escribió un libro, Level Up). Aunque uno de los momentos más extremos acudió durante la expedición al Denali, la montaña más alta de Norteamerica, en Alaska. "Es una montaña en la que tienes que llevar todo contigo, con vientos de 100 kilómetros y un frío de 30 grados bajo cero. Quisimos hacerlo en seis días y vi a mis dos amigos casi perder la vida por querer llegar a la cima, por arriesgar. Uno de ellos tenía un edema, escupía sangre. El otro también estaba fatal. Las cosas se pusieron peligrosas en la bajada".