El muchacho de esta aventura tiene 16 años y llega a un puerto en busca de explicaciones. No pide saber su pasado, lo exige. Está tan enfadado que puedes escuchar su cerebro zumbando como un ordenador con el ventilador roto.
"Los jóvenes están cabreados, están airados porque han sido educados para un mundo que no es real y, cuando descubren que los hemos engañado, se enfadan", reflexiona Arturo Pérez-Reverte. "Entre los 13 y los 18 años, un joven a menudo es conflictivo porque comprende que ha vivido un fraude y que tiene cuentas pendientes que arreglar con la sociedad. Yo he sido ese joven también y puedo comprender ese sentimiento perfectamente".
Cuando tenía 15 años, recuerda el escritor y académico de Cartagena (Murcia), suspendió buena parte de las asignaturas que cursaba. Su padre decidió enrolarlo en un pesquero durante dos meses. La experiencia fue dura. "Recuerdo que nos levantaban a las tres de la mañana, helados de frío, para matar a palos a tintoreras y emperadores en el barco". ¿Moraleja? "Al curso siguiente volví a estudiar, claro", exclama riendo, seis décadas después.
En el puerto de Procida, una pequeña isla frente a Nápoles, suena la campana de las 10 de la mañana con un tañir de hojalata. Las motillos se cuelan por cualquier rincón de las empinadas callejuelas de la población, por cuyas paredes desconchadas cuelga aquí y allá la ropa tendida. Hay palomas que no se asustan fácilmente y moscas que molestan en la cara, baratijas de plástico y alguna bandera descolorida de Maradona. Alfaguara ha traído aquí a un grupo de periodistas españoles para hablar de La hipótesis más peligrosa, la nueva novela de Pérez-Reverte, cuya primera edición sale hoy a la venta con una tirada de 180.000 ejemplares. Es una novela de iniciación combinada con una historia de aventuras en la que hay un elemento sobrenatural. Es un triple viaje físico, narrativo y temporal a través del Mediterráneo, la Historia y la relación de un hombre y un adolescente.
"Mientras escribía este libro me he dado cuenta de que me hago mayor. Igual que los elefantes en esa situación van buscando un sitio donde tumbarse a descansar, yo también lo hago, y el Mediterráneo es donde realmente me siento más a gusto y donde miro mejor mi pasado", dice Reverte, sentado en un café. "Tuve la suerte de conocerlo antes de que fuera masacrado por el turismo masivo".
"Yo fui educado en los conceptos de patria, nación y sociedad y con los años me he dado cuenta de que mi patria es el Mediterráneo", continúa el autor, que desde hace más de 30 años tiene un velero con el que recorre este mar. "Me siento más en mi casa en un bar de Procida, o en un café de Estambul o en un restaurante de Tiro, que en París, Nueva York, Ámsterdam o Londres".
En La hipótesis más peligrosa, el muchacho llega al puerto para conocer a su padre. Es un tipo de hombre que resultará familiar a los lectores veteranos de Pérez-Reverte. Honesto, duro y leal, tiene el aplomo de un sacerdote sintoísta y nunca sustituye el conocimiento por cinismo. El chico prefiere el conocimiento, aunque le mutile, a la ignorancia. El hombre va sobrado de conocimiento. El chico odia que le llamen el chico. El padre le llama chico todo el rato. Embarcan y se quedan solos en medio del mar. La historia va lanzada desde la primera página, en un viaje desde la costa española hasta el otro extremo del Mediterráneo: una odisea.
Una odisea por el Mediterráneo
El mar es un espacio favorito de Reverte desde La carta esférica (Alfaguara, 2000). De nuevo, representa una promesa de libertad y el pasaporte de los que quieren o necesitan escapar. Su presencia es constante ‘La hipótesis más peligrosa’: mar es la séptima palabra de la novela.
"Antes pensaba que Europa se estaba apagando, pero me he dado cuenta de que el Mediterráneo se está adueñando de Europa", celebra Pérez-Reverte, quien se identifica cada vez más con la cultura meridional. "Hace poco escribí un artículo en EL MUNDO que se llamaba La venganza del Mediterráneo y eso creo que es lo que está pasando. El Mediterráneo fueron siempre culturas superpuestas, fue mestizo, fueron guerras, revoluciones, invasiones, corsarios, piratas, mezclas... Fue caos", dice, y de verdad que en ese momento llega la camarera y reparte cafés por la mesa provocando un pequeño caos como una coreografía neorrealista. El escritor continúa su reflexión, haciendo suya una frase de Asier Lerrant, el padre de esta aventura: "Más que un mar, el Mediterráneo es una memoria".
"Europa había intentado civilizar el Mediterráneo, pero ha ocurrido al revés", continúa Pérez-Reverte. "Es el Mediterráneo el que está dando la batalla y descivilizando Europa, está llevando su maravilloso caos, su extraordinaria locura de sol, de sal, de pueblos que van y vienen y de sangres diferentes a Berlín, Copenhague, Oslo, Madrid y Barcelona. El que es inmortal es el Mediterráneo: es el fuerte, el vigoroso y el dominante. Cada patera, cada frontera que se cruza, cada invasión, cada emigración extiende el Mediterráneo". Y, concluye: "Europa merece que el Mediterráneo la recolonice".
El hijo de la novela está adiestrado en el fracaso. Investiga su pasado como un detective; es tenaz, orgulloso, idealista y soñador. "Podía definirse como una lealtad en busca de una causa", escribe Pérez-Reverte. El padre es un marinero errante de carácter minucioso, metódico y preciso. Es un hombre con total seguridad y control. Ambos aparecen al principio de la historia doloridos, distantes y solitarios.
"El ser humano es un asesino natural"
Los protagonistas de La hipótesis más peligrosa son transfiguraciones lejanas de Telémaco y Odiseo. La experiencia de navegar proporciona al padre y al hijo de esta aventura una inmensa paz y una mayor agudeza, aunque históricamente el Mediterráneo es representado en estas páginas sobre todo como un mar que "ha conocido mucha sangre", un espacio "imprevisible y traidor", azotado por la muerte y la guerra a lo largo de los siglos. La violencia recorre la novela de principio a fin: "Ver ejercer la violencia, verla practicar o sentirla en tu propia carne, o incluso ejercerla cuando tienes que ejercerla, también eso es un aprendizaje", explica.
"Cuando yo hablo de matar, de muertos o de pisar la sangre en el suelo son historias que he vivido. Lo mismo que cuando hablo de la soledad total", dice quien fue reportero de guerra en Chipre, Líbano, Eritrea, el Sáhara, El Salvador, Nicaragua, Libia, Sudán, el golfo Pérsico o la antigua Yugoslavia. "El ser humano es un asesino natural", afirma Lerrant en el libro y suscribe Reverte. No son recuerdos, sino antiguos jeroglíficos pintados en las paredes de la mente. "Por supuesto que somos asesinos por naturaleza. Antiguamente lo hacíamos para sobrevivir, después hemos ido desarrollando mecanismos cómodos y teorías morales, pero el ser humano básicamente sigue siendo un asesino natural. La regresión es facilísima. Mira Yugoslavia. Basta cualquier circunstancia extrema para que de pronto aparezca el asesino. Yo los he visto, he visto músicos que tocaban el violonchelo y que eran francotiradores y explicaban cómo mataban niños. Un hijo de la gran puta puede ser en un momento determinado el héroe de un país según las circunstancias. Todo eso es muy difícil de explicar a una Greta Thunberg", sentencia. Más adelante comenta: "La cuestión es que en el mundo actual tendemos a condenar o a aplaudir, pero no a comprender".
"Todos estamos solos y morimos solos"
Es imposible ser feliz en el sitio más bonito del mundo, dice el hermano de Parthenope en la película de Sorrentino mientras están en Capri, la isla al otro lado del golfo de Nápoles. Pérez-Reverte parece feliz aquí, e insiste en ser un hombre "con mucha suerte en la vida". Pero la melancolía tiñe la novela y, si tuviera una banda sonora, dice, sería el Romance de Shostakóvich, una pieza para violín que es arquetipo de la nostalgia. La soledad aparece en el libro a menudo como el estado ideal del hombre. "En realidad todos estamos solos", nos dice en el café de Procida, y repite "todos estamos solos". "El mundo que hemos construido nos ayuda a olvidarlo, a disimularlo, a camuflarlo, pero todos estamos solos y morimos solos".
Como en la Odisea, la fuerza del destino es un elemento importante en La hipótesis más peligrosa, aunque no está claro si Reverte es de los que creen que el destino es algo que se fabrica cada uno. "Yo lo que creo es en el azar, pero el azar tiene reglas", afirma con convicción. "El mundo es un lugar donde el caos se impone a la razón y al orden, pero cuando vives en el caos mucho tiempo y sobrevives a él, incluso cuando utilizas el caos en tu beneficio, te das cuenta de que hay reglas y que puedes comprenderlas", explica evocando, de nuevo, la violencia. "Eso lo aprendí en la guerra y es aplicable al mundo".
Y de ahí viene, por fin, la explicación del título de la novela. Dice el personaje del marinero experto: "Hay un principio básico muy útil en el mar y en la guerra: prepararlo todo según la hipótesis más probable, pero adoptar las medidas de seguridad según la hipótesis más peligrosa". ¿Tiene todo esto algo que ver con la decisión del reportero de guerra de transformarse en novelista, hace justo 40 años? Desde luego. "Para mí, escribir era una manera de ordenar ese caos que había conocido en la guerra. En el año 86 yo venía con mucho caos en la mochila, mucho desorden, y de eso trataba El húsar. Empecé a escribir para poner orden".
Cuatro décadas después, a punto de cumplir 75 años, dice: "A medida que te haces mayor tienes menos certezas que dudas. Y la verdad es que poco a poco te mueres, pero todavía, mientras escribo, entiendo. Cada novela es una especie de indagación, de desafío, de búsqueda, de intentar explicar... Tener incertidumbres es lo que te obliga a escribir novelas que no has escrito. Los desafíos nuevos te mantienen vivo, te mantienen joven, intelectualmente hablando".
En su nuevo libro cita en un momento a Jean Lartéguy: "Nos hemos extraviado en un siglo que no era el nuestro". Es algo que quizá él mismo sienta también. "Tengo muy claro que la novela está sentenciada de muerte. No sé cuánto tardará, 15, 30 o 50 años, no lo sé, pero va a morir. El soporte narrativo del futuro es el videojuego", afirma. Los videojuegos son de hecho una subtrama en esta historia, pues el joven es un jugador experimentado y sueña con crear uno. "Ése es el mundo que viene, pero no es tan dramático. El relato será siempre necesario y siempre habrá narradores. El ser humano necesita que le cuenten historias, y las historias clásicas están ahí, no van a perderse. La Odisea será otra cosa, o la Ilíada, o La divina comedia, solo que cambiará el soporte".
Por su parte, Reverte ya tiene siete capítulos escritos de su siguiente novela, haciendo buena una de las ideas nucleares de La hipótesis más peligrosa, lección del mar para la vida: "Vivir es prepararse para lo más probable, pero organizar la seguridad sobre lo más peligroso".