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La resurrección de Marta, la subcampeona paralímpica que sonríe tras el drama: "Me drogaron y me violaron dos hombres. Caí en una depresión muy profunda"

La resurrección de Marta, la subcampeona paralímpica que sonríe tras el drama: "Me drogaron y me violaron dos hombres. Caí en una depresión muy profunda"

La felicidad perfecta llegó en ese momento. Marta Francés, con la Torre Eiffel de fondo, una plata al cuello y una sonrisa que no cabía en la foto. Fue feliz sobre el podio de los Juegos Paralímpicos de París 2024. Más feliz que nunca. Pero antes y después hubo días peores. Los narra ahora en su libro 'Siempre p'alante' (Diéresis, 2026). El cáncer cerebral que le detectaron a los 16 años y que le dejó una parálisis lateral; la agresión sexual que sufrió durante la universidad; la retirada después de su mayor éxito antes de cumplir los 30; y la mudanza a otra ciudad para una nueva vida.

Le detectaron un tumor cerebral al cumplir 16 años. ¿Cómo se lo dijeron?
Los médicos le dieron el diagnóstico a mi madre mientras yo estaba en el colegio. Vino a recogerme y me la encontré llorando como una magdalena. Al principio habló de un quiste, para no asustarme con la palabra tumor, pero yo insistí hasta que me lo confirmó. Me derivaron a neurocirugía, y tardaron dos meses en operarme.
¿Cómo fue la recuperación?
Muy larga. Al despertar no podía mover nada, solo los ojos y un poco la boca, y me dio un ataque de ansiedad enorme: sentía que me ahogaba. Tampoco podía hablar bien, me salían solo sonidos sin sentido. Mi padre me trajo un cuento infantil para reaprender a leer, y poco a poco recuperé el habla. Estuve 18 días ingresada y salí en silla de ruedas. En casa les pedí a mis padres ayuda para volver a ser autónoma: cada día, en el pasillo, me sujetaban entre los dos porque había perdido el equilibrio y me caía. A los dos meses conseguí andar sola, aunque me chocaba con las paredes, y a los seis ya estaba trotando. El neurocirujano, en la siguiente revisión, no se lo podía creer: me había dicho que no volvería a caminar. Hoy tengo 31 años y sigo sin ser la de antes, pero estoy orgullosa de lo que conseguí.
¿En qué le afecta la hemiparesia que sufre?
No controlo bien mi lado izquierdo: me tiembla mucho la mano y por eso no la uso, porque se me cae todo. La hemiparesia viene de la propia operación, al extirpar el tumor tocaron algo de la parte buena de ese lado, aunque pudo haber sido mucho peor. El neurocirujano me advirtió de que no estudiara Ciencias de la Actividad Física, porque me frustraría comparándome con los demás. Le hice caso, empecé Biotecnología, no me gustó, y con 20 años volví a intentarlo: tras un año de preparación, aprobé las pruebas físicas de acceso.

Era nadadora y peleaba por clasificarse para los Juegos Paralímpicos de Río 2016.
Sí, ya estaba en alto rendimiento, había sido campeona de España y Europa. Pero en tercero de carrera, en una fiesta de final de curso, dos hombres me drogaron y me violaron los dos. Lo denuncié, pero al año se archivó el caso. Fue muy duro esperar durante el proceso: sentía que me habían quitado todo, que ya no servía para nada. Caí en una depresión muy profunda, con dos intentos de suicidio, y necesité tratamiento. De hecho me sigo tratando. No quiero volver a caer en ese pozo, y por eso tampoco recurrí: necesitaba pensar en otras cosas, volver a ser feliz.
Cuenta en el libro que le salvó el triatlón.
Totalmente. Después de la agresión hice un parón de tres meses y entré en psiquiatría. Cuando encontré fuerzas para volver a nadar, descubrí que el seleccionador me había quitado la licencia y que me acusaban en redes de mentir sobre por qué había dejado de competir. Me apunté a una piscina pública solo por nadar, y allí coincidí con un grupo de triatlón que me salvó. Me enseñaron a montar en bici, empecé con una de aluminio que pesaba un tonel y aprendí a base de caídas. Todavía en 2023, antes de París, tuve una caída muy fuerte porque solo puedo frenar con la mano derecha y me partí el cúbito y el radio. Menos mal que llevaba casco, porque se partió por la mitad.

"Aquí estoy yo, sigo viva"

Y pese a todo eso, hoy guarda en casa una plata paralímpica.
Todavía se me ponen los pelos de punta. Para mí fue mucho más que una medalla: fue decir "aquí estoy yo, sigo viva", después de no haberlo estado en varios momentos de mi vida. Le di las gracias a los pocos que no se rindieron conmigo, a Dios, por darme otra oportunidad, y a mí misma, por no haberme rendido. En el libro cuento cosas que nunca había contado.
¿Y el acoso por el que se retiró, casi un año después de París, con 29 años?
Quería pasar página. Durante siete años me reuní con la federación para que cambiara la situación, y nunca me ayudaron. A nivel laboral esto se llama mobbing. Al anunciar la retirada no quise dar nombres, porque nunca los denuncié, pero la federación y varios compañeros salieron a decir que habían abierto un proceso y que lo habían cerrado por falta de pruebas. Eso es falso: nunca se abrió nada. Mi abogada les advirtió de que, si seguían mintiendo, habría una denuncia, y dejaron de pronunciarse. No los denuncié: ya sabía, por experiencia, lo lenta que es aquí la justicia, y no quería que me persiguiera años ni caer otra vez en depresión. Dejé la competición, cambié de vida y me mudé de Madrid a Puertollano, donde acabo de abrir un gimnasio, MForma, jugando con mis iniciales.

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