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La salud de Trump, bajo la lupa: el debate sobre su peso y las recurrentes marcas en sus manos

La salud de Trump, bajo la lupa: el debate sobre su peso y las recurrentes marcas en sus manos

El estado físico del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a situarse en el centro del debate público tras una serie de análisis médicos independientes, informes oficiales y llamativas apariciones públicas que coinciden en elevar la alarma sobre su salud, a sus 80 años, cumplidos el pasado junio. 

La confluencia entre los exámenes de salud rutinarios divulgados por la Casa Blanca, las advertencias de especialistas sobre los riesgos asociados a su peso en entrevistas con medios locales y la recurrencia de hematomas visibles en sus manos han reavivado las discusiones sobre la transparencia médica en la alta política norteamericana.

Lo más serio es que diversos profesionales de la medicina han expresado su inquietud respecto a los indicadores antropométricos y cardiovasculares de Trump. Es el caso del especialista en obesidad y salud preventiva Scott Kahan, director del National Center for Weight and Wellness de Washington, quien ha señalado que los niveles de peso registrados en sus evaluaciones médicas oficiales sitúan al mandatario en una categoría de riesgo clínico significativo, indica The Washington Post. Al parecer, factores como el sobrepeso y un estilo de vida sedentario aumentan la probabilidad de padecer complicaciones vasculares, diabetes tipo 2 y episodios coronarios. 

Justo la obesidad ha sido una de las armas arrojadizas favoritas del presidente contra sus opositores, a los que ha señalado como gordos en un tono despectivo desde hace años. El propio Post ha recopilado los ataques en sus redes sociales y no sale muy bien parado el magnate con la acumulación de ejemplos... 

Hay más: el doctor Jonathan Reiner, profesor de medicina y cirugía en la Universidad George Washington y médico personal de reputados republicanos como el que fuera vicepresidente Dick Cheney, ha escrito una tribuna en el New York Times en la que desde el título afirma: "Trump no se ha visto bien y deberíamos saber por qué". Sostiene el doctor que en pacientes de edad avanzada, el control riguroso del peso y la monitorización cardiovascular continua resultan determinantes para prevenir eventos graves. 

En paralelo, han salido a la luz los ocasionales informes de los médicos oficiales de la Casa Blanca. No hay novedades: históricamente han mantenido que el mandatario goza de una salud general adecuada para cumplir con sus funciones, destacando su vitalidad en actos públicos a pesar de no seguir estrictos regímenes dietéticos o de ejercicio físico, y eso mismo es lo que dicen ahora. No dan lugar al debate.  

El misterio de los hematomas

Sin embargo, junto al debate sobre su peso, la atención mediática se ha centrado en las marcas oscuras y hematomas que han aparecido repetidamente en el dorso de las manos del republicano. En varios eventos, los periodistas presentes observaron intentos de disimular estas marcas con capas de maquillaje o corrector cosmético más que evidentes. 

Ante la proliferación de especulaciones sobre el origen de las manchas y el porqué de taparlas, la versión oficial y las propias declaraciones de Trump han ofrecido varias explicaciones. La primera es que es un efecto de la medicación, que su propensión a los moretones se debe al consumo preventivo de aspirina en dosis elevadas para la salud cardiovascular; es un n anticoagulante que facilita la aparición de marcas ante golpes menores. 

Portavoces de la Casa Blanca han atribuido en otras ocasiones las marcas al impacto físico repetido derivado de estrechar la mano a cientos de simpatizantes y dignatarios durante actos oficiales. Y si nos atenemos a evaluaciones médicas pasadas publicadas en la prensa, también se hace referencia a condiciones comunes en adultos mayores, como la insuficiencia venosa periférica, que afecta la circulación de retorno en las extremidades. Desde la oficina de Trump no ahondan en ello, porque eludir el debate de la edad del mandatario es una orden que todos conocen. 

La salud de los mandatarios en Washington trasciende el ámbito estrictamente privado para convertirse en un asunto de interés nacional, claramente. En el caso de Trump, observadores políticos destacan el contraste entre sus recurrentes críticas y comentarios del pasado hacia el aspecto físico de adversarios -el demócrata Joe Biden en la memoria, cuando es menos de tres años mayor que él- y la actual atención que suscitan sus propios chequeos médicos. 

A medida que el calendario político avanza hacia las elecciones de mitad de mandato de noviembre (unas legislativas en las que el Partido Demócrata tratará de hacer daño al Republicano en el Senado y la Cámara de Representantes), analistas de medios como el Post y el Times coinciden en que la difusión detallada de los exámenes médicos seguirá siendo una exigencia constante para garantizar la confianza pública respecto a la aptitud física de quienes aspiran o ejercen la presidencia de EEUU. 

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