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Laia López, la campeona del mundo sub-20 de fútbol que estaba destinada a triunfar en el baloncesto: "Yo he de parar penaltis, pero esto es de todas"

Laia López, la campeona del mundo sub-20 de fútbol que estaba destinada a triunfar en el baloncesto: "Yo he de parar penaltis, pero esto es de todas"

Todas las piezas dentro de un equipo son esenciales. Unidas crean un puzle que, con esfuerzo, dedicación y talento, suele otorgar éxitos, pero casi siempre una de esas piezas destaca sobre la mesa. En el caso de las campeonas del mundo sub-20 es Laia López (Madrid, 2007), la portera del Real Madrid que, el pasado domingo, rechazó dos de los cinco penaltis que decidieron la tanda y fueron esenciales para acabar dándoles la ansiada Copa del Mundo.

Sin comer, sin apenas haber dormido, llegando desde Polonia en un vuelo que, además, salía con retraso, la guardameta y todas sus compañeras recibieron a sus familiares en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas. Ella, tras pasar todo el acto oficial de homenaje, posaba junto a sus padres, emocionadísimos, con la Copa del Mundo.

Sus caras lo decían todo y las palabras de la campeona confirmaban lo que era visible: "No somos conscientes de que somos campeonas del mundo, pero es muy fuerte que lo que un día soñé de niña lo esté cumpliendo ahora", confesaba ante los medios. Laia ahora disfruta, sonríe y confirma que aún tiene esa "sensación de euforia", pero, para llegar hasta aquí, tuvo que vivir la otra cara de la moneda.

Hace dos años le tocó saborear la parte amarga de la historia. Este mismo grupo de jugadoras que hoy celebra el éxito, en 2024 lloraba frente a las norcoreanas, las mismas rivales, tras perder la final del Mundial de la categoría sub-17. Cayeron en los penaltis. Y aunque parecía que el pasado domingo la historia se podía repetir, "el fútbol les debía una", como ellas mismas decían. Y el fútbol se la devolvió.

Laia fue la protagonista, aunque no quería reconocerlo. "Yo tengo que parar penaltis porque soy la portera, pero no soy la protagonista. Esto es de todas", contestaba sonriendo. La de San Sebastián de los Reyes está viviendo una temporada idílica, o casi. Ahora pertenece al primer equipo del Real Madrid y, aunque todavía no ha debutado, ha demostrado que está más que preparada.

Además, es una chica de palabra. "Acabaré el Mundial sin encajar goles", dijo. Y así fue. "Yo cumplo mis promesas", confesaba a pie de campo. Y por si esto fuera poco, cuando llegó el momento más difícil para la portera sacó su carácter y, claro, sus manos, para impedir que volviera a ocurrir lo mismo que en 2024.

Esas mismas manos que, en un principio, cuando era pequeña, no solo se dedicaron a parar balones, sino también a guiar la pelota naranja del baloncesto. Su padre, Álvaro López, fue jugador profesional, pasando por clubes como el Fuenlabrada, aunque solo jugó un partido de la ACB con el Estudiantes-Cajabilbao (actualmente Movistar Estudiantes). En un principio, Laia siguió sus pasos. Todo estaba preparado para que la joven triunfara en el basket, incluso la elección de su nombre, en honor a Laia Palau, la que fue internacional y capitana de la selección española.

Ahora la futbolista puede decir, con la boca bien llena, que eligió bien. Y lo que también dice sin miedo es que sigue "siendo la misma". "Una chica de familia, con los pies en la tierra, y que está donde quiere estar. Mi vida no ha cambiado, solo disfruto jugando al fútbol", afirmaba la jugadora internacional.

Quizás siga siendo la misma. Todavía no ha tenido tiempo de darse cuenta de lo conseguido, pero, en el fondo, Laia está mudando esa capa de niña para convertirse en una portera enorme y campeona del mundo. Es pronto, es joven y el fútbol es impredecible, pero lo que ha conseguido con 19 años en una final del Mundial es difícil de lograr si no tienes esa sangre fría que solo los grandes poseen en los momentos más complicados. Y Laia la tuvo cuando más hacía falta, en una tanda de penaltis que valían una Copa del Mundo.


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