Lamine Yamal: "Si no estuviera en el Mundial, estaría sentado en un banco de mi barrio con mis amigos, pensando qué iba a ser de mí"
Se le cae el aura, como dice él, o el carisma, como se decía antes. Se le cae de los bolsillos. Lamine Yamal (Esplugas de Llobregat, 18 años, el lunes cumplirá 19) saluda sonriendo. Está contento. Lleva unas zapatillas blancas, calcetines subidos, claro, y pantalones caídos, claro también. Entra, poco después de las 10 de la mañana, en una de las salas privadas del Dignity Health Sports Park, nombre exacto del campo donde juegan Los Ángeles Galaxy. Se sienta en un sofá negro de cuero esperando las preguntas y mirando de reojo a la cámara de fotos, de lejos lo que menos le gusta de su encuentro con EL MUNDO. Dice que ya está bien, que se encuentra perfecto para jugar esta noche los cuartos de su primer Mundial, un torneo que le espera como agua de mayo.
Antes, habla de sus padres, de su barrio, de lo que le tranquiliza (todo) y lo que le pone nervioso (casi nada), de su hermano, el tema que de verdad le relaja. Es un chaval de 18 años al que el mundo mira esperando quién sabe qué. Y él, como respuesta, ofrece lo que es: un chaval de 18 años. Un vacilón que dice, medio en broma medio en serio, que en las entrevistas cuenta lo que le da la gana para que nadie sepa cómo es. Lamine, a secas.
PREGUNTA. A ver, tengo un hijo de tu edad y me dice palabras que yo no entiendo. ¿Me puedes ayudar?
RESPUESTA. Venga, vamos a ello.
P. La primera es bro.
R. Hermano.
P. Me dice constantemente: "Cien por cien, cien por cien".
R. Eso es como que sí, que no hay dudas de lo que habláis, como que él tiene razón en lo que está diciendo.
P. Esta ya sí que no sé qué significa: cringe.
R. Cringe es como, no sé, ver bailar a tu padre, por ejemplo.
P. ¿Cómo?
R. Sí, son como cosas... ¿sabes? Cosas que te pueden dar vergüenza.
P. O sea, que si bailo delante de él, le estoy fastidiando y es cringe para él. ¿O cómo es eso?
R. Delante de él a lo mejor no, pero delante de sus amigos sí.
P. Entendido. Crash.
R. Perdona, se dice crush. Es como tu amor de la infancia o tu amor de ahora. Pero un amor que no sea... No vale tu vecina, por ejemplo, ¿sabes?
P. ¿Por qué no vale mi vecina?
R. No sé, bueno igual sí vale tu vecina. Es como tu amor imposible. ¡Eso! Tu amor imposible. Aunque bueno, no tiene por qué ser imposible, porque a lo mejor lo consigues.
P. ¡Qué lío! Seguimos. Aura.
R. Aura es una persona que desprende, no sé... que cuando llega a algún sitio, algo como que... ¿sabes? Cuando ves a alguien en una película y dices "guau". Por ejemplo, Brad Pitt o alguien así. En el fútbol también Cristiano, ese sería un buen ejemplo de aura.
P. Entre tú y yo, por ejemplo, ¿quién tiene más aura?
R. [Abre los brazos como diciendo "¿qué pregunta es esa?" y se ríe]. Hombre, yo creo que yo.
"No me importa lo que piensen de mí. Si no, diría la verdad en todas las entrevistas"
P. Me lo temía. Gracias por la ayuda. ¿Cómo está Lamine?
R. Muy bien, me encuentro muy bien. Llegué aquí después de dos meses parado y he tenido que ir cogiendo el ritmo poco a poco, pero me encuentro bien para esta fase decisiva del torneo.
P. ¿Te cansan un poco las entrevistas?
R. Sí, me cansan.
P. ¿Por qué?
R. Porque siempre son las mismas preguntas.
P. ¿Crees que la gente sabe cómo es realmente Lamine Yamal?
R. No. Por eso siempre respondo lo mismo, para que no lo sepáis nunca. Quizá por eso la gente tiene una imagen de mí que no es la real.
P. ¿No quieres que se sepa cómo eres?
R. No, no quiero que se sepa cómo soy. Cómo soy yo realmente es algo que me guardo para mí. O sea, yo creo que tenéis una imagen de mí que no es la real.
P. ¿Te importa lo que piensen de ti?
R. No me importa. Si no, diría la verdad en todas las entrevistas.
P. ¿Temes que la gente te vea un poco como un chulo, como un prepotente?
R. No. Aquí cada uno, al final, puede opinar lo que quiera de la gente, pero es normal. A veces creo que es cosa de la prensa, porque a la gente le da igual cómo sea yo. Tú, por ejemplo, cuando llegas a tu casa no estás pensando en mí ni en cómo soy. Eso a la gente le da completamente igual.
P. Total, que no le importa nada.
R. No. A mí lo que me importa es vivir con mi madre, vivir con mi hermano y con mi familia, el resto me da bastante igual.
P. ¿Qué te gustaría que dijeran de ti dentro de 20 años? Cuando ya dejes el fútbol.
R. Bueno, me gustaría que dijesen que dentro del fútbol he sido un referente, que he inspirado en algún momento de su carrera a los futbolistas que vendrán después, que les ha gustado ver vídeos míos, ver un partido mío, que se inspiraron en mí para jugar. Y fuera del fútbol, pues que he sido una persona que siempre ha dicho la verdad, que siempre ha sido de verdad, que ha ido de cara y que he sido buena persona. Sobre todo esto, que he sido buena persona.
P. ¿Qué significa ser de barrio?
R. Ser de barrio significa haberte criado en la realidad, la realidad que la mayoría de la gente vivimos, y que no es la realidad que yo vivo ahora. Ser de barrio no tiene nada que ver con la delincuencia ni con lo que muchos que nunca han pisado un barrio se piensan.
P. ¿Crees que hay una idea equivocada de lo que es ser de barrio?
R. Sí, equivocadísima. Yo creo que la gente que no es de barrio quiere ser de barrio porque piensa que ser de barrio es otra cosa. No sé exactamente qué piensan que es, pero desde luego no lo saben. Ser de barrio significa salir con tus amigos al parque, jugar en el parque, luego volver a tu casa, intentar ver el fútbol en cualquier bar, salir a tomar algo con tu madre, ir a un restaurante una vez al mes. Eso significa ser de barrio, no liarla.
"Nunca le he perdido el respeto a mi madre. Cuando ella habla, todo el mundo la escucha. Yo, mi hermano, mis amigos..."
P. ¿Tú puedes seguir siendo de barrio con tu nueva realidad, con el estatus que tienes, con el dinero que ganas?
R. Sí. Yo creo que tú puedes salir del barrio, pero el barrio nunca sale de ti. Yo me considero un chico de barrio, y muy orgulloso de serlo.
P. Cuando estás solo en la habitación, cuando no estás atendiendo a nada, cuando no estás prestando atención al fútbol, ¿qué piensas? ¿Qué te preocupa?
R. Pienso: "¿Qué está haciendo mi hermano?" Porque alguna está liando seguro. Siempre la está liando, siempre, siempre, siempre. No, en serio, no tengo ninguna preocupación.
P. Si pudieras caminar una tarde sin que nadie te reconociera, ¿dónde irías o qué harías?
R. Cuando es invierno lo hago. Me pongo una sudadera y una gorra y me voy al centro a tomar algo. Al centro de Barcelona. Paseo de Gracia y por ahí.
P. Pareces muy seguro de ti mismo. ¿Hay algo que te genere inseguridad?
R. No. No hay nada. Es que no soy una persona que piense mucho las cosas, tipo: "¿Qué está pasando aquí? O ¿Qué pasa si me hago esto o lo otro?". Vivo y ya está.
P. Intuyo la respuesta, pero... ¿quién te pone en tu sitio?
R. Mi madre.
P. ¿Y cómo lo hace?
R. Es que cuando nunca le pierdes el respeto a una persona, no hace falta que tome medidas. Nunca le he perdido el respeto a mi madre. Ella siempre es la que habla, y cuando mi madre habla, todo el mundo la escucha. Yo, mi hermano, mis amigos...
P. ¿También sus amigos? Es la que manda, vamos...
R. Sí, sí, cuando ella habla, escuchamos todos. Nos trae firmes a todos. Delante suya se habla lo justo, sólo de lo que hay que hablar.
P. Siempre recuerdas los sacrificios que han hecho tus padres por ti. ¿Qué recuerdos tienes de esos sacrificios?
R. Mira, justo el otro día fui a cenar con mi familia y mi novia, después del partido de Portugal. En el restaurante, al postre, nos trajeron una nube gigante de esas azucaradas, me parece que se hacen con azúcar. Y yo me acuerdo de que, de pequeño, siempre había ferias en Granollers y en Mataró. Cada año había fiestas, y todos los niños íbamos, ¿sabes? Y estaban esas nubes, que aparentemente valían muy poco dinero. Pues yo no podía comprármelas todos los años. Uno de aquellos años, mi madre me dijo: «El año del Mundial te compro una». Y ese día lo recordamos porque en el restaurante nos trajeron gratis una nube... ¡así de gigante!
[Lamine hace el gesto de que la nube azucarada era realmente grande, y al contar esa anécdota, que se produjo el pasado lunes en un conocido restaurante de Dallas, descubre como pocas veces al niño que todavía es. "¡Una nube así de gigante!". Y prosigue la respuesta]
R. También recuerdo cuando mi madre salía rápido de trabajar para poder pasar 10 minutos conmigo antes de que me durmiera. O recuerdo cuando contrataba a una canguro para cuidarme porque ella tenía que trabajar, o cuando mi padre se buscaba la vida en la calle para traernos comida. No sé, recuerdo todo eso y lo valoro mucho.
P. Si no estuvieras aquí hoy, ¿qué estarías haciendo? ¿Dónde te imaginas un día de julio cualquiera?
R. Si no estuviera en el Mundial, estaría sentado en mi barrio con mis amigos, pensando qué iba a ser de mí. De hecho, nosotros, mis amigos y yo, hemos pasado muchas horas sentados en un banco, y siempre pensábamos que íbamos a ser millonarios en algún momento de la vida. Sí, estaríamos sentados en un banco, o en un portal, hablando de eso.
"Más que tener confianza, lo que no hay que tener es inseguridades. Yo no tengo"
P. ¿Qué nivel de ego hay que tener para llegar a donde tú estás? O de confianza, no sé cómo llamarlo.
R. Depende del tipo de futbolista que seas. Cuando eres un futbolista que pasa desapercibido, entre comillas, que está tranquilo, que funciona con normalidad, que puedes salir a la calle normal, hay que tener confianza, pero no hace falta mucha. Pero para aguantar lo que yo tengo que aguantar a veces, pues bastante. Yo creo que más que tener confianza, lo que no hay que tener es inseguridades. Yo no tengo.
P. ¿Con qué pierdes los nervios?
R. ¡Uf, tengo una lista! Con mis amigos, con mi novia, con mi hermano, con mi madre a veces, con los partidos, con mi abuela, que a veces es como que...
P. ¿Ser un referente para los niños es una responsabilidad?
R. Sí, porque al final, cuando tú eres un niño también, los niños hacen tonterías y a veces se equivocan, y como que yo tengo esa línea muy marcada porque se fijan en lo que hago. Y a veces esas tonterías hay que aguantarlas, pensarlas bien y no hacerlas.