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Mads Pedersen despliega toda su potencia en Foix ante la valentía de Castrillo y García Pierna y Pogacar cede el amarillo

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Mads Pedersen es un torrente de furia sobre la bicicleta. Un elegido en la época de los elegidos. De no haber coincidido temporalmente con Van der Poel, Van Aert e incluso Pogacar, su palmarés, ya lustroso, estaría entre los más grandes de la historia del ciclismo. El campeón del mundo no perdonó en la primera fuga del Tour de Francia, un remate como un mazazo en la meta de Foix, el plan perfecto del Lidl-Trek. [Narración y clasificaciones]

Tan controlado estaba todo por el equipo de Juan Ayuso, con Vacek y Quin Simmons entre los 10 seleccionados, que sólo una apuesta de locura podría hacerles descarrilar. Con ese punto de amor propio y rebeldía lo intentaron, como dos posesos, una y otra vez ante el imposible, Raúl García Pierna (tercero en meta) y Pablo Castrillo, premio a la combatividad en la etapa. La bravura también sirve para conquistar el corazón del aficionado, el día que su equipo, como cada Tour, amaneció con el pañuelo de San Fermín al cuello.

No hubo premio para ellos, pero sí para Torstein Traen, nuevo líder de la Grande Boucle, pues el pelotón que se dio tregua y llegó a casi 13 minutos. El noruego, seguido por Tratnik y Vacek, defenderá el amarillo en los Pirineos, casi ocho minutos sobre Pogacar y Vingegaard. Ya lideró la Vuelta a España de 2024.

Del castillo cátaro de la medieval Carcasone al castillo de los condes de Foix, ciudades de cuento y recorridos que son gymkhanas. El cuarto round del Tour, ineludible la canícula, no fue respiro. Fue la primera oportunidad, y no hay tantas, para la aventura. Mediada la jornada, pese al ritmo del gigante Politt en el pelotón -¿cuántas horas se pasará el alemán en cada Tour con la misma labor?-, se abrió la veda: no sólo entre los 34 fugados estaría el ganador de etapa, también habría cambio de líder. Tadej Pogacar concede, horas de ahorro, podio y compromisos después de cada esfuerzo. Todo cuenta.

La selección definitiva se rifó en la última ascensión, el col de Montsegur, a 35 kilómetros de meta. Arreones uno detrás de otro, los más hirientes, pura ambición, los de los españoles del Movistar, Pablo Castrillo y Raúl García Pierna. Se trataba de eliminar a los lobos, pero no consiguieron hacerlo con el más peligroso. Mads Pedersen, arropado por Vacek y Quin Simmons, resistió con la decena de ciclistas camino de Foix. Y todas las papeletas del triunfo eran para él.

No sólo no falló, agarró la victoria, su tercera en el Tour (2022 y 2023), con el ansia de los mejores. Suma cinco más en la Vuelta y cuatro en el Giro. En la presente Grande Boucle aspira al maillot verde, que ya lidera, en París.