Cultura

Mario Vaquerizo: "Yo soy meme, soy tendencia y soy clic. Ahora todos los adolescentes están vaquerizándose"

Mario Vaquerizo: "Yo soy meme, soy tendencia y soy clic. Ahora todos los adolescentes están vaquerizándose"

"Graba, graba", me indica Mario Vaquerizo (Madrid, 1974) cuando lleva ya varios minutos dándome titulares sin que yo haya empezado siquiera a preguntar. Es un torbellino de ideas, algunas brillantes, otras estrafalarias, la mayoría divertidas. "Cariño, es que yo no creo en el silencio", se ríe, con el disfraz y el pelo corto rubio oxigenado que requieren el papel de maestro de ceremonias que interpreta en el musical ‘Cabaret’, recién estrenado en el Kit Kat Klub de Madrid.

¿Hablas mucho o hablas demasiado?
Quizás las dos cosas, hablo como un loro. Muchas veces caigo en lo que pienso sólo cuando lo verbalizo. Una vez, a Bibiana [Fernández] y a mí nos echaron del vagón del silencio del AVE. La que nos sacó los billetes se ve que no nos conocía, no debía ser de España. Hablando se conoce la gente. Ahora cada vez se conversa menos y hemos perdido la tolerancia y el respeto. Si no piensas como yo, se acaba la conversación. Es problemático porque se acaba la comunicación. Cuando estudiaba Periodismo ya me enseñaron que la comunicación acaba desapareciendo en la vida.
No parece que sea tu caso.
No. Muchas veces ves a una pareja de ancianos en el parque que no se habla, pero no es porque se lleven mal sino porque ya no tienen nada más que decirse. Esto está estudiado, pero yo llevo 27 años con Alaska y todavía no me ha pasado. Ella es más callada, yo soy todo lo contrario y estamos muy bien así.
Habría que preguntarle a ella.
No, no, te diría lo mismo. Lo hemos hablado muchas veces. Me preguntan mucho cuál es nuestro secreto y no hay ningún secreto porque los sentimientos no son matemáticas ni ecuaciones, pero sí es cierto que cuando me lo preguntan me lo planteo y creo que la comunicación es clave. Por eso me encanta hacer entrevistas, es como ir al psicólogo. Ahora mismo eres mi terapeuta.
Te estoy dejando fluir.
Ante preguntas de terceros reflexionas sobre cosas que en tu día a día no piensas. Me pasa cuando me preguntan por mi matrimonio, ese matrimonio que a día de hoy sigue cuestionado con que si soy maricón o no sé qué. En el fondo, a mí no me ofende porque serlo no es delito, me molesta más por lo que están diciendo de mi mujer, que debe estar muerta de inanición después de 27 años con un maricón.
¿Aún se os cuestiona?
Sí, se sigue cuestionando porque no hemos avanzado nada. No estamos en los años 40, estamos en 2026 y aún hay gente que no tiene superado todo esto. Me da igual, lo que hace es reafirmarme. Yo estoy con Alaska desde hace 27 años porque somos muy diferentes, ella no habla y yo hablo como un loro, nos complementamos guay.
Se te ve cómodo con el atuendo, has nacido para este papel.
Fíjate, todo el mundo me lo dice y ahora es cuando me estoy dando cuenta de que soy el idóneo para hacerlo, pero cuando me lo propusieron dije que no. Me daba cosa. Me da rabia, pero últimamente me autocensuro mucho. Nunca me había pasado, he hecho lo que me ha dado la gana siempre y ahora, con 52 años, tal y como está el panorama, muchas veces tengo miedo a decir algo y que se convierta en noticia y en ataques y tal. No sé si es miedo, si es pereza o las dos cosas. Es verdad que esos ataques después se pasan en un día, pero ese día te joden la vida. Hay mucho hijo de puta suelto ahora mismo. Y cuando decidí coger el papel, otra vez lo mismo, que qué pintaba yo aquí. Me contó mi madre que había lío. Pues mira, cariño, estoy aquí porque soy Mario Vaquerizo, porque el escenario no es ajeno a mí y porque soy currante. Antes de criticar, vente a verme.
Estos días, con la crisis de la vivienda en el centro del debate, se han recuperado declaraciones antiguas en las que presumías de tener seis casas. ¿Sientes que te están buscando?
Claro, y no voy a entrar en eso. No he hecho nada ilegal ni he hecho daño a nadie. Yo creo mucho en la juventud, pero sobre todo creo en el trabajo y en el esfuerzo. Los que me buscan las vueltas son personas aburridas que pretenden hacerme daño, pero no lo van a conseguir porque lo que logran es que me reafirme. Si tú estás pendiente de mí, de lo que hago y me estás criticando todo el rato, es que eres un muerto de hambre o no tienes trabajo o eres un vago. También ahí nos equivocamos nosotros, los periodistas, al dar cancha a eso porque da clics, pero ya lo he asumido. Yo soy el mundo clic. Soy meme, soy tendencia y soy clic porque ahora mismo están todos los niños adolescentes vaquerizándose.
¿Vaquerizándose?
Te cuento, niño. Un día voy por la calle y los niñatos: "¡Mario Vaquerizo! ¡Mario Vaquerizo! ¡Vaquerízate!". Yo no entendía nada y una amiga me explicó que los niños hacen pegatinas conmigo y retos de vaquerizar su vida. Yo estoy ajeno al mundo de TikTok, pero, por ejemplo, un reto es poner la cara de Mario Vaquerizo en la foto de boda de sus padres para ver si se dan cuenta y ponen pegatinas mías en los colegios. Soy la reina de TikTok sin tener TikTok y sin saberlo. Esto siempre ha sido así, las cosas me pasan sin yo pretenderlo. Y con ‘Cabaret’ me pasó lo mismo, yo no pretendo ser actor de musicales a los 52 años, pero como hay que estar abierto de orejas, me dejé convencer cuando todo el mundo me insistió en que lo podía hacer bien. Vine a ver la obra cuando el papel lo hacía la gran Abril Zamora y me di cuenta de que era muy Vaquerizo porque trata de recibir en casa, de tratar de ser uno mismo, ser respetuoso y, a la vez, desvergonzado y poliédrico, sin blancos ni negros.

¿Tú mismo te has vaquerizado? Es decir, ¿cuánto disfraz hay en tu imagen pública?
Ninguno. Te lo digo en serio. Sé que es la sensación que da, pero es porque la gente se hace una imagen de mí que no es cierta. Todo el mundo que me conoce acaba diciendo: "Anda, pues eres como en la tele". Y yo digo: "No, peor". Para lo bueno y para lo malo, soy así. Ya me pasó cuando me hice famoso con el reality [‘Alaska y Mario’], que la gente pensaba que estaba actuando, pero no es verdad. Soy así y, en el fondo, creo que eso demuestra mucha seguridad en uno mismo. Me muestro como soy, tanto para lo bueno como para lo malo. Por eso, caigo muy bien o caigo muy mal, porque soy muy sincero y no me disfrazo y no quiero empezar a disfrazarme ahora por cómo está todo de crispado. Cuando me autocensuro, me jode.
¿Intentas apartarte del perfil político que te ha dado tu cercanía a Isabel Díaz Ayuso?
Es que la política me da igual y me toca el coño. Soy como Woody Allen, a partir de ahora no hablo de política. Mis dos referentes totales van a ser él y Paco Umbral porque voy a sacar un libro el mes que viene y sólo voy a hablar de él. Se llama ‘El cardadismo ilustrado’ y es mi filosofía de vida para sobrevivir a las caídas y no despeinarte. La vida me ha cambiado mucho desde que me caí de ese escenario [en un concierto de Nancys Rubias en 2024]. Me he dado cuenta de que somos gilipollas. La vida te puede cambiar en un segundo y no somos conscientes. Te preocupas por mierdas y, de golpe, me pude quedar ciego, paralítico o estar muerto. Lo que hubiera preferido de esas tres cosas es morirme, la verdad, aunque debo decir que en el hospital me lo pasé bomba.
¿Por qué?
Fui muy feliz. Estaba cuidado, tenía ausencia de dolor y era como estar en un patio de vecinas. El colocón de las drogas ayudó, claro. A ver cómo ponemos esto que no suene mal. La química nos salva la vida y el problema no está en la química, está en uno mismo. Según cómo te enfrentes a las cosas, están bien o están mal. Lo que hay que hacer es tener sentido común.
¿Hemos perdido el sentido común como sociedad y como país?
Estamos en un momento muy raro y que empieza a ser un coñazo. En el momento en que la gente ya no es divertida ni espontánea, empieza a ser muy dogmática y los dogmas acaban con nuestra vida. Y después estamos el Arca de Noé Vaquerizo, nosotros y todo mi grupo de amigos, que somos las especies a proteger y en peligro de extinción porque no comulgamos con un bando ni con otro, pero te quieren obligar a elegir. Y me niego. Lo repetiré hasta la saciedad: no todo es blanco y negro, también está el gris perla, que es muy elegante. Es aburridísimo. Se me ha etiquetado de todo, cariño. Lo que no sé es por qué llamo tanto la atención, me lo voy a empezar a creer. Me encanta que atraiga tanto mi personalidad porque cada vez veo menos gente que la tenga. Tú lo sabes, que haces entrevistas todo el rato.
No sé si es cuestión de personalidad, pero es evidente que cada vez más personas públicas priorizan evitar problemas a decir cosas interesantes.
Claro. Yo estoy hablando contigo ahora y, como soy periodista, soy consciente de que ‘Cabaret’ es la excusa para hablar de todo. Cuando leo entrevistas buenas agradezco que el entrevistado se muestre tal y como es, así que no voy a empezar a esquivar temas y preguntas. El problema es que ahora, tal y como están las cosas, te calles para evitarte movidas. Es una cosa contra la que lucho. Voy a seguir hablando y voy a seguir diciendo lo que pienso.
Menos de política, como Woody Allen.
Es que, vamos a ver, con Nancys Rubias actúo en ayuntamientos de izquierdas y de derechas. Yo voy a donde me pagan y si me pagan más, mejor, porque todo el mundo trabaja por dinero. Me jode la gente que critica que ganes dinero dignamente. Cuando hice mi anuncio para la Comunidad de Madrid, que es mi ciudad, cobré por ello. Me condenaron al ostracismo y me llamaron fascista por prestar mi imagen a mi ciudad. Me da igual, habría promocionado Madrid estuviera el partido que estuviera. Las personas que pensaron el anuncio me eligieron a mí como imagen de Madrid porque, desde pequeño, mi sueño fue vivir en la Gran Vía y ahora tengo mi piso ahí. Es un sueño cumplido muy madrileño. Nada más. No politicemos las ciudades. Es que todo se politiza, hasta el corte de pelo, ahora me dirán que éste es nazi. Por favor, ¡callarse ya!
¿Echas de menos el cardado?
No, me gusta mucho esto y es comodísimo. Siempre quise ser rubia y ahora soy rubia alemana. Me queda bien.
Nos esperan semanas duras de política y crispación hasta las elecciones..
Sí, va a ser un coñazo, aunque también depende de cómo afrontes la realidad. Yo la afronto viendo la vida pasar y metiéndome en mi cabaret, que es mi casa rosa en la Gran Vía, donde estoy con mis amigos. No puedes estar ausente de la realidad, que a veces te gusta más y otras menos, pero quiero que a todo el mundo le vaya bien. Soy muy cristiano, más como filosofía de vida que como religión. Me parece la filosofía de vida perfecta: lo que quiero para mí, lo quiero para ti. Y me alegro por el triunfo de los demás, no sufro ni tengo envidia como le pasa a tanta gente hoy en día. Y este es un problema mundial. Antes, si España estaba mal, te podías ir a otro sitio, pero ahora están mal todos. Eso vino con la pandemia y la globalización. Las ciudades antes tenían personalidad y ahora son todas iguales. Es todo un cliché. Entonces, ¿qué coño nos queda? Pues reductos como este, como el arte y los amigos.
Dijiste antes que la gente tiene una imagen equivocada de ti. ¿En qué?
La gente no me conoce bien y me da rabia porque no sé si es que no me escucha o que yo no sé comunicarme bien. La gente no espera nada de mí, me ven como un payaso. Entonces, cuando yo llego aquí y lo hago bien, se sorprenden porque asumían que lo haría fatal. A veces me insulta un poco, pero en general es mejor porque tienen las expectativas tan bajas que siempre quedo bien. Incluso, mejor de lo que soy. No sé, yo he cumplido todo lo que me he propuesto: la casa de Gran Vía y ser como John Travolta [risas]. Soy muy poliédrico, una mariquita inquieta a la que le gusta hacer de todo. Puedes reivindicar muchas cosas siendo tú mismo y manifestándote como eres.

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