Martinelli resucita a Brasil ante un voluntarioso Japón y lo lleva a octavos
Resucitó Brasil. Apareció esa fe con la que sus jugadores alzan los brazos al cielo cada vez que pisan un campo para rescatarles de la eliminación a la que, durante muchos minutos, pareció que iba a condenarles un Japón que se durmió en sus propios laureles. La cabeza de Casemiro y la sangre fría de Martinelli en el golpeo en el último suspiro del partido rescataron a la pentacampeona en 45 minutos para llevarla a los octavos después de un duelo incómodo. [Narración y estadísticas: 2-1]
Se vio pronto que no era un tópico calificar a Japón de equipo que podía hacer mucho daño, ya no sólo por su propuesta de juego y la calidad de sus jugadores, sino porque es paciente, espera a que el rival pierda la compostura y cometa errores. Es entonces cuando suele aprovechar para asestar el golpe. En este duelo, a Brasil le podía pesar la condición de favorita y comenzó acelerada por un estadio teñido de amarillo. Quiso verse en octavos lo antes posible y se lanzó a empujar a Japón hacia su área. Un error en el primer despeje casi lo aprovecha Guimaraes, pero los nipones tenían muy claro un plan que seguían a rajatabla.
Instalados en un bloque medio, juntos y ordenados, lanzaron alguna escaramuza a los tobillos de los centrales de Ancelotti, y algún error provocaron, pero dejaron que Brasil masticara el partido, que amasara la posesión sin conseguir meterle vértigo y sin encontrar una grieta. Lo intentó Danilo con un centro llegando desde segunda línea que, rechazado y cazado por Guimaraes, nunca más se repitió. La defensa japonesa tomó nota del despiste y se ajustó mientras también detectaba la oportunidad que le iba apareciendo a la espalda del lateral del Flamengo.
La mejor ocasión de la canarinha tardó 13 minutos en llegar, y fue un pase filtrado de Guimaraes a Cunha entre los centrales, pero el tiro, sin demasiada pólvora, lo desvió Suzuki. Fue en ese momento y tras provocar una amarilla a Casemiro cuando Japón se desplegó.
Con esa falta al borde del área, Kamada obligó a Alisson, y Brasil empezó a no saber qué hacer. La amonestación al medio del United, unida a las molestias físicas que, desde el primer minuto, sintió Paqueta, se transformaron en dudas. Con Vinicius sin poder acelerarse, y Rayan maniatado, no había manera de coger a contrapié a Japón, que se iba sintiendo cómoda y desplegaba fácil una capacidad de sorpresa que iba descolocando cada vez más a los brasileños.
El primer aviso lo lanzó Ueda, rematando de cabeza un centro al segundo palo, pero quien les sacó las vergüenzas a los hombres de Ancelotti fue Kaishu Sano. El centrocampista del Mainz estuvo despierto para interceptar un mal pase de Danilo a Casemiro en el inicio de jugada, atravesó toda la medular en una conducción que parecía infinita sin que el ex jugador del Real Madrid pudiera alcanzarle y armó un disparo imposible para Alisson que abrió el marcador.
Brasil buscó alocado el empate, con tiros mansos de Vinicius y Cunha que no ponían en apuros a Suzuki. Se defendían cómodos los nipones a pesar de la presión. Tenía que recomponer Ancelotti a su equipo tras el descanso y arriesgó sacando del campo al magullado Paqueta por Endrick, pero manteniendo a Casemiro amonestado. No le pudo salir mejor. A Brasil no le quedaba más remedio que apretar a Japón, ahora sí, con velocidad y centros que explotaran la debilidad aérea. Probó Bruno Guimaraes con un testarazo a servicio de Danilo, pero salvó el joven portero del Parma. Después fue Casemiro quien cabeceó, obligando a Tomiyasu a sacar la pelota en la línea y, a la tercera, llegó el empate. Un centro perfecto de Gabriel que esperó preciso en el segundo palo el centrocampista del United para marcar el empate.
Se incendió el estadio de Houston, sin que cesaran ni un solo momento las gargantas de los japoneses, porque fueron los mejores minutos de la canarinha. Por primera vez apareció Vinicius en carrera para quebrar tres veces a Taniguchi y estrellar el remate en la base del poste. Japón fue cediendo terreno y perdiendo fuerza, dejó de amenazar y los brasileños buscaron de todas las maneras posibles evitar la prórroga. Lo hizo de nuevo Danilo con otro centro lateral calcado que, esta vez, no pudo empujar Rayan.
La grada pedía a Neymar, pero Ancelotti no se lo concedió. Había demasiado en juego para fiestas. Además, perdió por lesión a Casemiro y le tuvo que dar el mando a Fabinho. Viendo que Japón no se recuperaba, buscó más pólvora para los minutos finales y llamó a Martinelli. Providencial el jugador del Arsenal viendo cómo el imprescindible Guimaraes aprovechaba la pérdida de Tanaka en la frontal para servirle un balón que, pese a que golpeó en el poste porque Suzuki llegó a rozarlo, se convertía en el gol que evitaba la prórroga y les metía en los octavos de final.