Olmo, el escapista que huyó del estrés para cambiar a España: "Cuando le criticas, no se enfada"
Para los responsables de comunicación de la Federación, Dani Olmo (Barcelona, 28 años) es una mina cuando llega un gran campeonato en el que las ruedas de prensa, y la atención a los medios con derechos (los que pagan) es una pesada rutina. Entre esos medios que pagan hay muchos extranjeros que, para unas preguntas one to one, piden, o exigen, alguien que hable su idioma (inglés sobre todo, pero también otros como el alemán). Y Dani Olmo habla inglés y alemán. Y croata y catalán y castellano, así que de esas le caen unas cuantas, también aquí en el Mundial.
Ser políglota es sólo una de la virtudes del hombre cuya entrada en el once, a decir de muchos analistas, ayudó a cambiar la imagen de la selección contra Arabia jugando entre los rivales como lo hace un escapista. «No he visto a nadie que se mueva como él entre líneas, que sea capaz de recibir, orientarse y darle continuidad a la jugada como él. Hace bien todo lo que se espera de un 10 en espacios reducidos», explica, en conversación con este periódico, Nenad Bjelica, aquel ex jugador de Albacete, Betis y Las Palmas que entrenó a Dani durante año y medio en el Dinamo de Zagreb y que pone el foco en un detalle no menor.
«Una de sus grandes virtudes es que, cuando tú le dices algo que no te ha gustado, o que ha hecho mal, cuando le criticas, él no se lo toma a mal, no se enfada. Él interpreta la crítica como una ayuda para mejorar, nunca se enfada, y eso le hace crecer», cuenta Bjelica, que a finales de 2018 recibió una llamada de José Molina, el ex director deportivo de la Federación, interesándose por Olmo para la sub'21. «Va a estar seis meses en la sub'21. En seis meses lo vais a llevar a la absoluta», fue la respuesta de su entonces entrenador, y no se equivocaba. En noviembre de 2019 debutó. "Yo creo que le ayudé mucho porque cuando yo llegué, él sintió que podría hablar conmigo en castellano, y aunque ya llevaba tiempo en Croacia, poder expresarse en su idioma le ayudó", recuerda Nenad.
Lo cierto es que Dani ha llegado a este Mundial con la intención de olvidar el de Qatar. «Fue un palazo enorme para él aquello», reconocen desde su entorno. En esa cita, con Luis Enrique, fue titular en todos los partidos, pero se fue con cara de incredulidad después del partido contra Marruecos. Ha llegado después de su temporada más regular, en la que ha jugado más partidos (49), marcando 12 goles. Ha participado, con el Barça, en todas las citas de 2026, desde aquel partido en Cornellá donde marcó un golazo soberbio. Ha encontrado al fin la continuidad que no tuvo el año pasado, su primero en el Barça.
Por mucho que se esforzó, no logró aislarse del problema que tuvo con su inscripción. En realidad, sólo estuvo una semana sin jugar, la primera de enero, pero no pudo respirar aliviado hasta el 3 de abril, cuando el CSD le dio la razón a él y al Barça en el fondo del asunto. Le afectó, y él achaca su difícil año (estuvo lesionado hasta cuatro veces, no logró tener continuidad) al estrés que le generó esa situación.
Precisamente por ese estrés empezó a poner sus ojos en todo lo que le pudiera ayudar. Una pulsera que le controla el sueño, un cocinero, un nutricionista, un fisio personal... Un ejército que él define como «herramientas de trabajo». Lo hizo en una entrevista con EL MUNDO hace justo un año. Defendía que, si entre todas esas cosas podía mejorar su rendimiento un 1%, era su obligación intentarlo en un fútbol como el de hoy.
Este curso todo ha ido rodado. Tiene la espinita de mejorar sus números, que hablan de ocho goles y 10 asistencias, pero, a sus 28 años, haber logrado esa continuidad que le faltó otras temporadas es un buen punto de partida. Aquí, en el Mundial, sigue siendo el nombre que sobrevuela todas las conversaciones casi desde el principio. Luis de la Fuente, que le lleva tratando desde la sub'21 hace muchos años, le tiene una fe inmensa, igual que Luis Enrique e igual que el hombre que le hizo debutar, Robert Moreno. Todos confían en él.
Por cierto que su debut, en Cádiz (marcó un gol), será recordado siempre porque fue el día que se filtró que Rubiales quería devolver a Luis Enrique el puesto y despedir a Moreno, algo que hizo tres días después en el Metropolitano. Luego a Olmo le pilló, como a todos, la pandemia, una de las cosas que más le ha marcado en la vida, también como a todos. La otra fue conocer de primera mano las secuelas de una guerra durante su estancia en Zagreb.
Amistad
Íntimo amigo de Pedri, con el que se pasa los días aquí en Chattanooga, su otro gran colega en este vestuario es Unai Simón, unidos ambos por el tablero de ajedrez. Desde el hotel de concentración destacan su extremada educación, el hecho de que llame a todos los empleados de la Federación por su nombre, aunque acaben de llegar, y su gusto por la camilla de los fisios. Costumbres de un futbolista que no parece futbolista.
Cerca de él están estos días, como siempre, su padre y su hermano, fácilmente reconocible no tanto por su parecido físico como por la altura que gasta. También fue fácil verles durante la Eurocopa, donde Olmo dejó algunos de los episodios más recordados del torneo, empezando por el centro que terminó en el gol de Merino en cuartos de final ante Alemania y terminando por sacar ese balón en la línea de gol contra Inglaterra en la final. Era el tiempo añadido.