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Orlando Gill, de vender sus camisetas para ayudar a su hijo a ser el héroe de Paraguay: "Me tocó batallar, pero nunca decaí"

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Apareció por la zona mixta del Gillette Stadium de Boston con la bandera de Paraguay colgada al cuello, las manos todavía coloradas y el premio al mejor jugador del partido en una de ellas. La cabeza baja, entre la timidez y la vergüenza por verse protagonista, y la voz tocada, emocionado por lo que acababa de vivir. Ninguna selección le había ganado una tanda de penaltis a Alemania en la historia de los Mundiales. Ninguna. Y ahí nació la leyenda de Orlando Gill, portero paraguayo de San Lorenzo de Almagro, de la Primera División de Argentina. 25 años. Héroe nacional.

"No hay explicación para este momento. Tengo muchísimas sensaciones ahora mismo y no sé expresarlo, pero contento, contento por la clasificación y por darle una mano a mi equipo en la tanda de penaltis. Esta clasificación es para todo el pueblo guayaquil", aseguró agachándose hacia el micrófono, nervioso y sin la capacidad de pensar que lo podía colocar más arriba. Cosas de un directo inesperado.

Gill, que ya había hecho un partidazo, tumbó a Alemania en una actuación que ya es historia de los Mundiales. Esperó los lanzamientos en movimiento, botando de un lado a otro de la portería y acertando la gran mayoría de disparos. Detuvo el primero, de Havertz, con una mano alta tirándose hacia su lado izquierdo. Después le marcaron Kimmich y Musiala, pero cuando llegó Woltemade se volvió a lucir con una mano todavía mejor. Abajo, otra vez a su lado izquierdo. Difícil de alcanzar, pero con la palma lo suficientemente abierta y poderosa como para desviar el disparo.

Los errores de Sanabria y Balbuena dejaron la tanda empatada, pero el disparo alto de Tah le entregó en bandeja el pase a Canale, autor del tanto definitivo para cumplir el sueño americano de Paraguay.

Todos se fueron a por Gill, guardameta de mil batallas en el barro de la liga paraguaya. Criado en el San Lorenzo de Paraguay, debutó con el primer equipo justo antes de que éste descendiera a la segunda del país y después se pasó meses en el banquillo esperando una oportunidad. Le llegó en Argentina, en San Lorenzo, pero en el filial. Cumplió, brilló y creció hasta hacerse con la portería del primer equipo. Un buen año y la llamada de la selección de Paraguay hace poco más de doce meses, justo en mitad de la clasificación para el Mundial.

Justo ahí se dio a conocer su historia personal. "La foto del debut ante Perú me hace llorar de felicidad porque lo lograste, amor, y las demás fotos son los momentos más difíciles de nuestra vida cuando Lauti nació y no teníamos nada. Orlando vendía sus camisetas del club donde jugaba en ese entonces para poder solventar los gastos", escribió en redes sociales la pareja de Orlando, Melissa.

Su hijo había nacido prematuro, explicó, y el guardameta trataba de sacar dinero de donde fuera. "Nuestro hijo luchó por su vida y su papá siempre estuvo. Vendió todo, vendió su camiseta de la selección sub'20, vendió sus prendas... Literalmente vendió todo", publicó.

Tiempo después de aquello, ahora Gill se ha convertido en héroe de Paraguay. "Esto es lo más importante de mi carrera, la verdad. Ahora mismo en mi cabeza están pasando muchas cosas, me tengo que parar en frío a pensar bien lo que hemos conseguido. Gracias a Dios la suerte estaba de nuestro lado", aseguró el portero en la zona mixta del estadio de Boston, donde le preguntaron qué le diría al Orlando de hace unos años.

"Le diría que le agradezco por nunca rendirse, por siempre tener esa calma y esa tranquilidad de saber que la oportunidad iba a llegar. A mí me tocó batallar mucho, mucho, pero nunca decaí y ahora todo ese sacrificio se refleja", reflexionó.